Chiapas: ¿El espejo de la nación?
El proceso postelectoral se encuentra al rojo
vivo, en su momento clímax, con los ánimos encendidos y sin posibilidad
de redimirse; más aún, se tiene la percepción de complicarse.
Bajo este contexto, la elección del próximo domingo en el Estado
de Chiapas para renovar al poder ejecutivo, son de vital importancia
en la configuración del conflicto postelectoral que vive nuestro
país.
Chiapas no sólo elige a un gobernador, el proceso supera lo local
para convertirse en un asunto de interés nacional. El resultado
de la elección será crucial para todos los actores políticos de
nuestro país, sobre todo para aquellos que se juegan la silla
presidencial; de esta manera, el triunfo o la derrota servirán
de marco para formular las estrategias de AMLO y su movimiento,
para reconfigurar o continuar con la misma línea, para apaciguar
o para reforzar; endurecer o sosegar será el siguiente paso, en
azuzar o en prevenir se concentrara el resultado; el Sr. López
espera ganar la elección para mantener vivo su movimiento y darle
un enérgico respiro.
Juan Sabines –candidato perredista a la gubernatura de Chiapas-
es su As, su comodín, su carta fuerte. En él ha concentrado gran
parte de su estrategia. Un triunfo en Chiapas de Sabines podría
traducirse como una forma de dar legitimidad y apoyo al movimiento
político de la coalición por el bien de todos. Andrés Manuel lo
sabe y ha concentrado su esfuerzo para ganar simpatías en el Estado,
abandonó su plantón en Reforma –en dos ocasiones- para visitar
Chipas y apoyar a su candidato; AMLO ha hecho bien sus cálculos
y entiende que su futuro próximo se verá influenciado por el proceso
electoral chiapaneco, por ello apuesta a ganar y sólo ganar en
Chiapas.
La derrota no está permitida, simplemente no existe, es una posibilidad
que no puede aparecer. Sí Sabines pierde podrá leerse como una
cara factura que le endosan los chiapanecos al PRD y a su radicalismo,
como un castigo del electorado, una sanción a los atropellos y
torpezas perredístas. Un vencimiento significaría una sacudida,
una llamada de atención y amenaza de ruptura, una luz amarilla
en señal de que algo no esta bien, que no funciona y que hay que
corregir. Perder representa el primer ultimátum para AMLO. Sí
bien los asuntos locales guardan su propia lógica, independientemente
de los sucesos nacionales, no podemos menospreciar la influencia
de AMLO y su movimiento. Los sentimientos encontrados, disímiles
y contrapuestos que produce el conflicto postelectoral también
llegarán a Chiapas y serán definitorios en la elección para gobernador.
De la misma manera, Felipe Calderón ha apostado al proceso. Derrota
o triunfo serán cruciales para sus objetivos. Sí José Antonio
Aguilar Bodegas –candidato del PRI a la gubernatura- gana la elección,
de cierta manera se vigorizará a Felipe Calderón y su posible
Presidencia. Paradójicamente si el PRI gana en la entidad el PAN
también triunfara. El éxito formalizará una alianza inconsecuente,
impar y nunca antes vista en la historia política de nuestro país.
El frente armado por el PAN, PRI, PVEM y Nueva Alianza para frenar
la supuesta “elección de estado” a favor del candidato perredista
mostrará su fortaleza. Calderón, Manuel Espino, y los priístas
esperan unas traslación completa de los votos hacia Aguilar bodegas,
personalmente dudo que esto suceda, sin embargo, un triunfo ayudaría
a crear un espacio de legitimidad, un frente de certeza en donde
Calderón podría interactuar, moverse y maniobrar la operacionalidad
de su próximo gobierno. La conquista de Chiapas sería el primer
escalón que configura el actuar político de los siguientes seis
años. PRI y PAN juntos frente a un enemigo en común.
Por último, también el gobernador Pablo Salazar busca inclinar
la balanza. Sabines se ha convertido en su delfín, en su candidato
oficial. Juan Sabines representa un instrumento para el continuismo
y la conservación del poder político por parte del Gobernador.
A pesar de su frontal desacuerdo con AMLO, Salazar Mendiguchía
ha decido apoyar a Juan Sabines en aras de conservar el poder
y mantenerse en el juego político de su estado.
Los dados están cargados y la moneda sigue en el aire, el próximo
domingo el ganador –Partido y candidato- será crucial para el
momento histórico que vive nuestra nación. El resultado electoral
del próximo domingo se convertirá en síntoma de la enfermedad
en que vive nuestro sistema electoral. Gané quién gané continuará
la controversia, comenzará una nueva y los actores del tablero
postelectoral habrán hecho otro movimiento.
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