La Plaza del Angel
.
.
.
.
 
  La Encuesta del Angel
A cuantos salarios mínimos asciendo su ingreso mensual?

menos de 4 veces

menos de 10 veces

mas de 10 veces

 
 
..
.

Partidocracia Mexicana

Hace casi un año, el ex canciller Jorge Castañeda condujo ante los ojos de la opinión pública un tema que, por su naturaleza, incidía en el escenario electoral del 2006, a saber: las candidaturas independientes. Muy probablemente la premura de la elección Presidencial fue la principal razón para que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) desechara la constitucionalidad de las candidaturas Independientes, aún cuando existió la recomendación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para tomar “medidas cautelares” para hacer válido el derecho constitucional a “votar y ser votado” de Jorge Castañeda.

Hoy, bajo el mismo argumento, la SCJN ha validado el procedimiento de las candidaturas independientes para el Estado de Yucatán. Esta vez, sin ningún tipo de presión electoral, los magistrados de la Corte discutieron el mismo asunto y se logró –aunque no por unanimidad- aprobar este tipo de candidaturas. El marcó jurídico mexicano establece que todo mexicano tendrá derecho a ser votado siempre y cuando sea postulado por un partido. De esta manera, son los partidos políticos monopolizadores del proceso electoral pues sólo ellos deciden quien puede ser candidato.

Es ahora cuando estamos obligados al análisis y la discusión del sistema de partidos en México. El clamor por un candidato ajeno a los Partido Políticos, sólo puede significar una cosa: La inminente erosión del sistema de partidos en México.

Los partidos Políticos nacieron con el objetivo de agregar las demandas ciudadanas, designar a un candidato y que, a través del voto de la mayoría del electorado, fuera electo nuestro representante y así resolver las demandas planteadas inicialmente. Sin embargo, los partidos mexicanos contemporáneos están muy lejos de ser un instrumento de agregación de preferencias y demandas. Se han convertido en maquinarias electorales que a través de redes clientelistas buscan a toda costa el poder. Los partidos han olvidado la razón por la que fueron instituidos, y se transformaron en eficaces maquinarias de poder.
Sin embargo, tomarlos como meras maquinarias electorales sería un tanto ingenuo pues los partidos políticos mexicanos se han convertido en algo más complejo. Los partidos, por su función, son entidades del Estado en el proceso de representación. Me explico: Los partidos, al ser el único canal de acceso al poder tienen la capacidad de coerción sobre todos aquellos que pudieron arribar a un puesto de elección popular –cámara de diputados y senadores-. En este sentido, los partidos políticos dejaron de ser meros sujetos del proceso electoral, para convertirse en sujetos del proceso parlamentario, pues tienen la capacidad de organizar a la cámara a través de facciones partidistas; forman bloques entre partidos y en esa dinámica se mantienen en la toma de sus decisiones. Por lo tanto, los diputados y senadores ejercen la toma de decisiones en función de lo que diga “papá” partido.

Los partidos, jurídicamente, se establecen como entidades de interés público; y como tales deben de ser reguladas. Sin embargo, las instituciones del Estado han dejado a los partidos instituirse en una suerte de ficha libre dentro del juego democrático. Fichas que mandan en el congreso y por ende en el proceso legislativo. Los partidos, al igual que los monopolios, han adquirido el poder necesario para ordenar a sus facciones legislativas qué iniciativas o reformas deben pasar por el congreso, aún en detrimento del interés público, pero siempre cuidando sus intereses. Partidocracia mexicana en la forma real con la que debemos referirnos a nuestro desgastado sistema político y de partidos.

Entonces ¿Cuál es la mejor vía para hacer de los partidos políticos verdaderos agregadores de demandas sociales? ¿Cuáles son los incentivos y mecanismos de coerción ciudadanos para obligar a los partidos que hagan aquello por lo que han sido instituidos? La respuesta es simple: La única manera de acabar con la Partidocracia mexicana es a través del control y la regulación, es el único camino para hacerlos eficientes. Se trata de regulación interna (financiamiento de precampañas, actos anticipados de campañas, procesos internos de selección) y externa (creación de partidos, tiempo de campañas, financiamiento).

En este sentido, las candidaturas independientes bien reguladas pudieran ser un efectivo mecanismo de rendición de cuentas para lo partidos. Y así, en la medida en que lo ciudadanos a través de nuestro voto castiguemos al sistema de partidos, éstos tendrán los incentivos de trabajar mejor, de regularse y sobre todo de velar por nuestros intereses.


Regresar al Índice