El Bloque Latinoamericano…
“La posibilidad del arribo de la izquierda mexicana
al poder, más que alarmarnos, debería significar una reflexión
sobre el tipo de izquierda que queremos. Moderada o Radical” Según
los últimos datos de Gabinete de Comunicación Estratégica, encuestadora
de Liébano Sáenz –quién fuera secretario particular del ex Presidente
Ernesto Zedillo-, Andrés Manuel López Obrador se encuentra en
un empate técnico con Felipe Calderón, con 37.2% y 36.7 respectivamente.
La contienda se ha cerrado y Calderón ha perdido la ventaja de
7 puntos porcentuales que traía. Sin embargo, más allá de los
porcentajes, la tendencia indica una reñida competencia entre
ambos candidatos.
La próxima elección del 2 de julio será definitoria para nuestro
país, y podría significar una redefinición de la política económica
en México, y por lo tanto, una orientación distinta en el ámbito
internacional. Una manera diferente de acercarse a nuestros vecinos.
Endurecer relaciones con el Norte y hacernos amigos del Sur. Ese
es el dilema, y en éste, se puede traducirse el contexto de la
elección en nuestro país, y en general, de la situación política
en Latinoamérica.
La contienda electoral del 2006 será una competencia entre dos
maneras muy distintas de ver el mundo, de entender la economía,
de hacer crecer a la nación, de darle prioridad a diferentes grupos.
La batalla por la silla presidencial será un choque de ideologías
en donde el lenguaje de izquierda y derecha volverá a hacer sentido.
Será una elección polarizada.
El dos de julio estaremos eligiendo entre lo bueno y lo malo,
entre lo blanco y lo negro, entre izquierda y derecha. Se trata
pues de elegir al Felipe Calderón de los empresarios o al Andrés
Manuel de los de abajo. Ambos han definido bien su postura. Calderón
le apostó al neoliberalismo, al mercado y no al Estado, a la privatización
energética, a las reformas estructurales, a la globalización y
no al proteccionismo, a la competitividad económica, a los grandes
empresarios, al México educado y conciente, a las clases medias.
En contraparte AMLO apostó por otro México, el México de abajo,
el de los pobres, el que tiene otras prioridades: combatir la
pobreza, aminorar la brecha entre unos y otros, terminar con la
desigualdad, con la corrupción antes de cualquier reforma, primero
el Estado y luego el mercado, primero el pueblo y luego los empresarios.
Protegernos antes de vendernos.
Este es el escenario, y es un reflejo fiel de lo que pasa en nuestro
continente. El arribo de la izquierda en Latinoamérica es evidente.
La conformación de un verdadero bloque económico, entre países
de izquierda, en Latinoamérica puede hacerse realidad sí AMLO
accede al poder. Sin embargo, no hay razón para alarmarse, pues
dentro de la misma izquierda existen dos alternativas. Si la izquierda
mexicana, la de Andrés Manuel, llegase a la presidencia, se enfrentará
a una disyuntiva elemental: Optar por la izquierda autoritaria,
ineficaz y obsoleta que representa Hugo Chávez en Venezuela o
implementar una izquierda modernizadora, democrática y consciente
como la de Michelle Bachelet en Chile.
Ya Bolivia y Evo Morales se encuentran en la encrucijada, sus
mensajes –nacionalización de los hidrocarburos- parecen decir
sí a una izquierda dura y radical. Brasil y Lula han apostado
por una política social equilibrada que alcaza beneficios, sí
a una izquierda moderna y democratizadora. La encrucijada alcanzó
a tres países latinoamericanos: México, Colombia y Perú. La elección
entre izquierda y derecha corresponderá a los votantes, sin embargo,
el tipo de política que se implementará será decisión única de
los próximos gobiernos, he aquí el peligro. Moderación o Radicalismo
|