Prioridades gringas
Cada loco con su tema" le escuchaba decir
a mi sacrosanta madre cuando nuestras reuniones familiares se
convertían en una suerte de mercado dominical, en donde al grito
de ¡llévele llévele! o ¿qué le damos güerito? que realmente era
un nobilísimo e ingenuo cumplido para todo gran tenochca; quienes
particularmente somos bastante prietitos.
En fin, que llegado el momento de la comilona familiar cada uno
desbocaba con su propia agenda en busca de posicionarla como tema
importantísimo del día, pero las más de las veces lo que resultaba
era un especie de ruido o monólogo inútil en el que ninguno se
enteraba bien a bien de los temas de los otros.
Esta ilustrada frase aplica perfectamente a lo que está pasando
entre México y Estados Unidos con respecto a la iniciativa Mérida,
en donde nuestros vecinos del norte pretenden erogarnos un billete,
algo así como 400 millones de dólares para apoyar el afanoso deseo
de nuestro actual gobierno de aplicar toda su fuerza contra el
narcotráfico.
Lector, lectora queridos, no están para saberlo ni yo para contarlo,
pero les platicó que me encuentro temporalmente en la ciudad de
Austin, capital del estado de Texas en Estados Unidos, y desde
aquí el "debate" sobre la iniciativa Mérida es muy diferente
al que se lleva a cabo en México. Llevó una semana revisando la
prensa mexicana y este tema ha sido nota de primera plana para
nosotros. Pero para ellos, para los norteamericanos, simplemente
una nota más entre sus temas prioritarios.
Y es que justo allí está el problema, lo que para nosotros es
prioridad nacional para ellos es una actividad más de sus legisladores.
Mientras que Ruth Zavaleta y Santiago Creel se desgarran las vestiduras
por los condicionamientos que ha puesto el gobierno norteamericano
a cambio de los 400 millones de dólares como apoyo, ellos, el
congreso norteamericano ocupa su tiempo en temas que realmente
son de su interés: Recesión económica, el aumento a la gasolina,
la nominación demócrata de Obama, la larga despedida de la Señora
Clinton, el posicionamiento económico de McCain, el proceso de
la guerra en Irak, bueno, hasta el lanzamiento del nuevo modelo
iphone ocupa la primera plana del New York Times, pero no la iniciativa
Mérida.
Y busco y busco entre las páginas interiores de sus periódicos
alguna nota, algún indicio de que somos tema, de que existimos,
de que estamos y formamos parte de un debate migratorio; pero
no hallo nada, porque no hay debate, porque sólo existe un monólogo
inútil entre México y México; porque en Estados Unidos no existimos
y no somos prioridad. Por lo menos no en su agenda pública. No
para su televisión ni para sus periódicos y revistas, no para
la mayoría de sus políticos, ni siquiera para sus candidatos;
el esfuerzo que hacen nuestros congresistas mexicanos se queda
en México porque estamos hablando a oídos sordos con palabras
débiles.
Pero volteo a las calles de Austin y México no sólo está presente
sino que es toda una realidad. Imposible caminar 20 metros sin
encontrarte con un paisano, imposible entrar a un restaurante
en el que no hablen español y en el que los meseros, cocineros
o garroteros no sean mexicanos, o latinos, o simplemente hispanos
o chicanos. Imposible no escuchar a los Tigres del Norte en las
lavanderías, a Intocable en los puestos de comida, o toparse con
antojitos mexicanos a altas horas de la madrugada; imposible no
toparse con Rafael un paisano de 29 años que lleva seis meses
en Austin, quien no habla muy bien inglés, pero dice que no importa
porque sus patrones del taller mecánico donde trabaja hablan muy
bien español; él se vino de Guanajuato porque no había chamba
y porque lo que ganaba no le alcanzaba para mantener a sus tres
"chamacos" que ya están en la escuela. Ahora con un
sueldo de ocho dólares la hora, gana lo suficiente para que sus
hijos estudien. Y así como Rafael, también me topé con Roberto,
con Julieta y con Romero, y con el buen Juan. Todos mexicanos,
en busca de aquello que no encontraron en nuestro país.
Y es que en las calles somos tremendamente visibles; yo me pregunto
¿cómo no ver lo que es evidente? ¿Cómo no hablar y discutir y
confrontar esta realidad? ¿Cómo no ser una prioridad para nuestros
vecinos?
Porque para Obama somos valiosos en California, pero no en Missouri,
porque representamos votos útiles en Los Ángeles pero no en Baltimore
City; porque para los demócratas somos valiosos contra los republicanos;
porque ya contamos en las elecciones, pero no en la conformación
de política pública; porque somos buena materia para los discursos
y sólo allí somos una prioridad en las palabras, pero no en las
acciones. Porque para los gringos "Cada mexicano con su tema".
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