El peor de los mundos…
Muchas casas encuestadoras buscaron predecir
el contexto electoral después del 2 de Julio. Pocas lo lograron.
Algunas acertaron al augurar una contienda cerrada entre el PAN
y el PRD, sin embargo, nadie previó este incierto proceso postelectoral
que estamos viviendo. Estamos en el peor de los escenarios, en
el menos deseado. Nos encontramos en el peor de los mundos. Pero
déjenme explicarles a qué me refiero:
Primero nosotros, los ciudadanos, conscientes de que en este proceso
electoral no sólo elegíamos a un Presidente nuevo, sino que la
disyuntiva radicaba entre dos formas de gobierno muy distintas
y distantes una de otra. Entre dos maneras de entender el mundo,
nuestro país y por lo tanto entre dos vías para enfrentar los
problemas.
Los ciudadanos lo entendimos y salimos pacíficamente a votar.
Cumplimos con nuestra parte del pacto social: participamos, instalamos
las casillas, contamos los votos y dimos un resultado. Todo para
que al final del día nuestros políticos –entre ellos nuestro próximo
Presidente- impugnaran, reclamaran e hicieran todo lo posible
por oscurecer la jornada. Hoy todos nosotros estamos entre la
incertidumbre y la cerrazón de aquellos que buscan gobernarnos,
secuestrados y apunto de la fractura social, sin duda, un escenario
que nadie anticipaba.
En segundo instancia se encuentran nuestras instituciones. Aquellas
que se construyeron con el esfuerzo de todos nosotros. Instituciones
que costaron muchos años –sin mencionar lo costoso del proceso-
y que ahora, a causa de errores básicos de comunicación, se encuentran
en entredicho. Luis Carlos Ugalde y sus consejeros han conducido
al IFE bajo un manto de sospechosísmo innecesario.
La razón se encuentra en dos errores puntuales: Primero, al no
dar a conocer los resultados de su conteo rápido –por muy cerrados
que estos fueran- y segundo, al omitir los casi tres millones
de votos que no estaban medidos en el PREP, el IFE encauzó el
proceso electoral hacia la desconfianza; labró el camino para
que el fantasma del fraude electoral apareciera les concedió el
benefició de la duda a los candidatos y con ello tiró por la borda
un esfuerzo ciudadano mayúsculo para la construcción de la máxima
institución electoral.
Hoy el IFE se sostiene en la cuerda floja y, ahora sí, busca limpiar
su imagen con una millonaria campaña en los medios. Después del
2 de julio tenemos a varios millones de mexicanos que no creen
en la transparencia del proceso. El TEPJF ha entrado al quite
para salvar al IFE de su accidentado desempeño. Las instituciones
en el límite, otra vez, un escenario que nadie esperaba.
Por último los dos punteros. Ninguno quería llegar ha esta situación.
Felipe Calderón, si ganó, su victoria será recordada por los alegatos,
las impugnaciones, la guerra sucia, la ley de medios, la intervención
del Presidente Fox, la publicidad del consejo coordinador empresarial.
El candidato que llegó a ser Presidente a un costo muy alto y
bajo cualquier circunstancia. El Presidente que enfrentará el
mayor reto posible: Conciliar lo que parece irreconciliable.
Andrés Manuel también está en el peor de sus escenarios. Muy posiblemente
perdió y la derrota nunca fue su alternativa. Jamás se imaginó
así, por eso hoy AMLO implementa una estrategia muy peligrosa
que pone en riesgo al país, a sus instituciones y por lo tanto
a la democracia mexicana en su conjunto. AMLO quiere “el voto
por voto, casilla por casilla”, aún con la certeza de que el resultado
no necesariamente le favorecería. El Sr. López quiere desestabilizar,
confrontar, atemorizar, movilizar, seguir con su historia de la
conspiración, siendo la victima en pos de anular la elección;
sabe que es su única salida. Candidatos confrontados en un México
dividido, un escenario poco alentador.
Lector y lectora queridos esto es lo que tenemos: Dos candidatos
con posibilidades de triunfo, confrontados, inmersos en su mundo
y jugando con el país y su gente. Mostrando sus peores cualidades
cuando ni siquiera han llegado a la meta. Dividiendo, polarizando
y amenazando con llegar hasta el final. Yo aún confío en que todo
saldrá bien, el vaivén democrático en ocasiones es tan fuerte
que asusta. El TEPJF tiene la última palabra, mientras tanto silencio.
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