Crónica de un Apocalipsis…
Por fin el apocalíptico día llegó: el día Seis
del mes seis del año seis (666), algo grande debía pasar. Salí
de mi casa un tanto intranquilo, me dirigí a mi oficina en espera
de un mal augurio pues el nacimiento de la bestia estaba vaticinado.
Yo sólo esperaba y me mantenía alerta. El fin del mundo se aproximaba.
Para el medio día no pasaba nada, unos balazos en la camioneta
de la esposa de Carlos Ahumada bastaron para cancelar la presentación
de sus famosos videos y así perdernos de la “gran” evidencia contra
el Sr. López. El asunto no convence a nadie; obviamente el fantasma
del auto atentado aparece. En mí cabeza busco alguna explicación
lógica y sólo llega una: Los famosos videos no eran contundentes,
por lo que el efecto buscado –dañar al candidato perredista a
unas horas del debate presidencial- podría revertirse, es mejor
guardarlos.
En fin, aún sabiendo que ya no habría videos yo me mantenía a
la expectativa. En los medios el predebate comenzaba a calentarse,
muchos analistas hacían sus pronósticos: posibles ganadores, irremediables
perdedores, que sí la estrategia sería combativa, que sí sería
pasiva, que la corbata de éste, que el traje de aquel, que el
peinado de salón de Mercado; que sí Campa volvería a hacerla de
patiño, que sí Madrazo levantaría, que sí habría sorpresas y espectáculo
o todo se reduciría a un simple monologo de cinco suspirantes
presidenciales. Sin embargo, sólo había dos cosas seguras, dos
ingredientes que le pondrían sazón a la discusión: primero, el
contexto tan cerrado de la elección; todas las casas encuestadoras
serias habían anticipado un empate técnico entre Felipe Calderón
y Andrés Manuel, por lo que la atención se centraría en estos
dos contendientes. Segundo, ya no serían cuatro sino cinco. Andrés
Manuel, por primera vez desde que inició la contienda electoral,
sería objeto del escrutinio público y la gente tendría la posibilidad
de ver a AMLO en combate. Dos factores importantes que sin duda
daban un giro al debate.
Entrada la noche, comenzó la discusión. En el debate no hubo sorpresas,
comenzaron mesurados, precavidos, re-boteando sobre sus atriles
para ver quién era el primero que resbalaba. Nadie cedía, entonces
no quedó más que la unidad, y convinieron un acuerdo de gobernabilidad
y un compromiso para respetar los resultados del 2 de julio –ciertamente
lo más rescatable de debate-. Después vinieron las propuestas,
que más que novedosas o entretenidas, cada participación resultó
ser una especie de spot programático con más de lo mismo. Sin
embargo, no se podía esperar más de los candidatos, pues más allá
de la utópica idea de que un debate –a la mexicana- sea una brillante
exposición de los conocimientos y propuestas de los candidatos,
éste y casi todos los debates en nuestro país representan una
oportunidad en dos sentidos. Para el electorado y para los candidatos.
Los primeros tienen la posibilidad de ver cuál de los contendientes
tiene la estatura para ser Presidente y los segundos tienen, precisamente,
la posibilidad de demostrarlo.
Por último, cuando todo indicaba que nuevamente sería un encuentro
acartonado y aburrido, subió el primero al ring. Calderón lanzó
el primer ataque contra AMLO acusándolo de endeudar la ciudad,
Andrés Manuel espero, se contuvo, no era el momento de pelear;
Felipe continuaba con los ataques, que sí Nico y su hijo en Estados
Unidos no coinciden con la austeridad que proclama el candidato
perredísta; que AMLO es un mentiroso y un peligro para México.
Los ataques suben de tono y por fin Andrés Manuel se sube al ring,
tiene una reacción lenta y torpe, ataca con el FOBAPROA, Felipe
esquiva muy bien y le mete un gancho a López Obrador. Para estos
momentos los otros tres candidatos ya no existen, este es y será
de ahora en adelante un asunto de dos.
Andrés Manuel pierde color, está a punto de colapsar. Felipe está
desbordante, sus asesores lo entrenaron bien. Casi es un triunfo,
Calderón lo sabe y se muestra complacido, tiene a su principal
oponente casi en la lona, casi muerto, moribundo. Sin embargo,
en un movimiento rápido Andrés Manuel se levanta, gancho izquierdo,
derecho y un recto. El cuñado incómodo aparece y los azules palidecen.
Con una sola agresión, sólo un hecho contundente y Andrés Manuel
deja entrever la corrupción panista, justo aquello en lo que Felipe
había hecho la diferencia, aquello por lo que había gustado, sus
manos limpias. AMLO da un golpe de muerte, dolorosa y lenta. El
Sr. López en un abrir y cerrar de ojos empareja la contienda.
No hay Knock out para nadie, la sesión termina. Las encuestas
de salida dicen que Felipe venció, los días pasan y los mismos
jueces descubren lo contrario. Andrés Manuel poco a poco repunta.
El golpe parece haber funcionado.
La contienda terminó pero el espectáculo continua, por lo menos
hasta el dos de Julio. Yo me divertí aunque el mundo no se haya
terminado, ni la bestia haya nacido. Desafortunadamente, el día
seis del sexto mes del año seis lo más escalofriante fue advertir
a 4 bestias y a una dama discutiendo el futuro de nuestro país.
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