Batman y la Administración del
Caos
Hace ya un buen tiempo -tanto que no recuerdo
cuánto- que no presenciaba una película tan completa como “Batman:
The dark Knight”; un historia en donde cada uno de sus personajes
principales son analizados a detalle logrando un discernimiento
casi sublime sobre la sociedad y sus males, en este caso “Ciudad
Gótica”; una ciudad atrapada por la delincuencia y la anomia ciudadana,
viviendo en la psicosis total presa de sus deseos y la violencia
amenazante; una ciudad que más que un vigilante enmascarado clama
por un héroe de carne y hueso, un héroe real, quién por cierto
nunca llega.
Es así como, lectora y lector queridos, el domingo pasado contemplé
extasiado durante más de dos horas y media una producción espectacular
que esta apuntalándose como una de las historias mejor contadas
de este superhéroe.
Y es que Batman en sí mismo guarda un misticismo particular, no
se trata de un ser dotado de súper poderes, sino de un multimillonario
delicado y de buen gusto (un playboy) que vive una vida de privilegios
y lujos; un hombre de negocios irresponsable y superficial que
se contenta con lo que tiene aferrándose al status quo que le
ofrece un sistema en decadencia y un Gobierno corrupto, sin embargo,
cada noche su Alter ego (Batman) -o su “verdadero yo” dependiendo
de la interpretación-, de entre las sombras surge como un ser
oscuro y ruin, como un vigilante de la noche, distintivamente
rudo que combate la delincuencia y la violencia, justo con el
mismo instrumento: la violencia.
Y en ello se concentra su genialidad porque Batman es, y así debe
serlo, la antítesis de Superman. Un hombre que entrampado bajo
el yugo de un sistema corporativo y gubernamental perverso y corrupto
decide hacer justicia por su propia mano combatiendo la violencia
con más violencia.
Y déjenme entrar un poco más a detalle en la película y dos de
sus personajes, porque de verdad vale la pena. Christopher Nolan
logra crear una obra inteligente, compleja y detallada que nos
permite profundizar en el mítico “hombre murciélago” retratado
en el más puro estado de abyecto y entendido como un hombre fastidiado
del hartazgo social que debe ir más allá de un simple héroe para
convertirse en un vigilante nocturno, destinado a luchar entre
las sombras e incapacitado a renunciar, si no es a su propia libertad.
Pero para que Batman mismo entienda su rol heroico tiene que toparse
con un villano fascinante que rompe todos los esquemas establecidos;
Joker (el Guasón) es un villano que disfruta de sus pasiones y
se delita de sus sinrazones. Un loco que no tiene ni una pizca
de tonto; un personaje perturbador y alucinante de una maldad
infinita. Un villano genial, un estratega sublime que se divierte
en su anarquía y que sólo busca crear confusión, destrucción y
caos.
Porque precisamente el Caos es la causa y la consecuencia de
nuestros desastres, porque en la administración de éste se encuentra
la clave del éxito o fracaso de todo gobierno; porque simplemente
la política debe ser entendida como la administración del Caos
y cuando un gobierno se muestra incapaz de administrarlo entonces
el Caos gobierna.
Sin duda alguna Joker se lleva la película, pero no sólo por la
gigantesca actuación que Heath Legder realiza y más allá del morbo
que su muerte representa, su actuación es simplemente extraordinaria;
El Guasón es la representación natural de aquello a lo que todo
gobierno teme: La anarquía; es un retrato excelso de ese Estado
Natural que los clásicos políticos tanto describieron y, al mismo
tiempo, temieron. Pero ni siquiera Thomas Hobbes o Jean Jacques
Rousseau pudieron expresarlo tan bien.
La existencia del guasón demuestra la incapacidad política y administrativa
de los gobiernos. Su esencia refleja la perversidad y ocaso de
una sociedad ensimismada, complaciente y egoísta. Ciudadanos perdidos
y maniatados a un gobierno corrupto y ausente; figuras representativas
de una sociedad en decadencia incapaces de discernir entre los
bueno, lo malo y lo peor; héroes que no fueron y nunca serán,
super héroes cansados y destinados a vivir en su laberinto renunciando
a su libertad.
La película es brutal, es intensa y es sumamente crítica. Crítica
de una sociedad y un gobierno que han aprendido a medio administrar
el caos; crítica de un sistema político que con reglas poco claras
y medianamente establecidas ha sabido sobrevivir. Una democracia
que permite guerras, hambre y pobreza, una gobierno del pueblo
que fomenta la desigualdad y la exclusión como modo de vida; que
incentiva la corrupción y que empodera a la delincuencia organizada
por encima de los ciudadanos y su gobierno. Una democracia que
día a día concibe “Guasones” silenciosos aguardando su momento
para estallar.
Pero no hay de qué preocuparse lectores queridos, esta es sólo
una película y esto sucede sólo en “Ciudad Gótica” ¿o no?
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