El PRI después de la elección:
Un asunto de supervivencia.
"Si no ganamos la casa grande, olvidémonos
del futuro de esta gran organización"
Roberto Madrazo.
“El voto diferenciado es el único salvavidas para un priísmo
a punto de perecer, en el inmenso mar electoral a causa de un
capitán enfermo de poder. Regionalizarse para sobrevivir”
Sin duda alguna la contienda electoral ha cambiado diametralmente
entre abril y mayo. Lo que empezó como una simple ausencia, se
ha convertido en un rechazo sistemático contra el candidato perredista,
Andrés Manuel López Obrador. La silla vacía, aunada a una serie
de errores posteriores, le ha costado por lo menos 9 puntos porcentuales
a Andrés Manuel. El panorama actual es muy distinto al de marzo,
aquellos placenteros días en los que AMLO gozaba de una cómoda
ventaja de 10 puntos han terminado. La competencia se cerró y
Felipe está adelante. Los indecisos se han vestido de azul y le
han puesto sazón a la elección presidencial.
Sin embargo, para el PRI las cosas no lucen alentadoras. De hecho,
el único cambio que ha experimentado Roberto Madrazo y su partido
ha sido negativo. Desde principios de Enero todas las casas encuestadoras
lo ubican en la tercera posición, muy por debajo de sus adversarios,
la última encuesta del periódico el Universal lo sitúa, virtualmente,
fuera de la contienda presidencial con apenas 21% de las preferencias.
De Enero a la fecha ha caído por lo menos 10 puntos. Con estos
números, al PRI no le alcanza ni si quiera para conformar una
oposición respetable dentro del congreso. El gigante electoral
no encuentra el camino, erró su estrategia y ahora el electorado,
y sus propios militantes, le endosan la factura.
El 2003 pronosticaba un futuro distinto para el PRI, ciertamente
un futuro mejor; recuperar la presidencia era el objetivo. Se
elevaba como el máximo ganador de las elecciones intermedias para
diputados, lograba un buen número de gubernaturas en los Estados,
gobernando así a la mayoría del electorado. Ratificaba su dominio
regional y amenazaba en otras entidades.
En medio de un desangelado gobierno panista, el PRI capitalizaba
sus victorias dentro del congreso, haciendo ver a Vicente Fox
como una marioneta, un inexperto, un aprendiz que se hacia llamar
presidente. Parecía que la gran maquinaria partidista había despertado,
aprendía de sus errores y ahora sabía competir. El dos de julio
del 2000 sólo sería un mal recuerdo en la memoria del priísmo,
lo mejor estaba por venir. El PRI se mostraba fuerte, competitivo
y por momentos democrático.
Su ejercito estaba listo, Gobernadores, Senadores, Diputados,
Presidentes Municipales; toda la maquinaria a disposición del
partido. El Goliat rugía, gritaba, ansioso por recuperar el poder;
sólo faltaba un hombre, un líder, un candidato. Pero aquí, el
partido encontró su sepulcro.
Roberto, el inmoral y pragmático. Madrazo el astuto político tropical
que divide y confronta. Roberto Madrazo, aquél que representa
lo más sucio y oscuro del PRI; justo el personaje que no debía
llegar a la candidatura presidencial, se impuso, controló y llegó.
Sin embargo, a pesar del derroche económico, el PRI de Roberto
no ha podido levantar y a estas alturas de la elección, inevitablemente
se encuentra condenado al fracaso.
Madrazo le apostó al viejo sistema, a la cooptación de votos,
a la confrontación en lugar de la competencia democrática. Roberto
le apostó al Verde Ecologista en un intento desesperado por revertir
la caída, el Verde lo traicionó y no le entregó un solo voto.
Madrazo optó por la “cargada”, pero a cambio obtuvo deserciones,
confrontación y pugnas internas. No supo incentivar a sus militantes
importantes y los relego de las listas al congreso. Su herramienta
de unidad se convirtió en florete de división. Madrazo aún le
apuesta a la movilización electoral, a la maquinaria. No ha entendido
la naturaleza democrática del país y la exigencia de cambio al
interior de su partido, y precisamente, en esta falta de entendimiento
se encuentra la causa de su derrota.
Después de las elecciones al PRI no le quedarán muchas opciones.
Gane quien gane, la incertidumbre se apoderará del partido. Su
única estrategia para sobrevivir se basa su capacidad por conservar
el poder regional. Hay un fenómeno muy claro en el partido, el
PRI como organización continúa siendo la más fuerte, con representación
y poder en cada una de las pequeñas localidades del país. Sin
embargo, el PRI de Roberto Madrazo se encuentra destinado a perecer,
pues se muestra incapaz de aglutinar las voluntades priístas en
una maquinaria ganadora. Lo que le queda a los priístas es aprovechar
el voto diferenciado de sus militantes, pues muy seguramente,
en la mayoría de sus bastiones se encuentra garantizada la victoria
para el Senado y la cámara de diputados, no así para Madrazo.
Los militantes aún están dispuestos a votar por el Partido, pero
no por su candidato presidencial.
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