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Tabasco: Lo que hay que aprender

De acuerdo al Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) de Tabasco el candidato priísta Andrés Granier obtuvo el 53% de los sufragios emitidos, contra el 43% del candidato perredista César Raúl Ojeda, y aunque faltan 5 por ciento de casillas por contabilizar y otro 4 por ciento de casillas que mantienen inconsistencias, la victoria del priísmo estatal parece evidente. Sin embargo, el desenlace final de los comicios tabasqueños esta muy lejos de establecerse, muy seguramente se recurrirá a los tribunales federales para impugnar la elección y buscar su anulación.

De Tabasco se pueden aprender valiosas lecciones, como todo proceso electoral ha dejado saldos positivos para los vencedores y negativos para los derrotados. Pero más aún, de este proceso electoral en específico, por su naturaleza y dinámica misma, se pueden desprender enseñanzas fundamentales para futuras competencias por el poder.

Andrés Manuel López Obrador –ex candidato presidencial por el PRD- es el que tiene más por aprender y reflexionar. Una vez más es derrotado en su tierra natal. Por tercera ocasión pierde la posibilidad de influir en su Estado. Utilizando su quemado capital político y confiando en su imagen y fortaleza se apresuró a convertir una contienda local en plataforma nacional para su movimiento de resistencia civil. Y he aquí la primera gran lección: Los procesos electorales locales guardan una lógica propia con respecto a los acontecimientos a nivel nacional.

El Sr. López Obrador quiso hacer de Tabasco un asunto nacional y lo enlistó como su prioridad. Aceleró la dinámica, forzó los procedimientos, equivocó sus ideas, configuró erróneamente su visión, no quiso entender que la campaña presidencial había quedado atrás, que ya no era el dos de julio, sino el 15 de octubre; que él no competía, sino que Raúl Ojeda lo hacia, que Andrés Granier no era Roberto Madrazo, y que los Tabasqueños no eran el país.

Primero la imposición de Raúl Ojeda, un candidato perdedor -igualmente por tercera ocasión consecutiva ve frustrada su aspiración a la gobernatura de la entidad- una figura desgastada, con poca credibilidad y confianza. Su postulación nacional se convirtió en florete local de resentimiento, en lugar de unificar, Andrés Manuel y su candidato, obtuvieron división y protesta. Luego se lanzó a hacer campaña, olvidó a su candidato y se dedicó a engrandecer su propia imagen. Utilizó su desgastada estrategia del fraude, su desatinado discurso del “pelele” y del “traidor de la democracia”; confió demasiado en su alta popularidad, creía que sus simpatías se traducirían en votos para su mal candidato.

He aquí la segunda lección: La traslación de votos de una figura carismática o un líder social hacia cierto candidato no se hace en automático. Cómo César Raúl Ojeda no era Andrés Manuel, los electores no le dieron su apoyo. A pesar del alto nivel de aceptación de AMLO en su Estado (véase encuestas de los periódicos Reforma y el Universal, dos semanas antes de la elección) no logró traducirlo en votos para el candidato perredista. En este sentido, Andrés Manuel es responsable de la derrota electoral, pero no por sus acciones de resistencia civil directamente, como el bloqueo en la Av. Reforma, sí por condicionar la lógica de una elección local ha problemas nacionales.

De la segunda lección, se desprende una tercera enseñanza igualmente significativa: El voto de los electores, en este caso los tabasqueños, tiende a la sofisticación. Los políticos mexicanos deberían entender que cada vez más el elector está bien informado y vota conscientemente para maximizar sus beneficios. Los tabasqueños evitaron la intimidación, la cooptación, las campañas negativas y votaron por la opción que les parecía mejor. El voto diferenciado se dio con apenas 100 días de diferencia, el pasado dos de Julio el perredismo de Andrés Manuel obtuvo un aplastante triunfo y ahora el priísmo sale victorioso.

Aquí la última lección: El perredismo ha sufrido una dolorosa derrota, fue evidente la erosión de su capacidad electoral, por lo que deberá dimensionar los daños y dar paso a la autocrítica para salvar su desgastado capital, analizar la posibilidad de desprenderse por completo de un líder que busca el beneficio propio y nunca el de su partido; en sentido contrario, el priísmo se mantiene y vuelve a configurarse como una opción real de poder en un Estado tan controvertido como lo es Tabasco. Una jugada más en el ajedrez electoral y el PRI gana esta partida.

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