El juego de la Silla…
Después de un descenso en el nivel de preferencias
de Andrés Manuel López Obrador las cosas parecen volver a la normalidad;
o por lo menos a estabilizarse, pues AMLO nuevamente comenzó a
despegarse de sus adversarios. Aparentemente los spots televisivos
en donde Elena Poniatowska defiende al candidato perredista del
la supuesta guerra sucia emprendida contra él, le han sido de
gran utilidad; igualmente su tregua ante el Presidente (ya no
le gritará ¡Cállate chachalaca!) y los fallidos ataques del PAN
y PRI lo han ubicado en la mejor arena que AMLO pudiera tener.
Y es que el papel de victima le viene muy bien a este personaje.
Independientemente de que López Obrador logre el triunfo en la
elección presidencial, hay un hecho que nadie puede negar: Los
presentes comicios electorales han girado en torno a su figura.
AMLO es y será el protagonista de esta historia, y esto lo ha
mantenido arriba en la contienda electoral. Una vez más sus contrincantes
le han puesto la mesa; y es que cuando más pudieron hacerle daño
equivocadamente le ayudaron.
El próximo martes será trasmitido el primer debate presidencial,
al cual Andrés Manuel decidió no asistir. Asumió una postura peligrosa.
El no estar presente sin duda le restaría votos, sin embargo,
estaba dispuesto a asumir el costo. El asistir lo pondría en una
posición vulnerable ante sus adversarios, pues siendo el puntero
en las encuestas tenía poco que ganar y mucho que perder. Una
regla básica en cualquier competencia política: Si eres el líder
de la contienda no te expongas más de lo debido. Por está razón
Andrés Manuel decidió participar sólo en el último debate en espera
del castigo del electorado. De cualquier forma era frágil.
Sus adversarios no supieron aprovechar está situación y contrariamente
a los que se esperaba, el Peje ganó la partida. Poner una silla
vacía o un atril en ausencia del candidato perredista lo único
que garantiza es su presencia, más allá de las románticas conjeturas
de los otros partidos para acrecentar el costo del rechazo a la
discusión abierta. AMLO está sin estar, y sin siquiera haber discutido
ya ganó este juego.
Ahora lo trascendental del debate ya no estará en la contundencia
de las propuestas, sino en aquella silla vacía que hace presente
al ausente. Ridículamente los representantes de los partidos (Josefina
Vásquez Mota, Rosario Green) pusieron en el centro del debate
a AMLO aún sin que el aceptará debatir. Esto lo coloca como victima
y el argumento del complo nuevamente hace sentido. En este contexto,
lo que más importará en la opinión pública serán las declaraciones
del perredista en torno al maquiavélico plan de todos contra él.
Las posturas y las propuestas de los demás pasarán a segundo término.
Y es que bajo una discusión acartonada -como será el próximo debate
debido a la rigidez del formato- y en ausencia de López Obrador,
el puntero en la contienda presidencial, este debate se antoja
poco atractivo.
Lo único que les resta al PAN y al PRI, es decir, a Felipe y a
Madrazo, es demostrar que alguno de ellos puede derrotar al ausente.
En la medida que alguno de ellos tenga este impacto dentro de
los televidentes podrá, entonces sí, ir al segundo debate como
el antagonista de AMLO. Justo lo que Andrés Manuel calculó, y
gracias a una pésima estrategia de sus rivales ha conseguido.
Lector lectora queridos, cada día que transcurre en las elecciones
confirmo con profunda desesperanza la causa por la que López Obrador
se encuentra en el primer lugar, y es que en el país de los ciegos
el tuerto es el mejor. ¿Realmente el pueblo tiene a los gobernantes
que merece? Me cuesta trabajo formular una respuesta.
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