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La Herencia

Existen ciertos momentos en que la coherencia y la dignidad son puestas a prueba. Precisamente, a unos cuantos meses de terminar el accidentado sexenio de Vicente Fox la historia le ha dado otra oportunidad; y no cualquiera, sino histórica.

Vicente, el que llegó al gobierno a causa del hartazgo priísta; gracias al hastío ciudadano de más de 72 años de autoritarismo caciquil. El primer Presidente democrático, que por medio del voto de los mexicanos accedió al poder. Fox, el del cambio, el de los 15 minutos de Chiapas; el hombre del hoy, el Vicente con botas, el Fox bonachón y valiente. El personaje que perdió el rumbo; el Presidente que no supo gobernar y a pesar de todo conservaba un alto grado de popularidad. El mandatario débil pero republicano, el ejecutivo torpe pero justo. El Presidente minusválido pero libertario. El hombre al que la historia recordará como héroe o verdugo. El único Presidente que tiene la posibilidad de elegir sus memorias.

Hoy el Senado, nuestros representantes y supuestos empleados públicos, aprobaran la controvertida minuta de la Ley de Radio y Televisión –a menos que un verdadero milagro suceda-. Dicha aprobación no sólo va en contra de los intereses de la población, sino que representa una cruel entrega del poder político hacia el poder económico. Un regalo sexenal que garantiza la consolidación de un atroz duopolio televisivo; una ley que asegura el arraigo de una poderosa oligarquía mexicana, una minuta que certifica el poderío de dos hombres en el entramado político y económico de nuestro país. Una agresión directa al pueblo mexicano; una brutalidad en manos de nuestros representantes.

Esto es la ley, más allá de sus párrafos profundamente técnicos o de sus complejas explicaciones subjetivas; en el centro del debate está la arbitrariedad con la que dos grandes consorcios televisivos han empujado una ley que, a todas luces, significa la entrega del poder político al poder económico. Aquí es donde Vicente Fox pondrá a prueba su coherencia, rectitud y dignidad. Este hecho grabará su nombre en la historia. Vicente, hoy tiene la decisión.

Desafortunadamente, el silencio pragmático del presidente y de otros actores capaces de frenar esta ley, presume el otorgamiento de la misma. Vicente calla en aras de un supuesto respeto legislativo. Felipe no fija postura, buscando promoción exclusiva y gratuita dentro de las televisoras; lo mismo Madrazo, quien no habla porque cada comentario suyo es inútil. Dos candidatos presidenciales vendiéndose a cambio de spots televisivos con duración máxima de 30 segundos en horarios estelares. Un tesoro a cambio de migajas. Todo a cambio de nada. Andrés Manuel no se pronuncia en favor, pero tampoco a contra, un candidato vacilante y poco confiable. Tres aspirantes presidenciales doblando las manos ante la menor provocación. Tres posibles presidentes cediendo antes de ganar. Tres ex representantes populares cooptados, amaniatados, comodinos y muy cobardes.

Así las cosas lector lectora queridos. Hoy no será aprobada una ley plural y democrática, no es una ley que termine con la discrecionalidad del ejecutivo, o logre la convergencia tecnológica en favor de los ciudadanos mexicanos, una ley que permita la competencia justa e incluyente. Todo lo contrario, muy seguramente, hoy se aprobará una ley que inhibe la competencia, que traslada el poder discrecional del ejecutivo a un órgano (COFETEL) incompetente y poco autónomo; que permite la utilización del espacio radioeléctrico sin ningún tipo de regulación o pago de por medio. Que le quita el poder al gobierno y se lo cede a las televisoras. Una ley que promueve la capitalización económica de un duopolio televisivo. Una ley poco clara, que superpone los intereses privados a los públicos. El Presidente y nuestros legisladores (diputados y Senadores) de todos los partidos, -con sus excepciones claro- hoy entregan el mejor regalo que un consorcio económico puede recibir: el poder político. Ya no importa quien llegue a la presidencia de la república, pues los verdaderos amos del país han hecho valer su jerarquía. Ésta es la verdadera herencia que el gobierno del cambio nos ha dejado. El cambio, sólo fue para unos cuantos. El Hoy se ha convertido en ayer, y el héroe en Verdugo.

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