La última y nos vamos…
El sexenio termina y nuestro Presidente prepara
sus maletas. Enlista sus pendientes y se aproxima al encuentro
con los legisladores para rendir su último informe; para cumplir
con una de sus últimas encomiendas como mandatario de la nación,
pero sobre todo, para explicar a los ciudadanos lo acontecido
durante su sexenio. El momento para la rendición de cuentas final
ha llegado, y muy significativo resultará este informe, en gran
medida, por el entramado político que guarda nuestro país.
Yo como muchos me pregunto: ¿Qué dirá nuestro Presidente? ¿Qué
podrá presumir Vicente Fox cuando el Estado mexicano se encuentra
tambaleante? ¿Qué logros anunciar cuando el encono y la polarización
han sido sus mayores legados, cuando la crispación y la indisciplina
han sido sus mejores ejemplos?
¿Cómo defender un gobierno que traicionó la causa primera por
la que fue electo? ¿Con qué elementos escudar una administración
que cambio de rumbo, que olvidó lo fundamental y se apego a lo
trivial, que se arropó en lo insignificante para conservar el
poder? ¿Cómo aplaudir a un Presidente que desdeño los grandes
problemas sociales y colaboró en la conformación del sospechosísmo
electoral? ¿Cómo vitorear a un gobernante que abonó un posible
quiebre institucional del país; y socorrió la siembra de la duda
razonable que con tanto afán ahora cosechan los perredístas?
Sus más notables aliados, sin lugar a dudas, encontrarían elementos
para refutar mis cuestionamientos. Me pedirían que mirará las
variables financieras, la gran estabilidad macroeconómica con
un crecimiento del 4.2% este año, que observara las tasas de interés
que se mantienen competitivas frente a las tasas de EUA y que
la inflación por primera vez ya no es una merma para nuestro bolsillos,
me exigirían que no desdeñara los avances en la institucionalización
de la transparencia gubernamental –allí está el IFAI para corroborarlo-,
el progreso en la libertad de expresión, en la tolerancia a la
crítica. Cómo menospreciar el éxito de los programas sociales
como oportunidades, el de vivienda y el del seguro social.
Y sí, todos estos logros son muy ciertos. Sin embargo, las ganancias
palidecen frente a los desaciertos. Los saldos del cambio se traducen
en un retroceso de la educación básica, en el aumento de la inseguridad
y la violencia, en la extensión del crimen organizado, en la promesa
incumplida de creación de empleos. El contrabando, la evasión
fiscal y la piratería, son problemas que nunca se atendieron y
se quedan como reto para el Presidente que viene, y lo más importante:
¿Qué pasó con los pobres? nunca fueron prioridad para el ejecutivo,
de allí la fuerza de López Obrador, de allí sus ganancias electorales.
Los más desafortunados de este país nunca se sintieron acogidos
por Vicente y su gobierno. La gran tarea del gobierno del cambio
quedó pendiente, nunca estuvo en la agenda gubernamental, siempre
quedó rezagada y ahora extiende sus facturas.
El Presidente Vicente Fox nunca entendió o no quiso entender la
gran tarea que le asignamos los mexicanos. Por ello, el examen
prioritario radica en analizar lo que nos dejo el primer mandatario
de la era democrática en México. Y surgen más preguntas:
¿Dónde quedó el Fox bonachón y Valiente? ¿Dónde el Vicente con
botas? ¿El Vicente Fox esforzado, bravo y democrático? ¿El de
las tepocatas y víboras prietas? ¿El combatiente de las alimañas
y los peces gordos? ¿El de los 15 minutos de Chiapas?
De lo que se trataba era de consolidar nuestra insipiente democracia,
nuestro joven sistema político. De conformar un plan para institucionalizar.
La tarea consistía en consensar, dialogar, en buscar parentescos,
coincidencias. Pero Fox hizo completamente lo contrario.
Los primeros dos años parecía haber entendido la tarea, pero en
2003 perdió el rumbo. A partir de es a fecha comenzó una férrea
lucha por el poder. Se dedicó a bloquear a sus adversarios. Impedir
el acceso de la izquierda al poder parecía el objetivo –allí esta
el desatinado desafuero para ratificarlo-, y que hoy, aparentemente
ha alcanzado, pero a un costo muy alto. Imponer a su esposa en
la silla presidencial, luego a Santiago Creel -su secretario de
Gobernación-, y cuando todo resultó mal, entonces no quedarse
fuera de la jugada y apoyar abiertamente al candidato presidencial
de su partido.
Si de rendir cuentas se trata, Vicente Fox tiene poco que decir.
Vicente se va y nos deja un ambiente enardecido. El encono, la
división, el agravio, la resistencia civil pacífica son algunos
de sus legados. Nuestro Presidente deja el gobierno y de muy mala
manera. Sale por la puerta de atrás, sin mérito ni gloria. Dejando
una herencia poco alentadora: La sospecha, la desconfianza y el
recelo hacia nuestras instituciones; el saldo se configura en
un país agraviado, dividido y a punto de la fractura social.
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