Power Mexicano
Las personas que trabajan, viven o simplemente
sobreviven en los Estados Unidos de Norteamérica han visto pasar,
sin poder hacer algo para cambiarlo, una gran oportunidad para
regularizar su situación en dicha nación. Hace dos semanas se
discutió en el Senado norteamericano la posibilidad de un acuerdo
migratorio. Existía un amplio consenso y fuerte cabildeo dentro
de la cámara por parte de los grupos protagonistas. Republicanos
y Demócratas, aparentemente habían llegado a un acuerdo. Parecía
que esta iniciativa migratoria sería la más importante desde 1986
cuando se otorgó la última amnistía para los trabajadores indocumentados
de EUA. Sin embargo, los pequeños grupos de poder paralizaron
las negociaciones y el acuerdo se aplazo para fines de este mes.
Lo que el acuerdo migratorio propone, en términos generales, es
la regularización de por lo menos 7 millones de indocumentados
en EUA, y la aprobación de un programa de trabajo temporal para
estas personas. De pasar el acuerdo tendría tres efectos importantes:
1. Los que hayan ingresado antes
del 1 de abril de 2001 podrán obtener la residencia permanente
tras 6 años. Aplica para 7 millones.
2. Los que ingresaron entre el 2
de abril de 2001 y el 7 de enero de 2004 podrán permanecer 3 años
más, y deberán reingresar como temporales y después tramitar la
residencia. Aplica para 3 millones.
3. Los que ingresaron después del
7 de enero de 2004 deberán salir del país, aunque podrían reingresar
como trabajadores temporales. Son 1.5 millones de migrantes.
Sobre los puntos anteriores hay mucho que decir, sobre todo en
el último de ellos. Sin embargo, evitaré profundizar en éste espacio
hasta que la ley sea aprobada. Lo verdaderamente digno de análisis
en este momento es conocer el camino que nos llevó a este momento
y, en particular, las multitudinarias manifestaciones que Estados
Unidos ha vivido estas últimas semanas.
Es inevitable anotar una paloma el gobierno de Vicente Fox. Durante
sus seis años de gestión siempre estuvo empujando un acuerdo migratorio,
aparentemente el cabildeo le funcionó de alguna u otra forma y
logró colocar en la agenda de la Nación más poderosa del mundo
un acuerdo urgente y necesario. Sin embargo, no debemos entusiasmarnos
demasiado porque bien analizada la iniciativa, podemos percatarnos
de que sigue siendo una decisión unilateral de EUA, aunque la
influencia del gobierno mexicano está presente. En segundo lugar,
el Presidente Bush también lo está utilizando como un mecanismo
publicitario para desviar las miradas de los norteamericanos a
los errores cometidos por su presidente –léase la guerra de Irak,
sólo por mencionar alguno-. Y por último, la presión sistemática
que están ejerciendo los millones de migrantes, que bien organizados
(por los medios de comunicación en español, la iglesia Católica
y los dirigentes latinos) representan una poderosa fuerza en el
entramado político y económico de Estados Unidos.
Los migrantes han hecho conciencia política y a través de manifestaciones
pacificas están exigiendo el respeto a sus derechos, como cualquier
otro ciudadano norteamericano. Millones de personas se han percatado
que unidas representan autoridad y poder, que han dejado de ser
insignificantes, que no son un espacio residual en una nación
de extraños; que no son criminales, sino personas. Por fin, han
despertado y no exigen otra cosa más que los justo, lo que dan
y no reciben. Pero veamos de lo que hablo en términos reales:
Son 25 millones de personas que residen en Estados Unidos de origen
Mexicano, 9.8 millones nacieron en México, de los cuales 4.8 son
indocumentados. Representan un poder de compra de más de 378 mil
millones de dólares, de los cuales enviaron 5% a México el año
pasasdo. Los Estados Mexicanizados son: California, Texas, Illinois,
Arizona y Colorado. En total, de los migrantes en Estados Unidos
el 66.9% son Mexicanos, el 9.6% puertorriqueños, 2.2% Dominicanos,
3.5% Cubanos, 2.2% Dominicanos, 1.9% Salvadoreños, 1.3% Colombianos,
1.1% Guatemaltecos y 13.5% Otros.
Pues queridos lectores, como podrán percatarse los migrantes han
dejado de ser una minoría en Estados Unidos para convertirse,
bien organizado, en un poderoso grupo de influencia en la conformación
de la agenda pública. Ya no sólo trabajan en el campo, ahora existen
profesionistas, académicos, políticos y empresarios que defienden
los derechos de todos. Al final de mes estaremos presenciando
el capitulo final sobre el acuerdo migratorio, mientras tanto,
lo que aún no son ciudadanos se organizan y salen a las calles
a exigir a quienes, jurídicamente, aún no son sus autoridades.
Inevitablemente llega a mi mente una pregunta: ¿Por qué nosotros,
ciudadanos mexicanos, no exigimos a nuestras autoridades, nuestros
empleados públicos, lo justo? Ellos –los migrantes- en busca del
sueño americano han hecho lo inimaginable, presionar al país más
poderoso del mundo; nosotros hagamos lo mismo con los nuestros
desde el otro lado del charco.
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