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Miopía Política…

¿Qué es lo que nos pasa? Es una pregunta que extiendo a mis amables lectores. Estas últimas semanas, día con día, comentario tras comentario, en el café, en el cine, en los periódicos, en la televisión, los columnistas, periodistas, académicos, políticos y los mismos ciudadanos -todos nosotros- no hacemos otra cosa más que protestar, acusar, prejuzgar, criticar, atemorizar, confrontar y dividir.
¿Que si Felipe Calderón y el Partido Acción Nacional hicieron fraude? ¿Que si Andrés Manuel López Obrador y el Partido de la Revolución Democrática no tienen pruebas o están mintiendo? ¿Que si se trata de una maquiavélica conspiración orquestada por el gobierno, la ultraderecha mexicana y Estados Unidos? ¿Que si el “voto por voto, casilla por casilla” tiene fundamento jurídico? ¿Que si se anularán las elecciones o será necesario un presidente interino? ¿Que si estamos al borde del precipicio y a punto de caer en la inestabilidad social?

La verdad de las cosas, a mí ya me tienen un tanto -o un mucho- harto estas interrogantes. Nos estamos perdiendo en este sinuoso camino poselectoral y no estamos percibiendo con claridad las cosas. Pareciera que, después del 2 de julio, nuestro país cayó en una bache profundo y se quedó estancado. Nada para nadie, y como no tenemos presidente, pues entonces no podemos arrancar.

Pareciera que estamos sumergidos en una profunda miopía política, que obstaculiza nuestra visión y nos impide ver más allá de la silla presidencial. Sin embargo, a pesar de no tener al Poder Ejecutivo formalizado, en las otras arenas políticas ya están definidos todos los jugadores.

El Congreso de la Unión ya está conformado por completo, sus líderes se están enlistando y alistando para comenzar el juego congresional. La lucha de poder en las cámaras de diputados y senadores se puso en marcha, y aunque no tengamos la cabeza definida, ya tenemos al cuerpo listo para trabajar; es decir, aunque el TEPJF no ha dictaminado al próximo Presidente de México, ya están definidos los 500 diputados y 128 senadores que buscarán cabildear y llegar a acuerdos.

En este sentido, los ciudadanos deberíamos preocuparnos menos por quién será nuestro próximo presidente y volver la mirada hacia el Congreso para preguntarnos: ¿Tendremos seis años más de parálisis, o por fin nuestros legisladores sacarán las reformas estructurales que nuestro país, urgentemente, necesita?

Haciendo un somero análisis sobre la conformación del Congreso, hay un hecho contundente: El PAN, por primera vez se convierte en la primera minoría con 206 diputados y 56 senadores. También, por primera vez en la historia, el PRI se va hasta la tercera posición. En la Cámara de Diputados alcanza solamente 103 curules, lo que representa apenas 20.6 por ciento de representación, un síntoma más de la enfermedad priista.

Por su parte, el PRD logra 127 diputados y 29 senadores, convirtiéndose así en la segunda fuerza política del Congreso. De la misma manera, los partidos pequeños alcanzan una representación considerable; en la sumatoria representan 12.8% del total.

En términos generales, el PAN y el PRI se convertirán en los más activos protagonistas del Congreso. Para Acción Nacional será sencillo alcanzar modificaciones a la ley. Sin embargo, se le complicarán las reformas constitucionales. El PRD, a pesar de ser la segunda fuerza política, no tendrá demasiada relevancia dentro de las negociaciones, pues necesitará del PAN para sacar reformas constitucionales -una alianza poco creíble- y para una reforma a la ley, si quiere alcanzar algún acuerdo, necesita del PRI.
Paradójicamente, el PRI, a pesar de ser la tercera fuerza, se convertirá en protagonista. Cualquier alianza creíble requerirá del PRI para que salga adelante. De hecho, la alianza más creíble para sacar reformas constitucionales será la que puedan conformar el PAN, el PRI y el PVEM.

Pues así las cosas, lector y lectora queridos. El PAN, con Felipe Calderón tiene un escenario favorable para terminar con la parálisis. El PRD, con Andrés Manuel la tiene prácticamente imposible. El PRI se convierte en el "inclinador" de balanzas. En este sentido, si algo sale del Congreso en el próximo sexenio, requerirá de la aprobación del PRI, ante la imposibilidad de acuerdos entre el PAN y PRD.

Esto es realmente lo sustancial del juego de poder. Analizar los posibles escenarios de cara al próximo sexenio debiera ser la principal preocupación de los analistas políticos. Debemos evitar perdernos en el ombligo electoral, y ver más allá de la presidencia. Finalmente, sea quién sea el próximo presidente tendrá que enfrentarse a esto.


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