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Una nueva etapa: Momento para definir

Escucho a los magistrados del TEPJF declarar Presidente electo a Felipe Calderón Hinojosa –candidato presidencial del Partido Acción Nacional-, por unanimidad se procedió a la declaratoria de validez, es decir, no se encontraron elementos significativos para anular los comicios electorales del pasado dos de Julio; aunque se acepta que hubo irregularidades. Es martes 5 de septiembre, el reloj señala las 12 horas con tres minutos y México marca su historia.

El conflictivo proceso electoral del 2006 formalmente llega a su fin; el país ahora tiene a un nuevo jefe de Estado, a un Presidente electo por un margen minúsculo, apenas 283 mil 831 votos, sin embargo, en toda democracia moderna un sólo voto es suficiente para elegir a nuestros representantes, solamente un sufragio es capaz de validar constitucionalmente al nuevo mandatario. Paradójicamente, un margen tan pequeño en la votación no basta para alcanzar un alto grado de gobernabilidad. He aquí el principal problema.

El TEPJF hizo su trabajo, dio cauce a las impugnaciones presentadas por los diferentes partidos, las evaluó, las resolvió, juzgó los argumentos de ambos bandos y al final, validó el proceso electoral del 2006. Para la máxima instancia electoral del país la contienda electoral cumplió los parámetros de equidad y justicia requeridos. Enhorabuena por el Tribunal Electoral que no cedió a presiones externas; pláceme por las instituciones mexicanas que demuestran su solidez en medio de tan sórdido y complejo proceso postelectoral.

Sin embargo, lector y lectora queridos, me temo advertir que el conflicto aún no termina, sino que se prolonga, se robustece y sufre una metamorfosis importante. El hasta ahora proceso postelectoral sufrirá un cambio fundamental. Andrés Manuel y sus seguidores hasta el día de hoy se habían desplazado –con sus correspondientes matices- en la arena institucional, en el ámbito jurídico y legal. Presentar las impugnaciones a la máxima instancia electoral en los tiempos y formas requeridas por la ley es constancia de ello. Esperar el fallo del tribunal y hasta presionar un posible resultado, dejaban ver que el movimiento político de AMLO se mantenía dentro de los cauces institucionales. Los dos meses que tardó en TEPJF en validar la elección y nombrar Presidente electo le brindaron al Sr. López Obrador la posibilidad de mantener un movimiento legítimo sobre una delgada línea de legalidad. El dictamen del Tribunal Electoral lo obliga a virar su movimiento.

De ahora en adelante las cosas serán muy distintas, o por lo menos deben de serlo sí es que Andrés Manuel desea continuar con su protagonismo político en el país. Su lucha política quedará de lado, el “voto por voto y casilla por casilla” serán un bonito recuerdo en las trasnochadas mentes de los perredístas. El objetivo ya no es recuento de las casillas; el movimiento político se profundiza, se enraíza, se transforma en un movimiento social complejo. Tendrá que dar un paso mayor hacia la ilegalidad, un brinco gigante hacia el anticonstitucionalismo. Un movimiento peligroso que lo llevará al límite. Tendrá que aceptar altos costos y asumir las consecuencias. El lo sabe, lo entiende y parece estar dispuesto a hacerlo.

¡Al diablo con sus instituciones! es el nuevo discurso. De lo que se trata es de un cambio fundamental y más profundo. Una sacudida al entramado institucional y político de nuestro México, su bandera seguirán siendo los pobres y por ellos encarnizará una lucha contra el poder, los empresarios, el estatus quo y el sistema político en sí mismo. El objetivo será el derrocamiento del nuevo Presidente, la operación parálisis será puesta en marcha. Pero no lo hará desde las instituciones, pues estás no sirven, por lo que hay que repararlas. La purificación institucional será el nuevo cometido, y para ello requiere de un apoyo cohesionado, organizado y leal.

Seguramente en el PRD no encontrará ecos; no en el largo plazo. Sí el PRD desea configurarse como una fuerza política institucional confiable tendrá que redefinir su papel en este movimiento. Como segunda fuerza congresional tendrá que entender que lo que sigue es gobernar y no dividir más. En caso contrario, el futuro del más grande partido de izquierda en México estará en duda.

El nuevo movimiento abre la puerta para las definiciones. No sólo el PRD debe precisar nuevas alternativas. Está nueva etapa del conflicto social en México exige definición para todos los actores políticos de nuestro país; principalmente para Felipe Calderón quien tendrá la posibilidad de mostrar su calidad Presidencial.

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