Pasión Peje…
Mucho había escuchado sobre la gran efervescencia
que levanta Andrés Manuel López Obrador durante sus mítines políticos,
“más que un candidato parece una estrella de Rock”, me decían
amigos muy queridos, quienes habían presenciado algún acto público
de este personaje, “de verdad tienes que estar allí para sentirlo,
es impresionante la perrada que se aglutina para verlo, tocarlo,
sentirlo; la gente quiere conocer y saber de él y que él sepa
de ellos”.
Pues como yo, hasta no ver no creer; aproveché la visita del candidato
perredista por tierras hidalguenses y me lancé a su mitin político
en un afán por comprobar la supuesta pasión peje. ¿Los resultados?
Sólo he logrado asentar afirmativamente con mi cabeza. He de confesar
que me encuentro un tanto impresionado y sobresaltado, pero sobre
todo asustado, después de tan osada aventura política. Cómo bien
afirman, AMLO no es un candidato cualquiera, AMLO es pasión, desborde,
algarabía, lágrimas y delirio. El fenómeno Andrés Manuel es equiparable
al fenómeno que suscita el grupo juvenil RBD. Y no es exageración.
Lo que observé en la Plaza Juárez de Pachuca Hidalgo, me dejó
abrumado.
Con la plaza abarrotada, Andrés Manuel hizo su entrada triunfal,
a través de una valla metálica –de unos 60 metros de largo aproximadamente-
se desplazó, a paso lento, saludando de mano a las personas que
eufóricamente coreaban su nombre y se empujaban desenfrenadamente
para alcanzar a tocar al candidato del sol azteca, la gente le
aplaudía, le abrazaba y le hacia sentir su apoyo. Al grito de
¡AMLO PRESIDENTE! y con un gallo en los brazos –ave, que momentos
antes le había entregado uno de sus seguidores- arribó a la plataforma
desde la cuál pronunciaría su discurso.
Sus cincuenta compromisos para Hidalgo fueron lo de menos. Plagado
de promesas poco creíbles o literalmente imposibles, López Obrador
subía y bajaba el tono de su mensaje estratégicamente; de un tajó
acusaba al presidente Fox de meter mano en la contienda electoral
y al mismo tiempo desprestigiaba a Felipe Calderón por copiar
tácticas de campaña, para rematar con Roberto Madrazo haciendo
hincapié en lo corrupto de su partido. Con un discurso vago, muy
parecido al del PRI de los 70, al populismo de Luis Echeverría;
Andrés Manuel disfrutaba de su privilegiada posición –primer lugar
en las encuestas desde siempre- y se deleitaba con y de la gente
que lo glorificaba, coreando su nombre en medio de aplausos, gritos
e ímpetu sin mesura. Después de hora y media de discurso AMLO
se retiro del lugar de la misma manera en la que llegó, en medio
de un tumultuoso desborde de pasión.
Hay un hecho que salta a mi vista. Hoy más que nunca entiendo,
con toda claridad, las causas por las que Andrés Manuel ocupa
el primer lugar en la carrera presidencial. AMLO no es un candidato
perredista, Andrés Manuel está más allá de su partido y de los
partidos, más allá de sus discursos vagos, de su imagen desalineada,
o de su peculiar forma de hablar. López Obrador no tiene colores,
no tiene límites, lo sabe y lo entiende muy bien. Obrador apostó
por el México olvidado, por los de abajo, por los débiles. El
Peje va por el México ofendido y menospreciado, el peje va por
la mayoría. Para la perrada él es el bueno, el de la esperanza,
el que vende promesas y ofrece soluciones, aunque difícilmente
podrá cumplirlas. AMLO es simplemente AMLO, quien en medio del
desprestigio e incapacidad de sus contrincantes, se levanta como
un personaje mesiánico que la gente adora; y eso, me aterra. |