El miedo como estrategia…
Uno de los ejes rectores de la ciencia económica
consiste en la idea de encontrar los factores que induzcan un
tipo especial de comportamiento en los agentes económicos, es
decir, se trata de localizar elementos que provocan una reacción
en las personas. A estos elementos se les suelen llamar incentivos.
Los incentivos son entonces, los factores que intentan explicar
de forma racional la conducta de un individuo. La elección racional
–una rama de estudio en la Ciencia Política- sostiene que el comportamiento
de las personas en todo momento es racional e intenta explicar
cada acción con base en una estructura lógica. En síntesis, para
cada elección una decisión razonada.
Con base en este marco teórico se han elaborado un sin fin de
teorías que intentan explicar el comportamiento de los electores.
¿Cuáles son los factores que determinan el comportamiento electoral?
¿Por qué votar y por quién? ¿Es racional pensar que tu voto tendrá
alguna influencia en los resultados electorales? Finalmente ¿Es
racional votar?
Muchas otras preguntas podrían esbozarse con respecto a la competencia
electoral, sin embargo, en este momento me gustaría resaltar un
factor que, desde mi punto de vista, fue determinante en la conformación
de nuestro voto durante este inédito proceso electoral que vivimos
–y seguimos viviendo- los mexicanos.
El miedo como factor, el miedo como estrategia; o lo que es lo
mismo, la política del miedo. La opinión más generalizada es que
el miedo está dentro de la mente del individuo y, rara vez, se
corresponde con alguna realidad concreta sino más bien con un
pre-acontecimiento de lo que puede llegar a ser algo, un acontecimiento,
una supuesta realidad.
Astutamente nuestros políticos entendieron muy bien que su mejor
estrategia consistía en infundir temor al electorado. Temor mal
argumentado, pero que finalmente, buscaba diferentes objetivos.
Así Felipe Calderón buscó el voto útil –que finalmente consiguió-
en el segmento del electorado que veía en Andrés Manuel una delicada
alternativa de gobierno. ¡AMLO es un peligro para México! es la
frase que enarbola mi argumento principal. De lo que se trataba
era de hacer creer a las personas menos sofisticadas e informadas
que un posible gobierno de López Obrador significaría un retroceso
democrático, un voto por AMLO es votar por una crisis, es aceptar
el autoritarismo, es tener a un Semi-Chávez en la Presidencia,
un Fidel a la mexicana.
Calderón aprovechó muy bien el mercado electoral, lo supo explotar
y manejar con excelente pericia debido a que lograron su objetivo,
a saber, descalificar al adversario e infundir el miedo de un
posible gobierno encabezado por AMLO. Felipe logró cambiar la
intención de voto en su favor. El miedo para incentivar el voto
útil.
Lo mismo hizo Roberto Madrazo, llevó a cabo una fuerte campaña
publicitaría buscando posicionarse en el centro del espectro ideológico.
Buscaba ser el conciliador, el mediador, el candidato racional
que no es un peligro, a diferencia de sus adversarios qué si lo
son. Inventando su campaña de Estado, promoviendo altercados sociales
y tratando de desestabilizar el proceso. El miedo de seguir con
un gobierno ineficaz. Voten por mí o mejor no voten parecía ser
el mensaje de Madrazo. El miedo para invitar a la abstención.
Y ahora AMLO haciendo lo mismo. Su campaña se posicionó en un
tema central: ¡Primero los pobres!, ¿y los otros? ¿Dónde queda
la otra parte de los mexicanos? El Sr. López siempre dividiendo,
confrontando, polarizando la elección; jugando el papel de víctima
con su famosa teoría de la conspiración o mejor conocida como
el complo. Retando a no aceptar los resultados, a movilizar a
su gente, a exigir el voto por voto; moviéndose en la arena de
la incertidumbre, de la inestabilidad, poniendo en duda el proceso
y las instituciones, finalmente haciendo lo suyo: una eficaz campaña
del miedo. Mientras tanto, nosotros seguimos observando el final
del proceso. Me preguntó ¿cómo llegamos hasta este momento? Yo
mismo encuentro la respuesta: No te asustes, tranquilo. Bienvenido
a la consolidación democrática.
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