Prolegómenos de la paradoja
priísta
Después del último debate, la elección presidencial
toma un curso casi natural. Sin un ganador absoluto, a 19 días
de las elecciones, lo que afirmé hace más de año y medio en una
de mis columnas parece clarificarse. Y es que en la recta final
de la competencia electoral, sólo dos privilegiados serán los
protagonistas. El debate dejó algo muy claro: el asunto es de
dos y no de tres, como tramposamente señalan algunos encuestadores.
Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador son los únicos invitados
VIP para la contienda presidencial del próximo 2 de julio en nuestro
país.
Por lo tanto, lo que podemos esperar es que el tercer lugar, en
este caso el PRI, se desplome electoralmente, es decir, el voto
de los priistas menos duros se reasignará entre las dos principales
fuerzas para así obtener a un ganador. Esto se conoce como el
voto útil.
Sin embargo, cuando la mayoría de los analistas vaticina el desmoronamiento
del priismo, lo cierto es que el PRI como institución y fuerza
política está lejos de desaparecer; más aún, si el escenario descrito
arriba es cierto, el PRI cuenta con un alto grado de poder para
negociar su supervivencia e, inclusive, para influir en la definición
del ganador de los comicios.
La mayoría de las encuestas señala que después del debate, Roberto
Madrazo cayó en las intenciones de voto (el periódico El Universal
lo ubica en tercer lugar con 22 por ciento de las preferencias),
mientras que entre Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón
nada está definido, pues entre ellos sólo hay tres puntos de diferencia,
y por el margen de error (+/- 3.4 por ciento) no podemos afirmar
que uno está por encima del otro. Más bien, lo único seguro es
que se trata de un empate técnico. Si así están las cosas, entonces
es claro que nuestro próximo Presidente saldrá del PAN o del PRD,
pero de ningún modo del PRI.
Para el PRI de Roberto Madrazo, la debacle es inevitable. Sin
embargo, su campaña presidencial tiene un lugar común, un hecho
que se repite consistentemente y que, para fortuna de Madrazo
y de su partido, le ha permitido sobrevivir a todos los menesteres
electorales. El PRI es un animal político que se rehúsa a morir,
una especie de camaleón electoral que cambia de forma y color
de acuerdo a las circunstancias. Su maquinaria no está muerta.
Está simplemente oxidada por falta de un líder que la mantenga
unida y en funcionamiento.
Sus militantes no se han ido. Siguen allí, en espera de los factores
de poder que les permitan obtener beneficios y, entonces sí, movilizarse.
Sus gobernadores y alcaldes mantienen su poder. Sólo esperan que
Roberto Madrazo y sus secuaces se hundan para poder rescatar al
partido. El PRI es el partido de las paradojas, éstas últimas
entendidas como una situación que contradice el sentido común.
Paradójicamente, cuando el priismo se alzaba con victorias regionales
contundentes, gobernando la mayoría de los estados y de los municipios,
mantenía la mayoría relativa dentro de las Cámaras y representación
dentro de los Congresos locales; cuando estaba listo para recuperar
el poder, Roberto Madrazo fue elegido candidato presidencial.
El peor candidato en el mejor momento.
De la misma manera, cuando el PRI era sacudido por sus detractores,
cuando aparecía Montiel, Marín, el Niño Verde, y comenzaba la
desbandada de cuadros importantes dentro de su militancia, paradójicamente
el PRI se mantenía vivo políticamente gracias a la lealtad de
su voto duro. Cuando al PRI lo sacudían, él se mantenía.
Hoy, el PRI se muestra disminuido, desdibujado, dividido, ubicado
en la tercera posición, apenas sobreviviendo con sus votantes
duros. En síntesis, cuando existe un priismo a punto de perecer;
paradójicamente, por el contexto electoral, el PRI tiene la enorme
posibilidad de negociar y, más aún, de influir en la elección
presidencial.
Esta vez, los priistas considerados menos duros podrán inclinar
la balanza electoral a través de su voto útil. Inclusive, aquellos
gobernadores y alcaldes priistas enfrascados en la búsqueda de
la conservación de su poder, y bajo el entendido de que la disminución
de Roberto Madrazo significa la posibilidad de renovar al partido,
estarán dispuestos a negociar las condiciones electorales en sus
regiones. En este sentido, el PRI ha tomado una enorme relevancia.
Y, también paradójicamente, cuando se encuentra en la lona como
ocurre ahora, tiene la posibilidad de cambiar su propio destino.
Esto acontece hoy, cuando el PRI ha cometido muchos errores y
cuando su derrota es casi un hecho. El asunto del cuñado incómodo,
ventilado por Andrés Manuel López Obrador en un intento por herir
de muerte al candidato panista Felipe Calderón, paradójicamente
le da cierta ventaja a Roberto Madrazo en la elección presidencial.
Por los incontables errores políticos de sus adversarios, Roberto
Madrazo tiene ahora la posibilidad de influir en el resultado
electoral del próximo 2 de julio y, en el mejor de los mundos,
de luchar por el segundo lugar.
Pero, otra vez paradójicamente, todo parece demostrar que no tiene
la mínima oportunidad de ganar la contienda.
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