Segunda vuelta: Efectos y perversiones
"La fórmula de segunda vuelta desata una
serie de efectos institucionales que inician con un aumento en
la fragmentación del sistema de partidos, continúan con la fragmentación
de la representación política en el Legislativo, y terminan, en
algunos casos y en el extremo, por llevar a un Ejecutivo, artificialmente
dotado de un hipermandato popular, a romper el orden institucional"
Ulises Carrillo ("La ronda perversa. Los efectos de la segunda
vuelta electoral", Este País, núm. 88, julio, 1998).
Muchos políticos, analistas, columnistas y en
general -como bien los llama Jorge Castañeda- la comentocracia
mexicana, opinan que una de las reformas electorales más urgentes
para nuestro país es la segunda vuelta. Es decir, aquel método
de selección que se conforma de dos rondas. En la primera van
todos lo candidatos y sí alguno de ellos no alcanza la mayoría,
es decir el 50% más uno, entonces los dos candidatos con mayor
porcentaje van a una segunda ronda de votación en la que todos
los electores vuelven a emitir el sufragio.
La segunda vuelta llegó a la agenda política poco después de proceso
electoral tan cerrado que tuvimos, y aparentemente, representa
una posibilidad para brindar mayor apoyo y legitimidad al próximo
gobierno y su Presidente. Sin embargo, hay que profundizar en
la discusión y evaluar los efectos que tendría un método de votación
de este tipo en nuestro país. Sí se analiza detenidamente, las
bondades que produciría la segunda vuelta palidecen frente a los
resultados negativos del método. Veamos aquí sus posibles efectos,
y en ocasiones extremas, las perversiones que ocasiona este sistema
en el entramado institucional.
El llamado por una segunda vuelta nace de la posibilidad de que
en una elección cerrada, cómo la ocurrida en nuestro país, se
recurra a una segunda votación para, supuestamente, blindar de
mayor legitimidad al gobernante que resulte ganador, sin embargo,
la segunda vuelta por sí misma no resuelve el problema de la competencia,
sólo lo disfraza.
El método de la segunda vuelta hace que los electores en la primera
ronda voten naturalmente, es decir, por su primera preferencia
y no de manera sofisticada. Me explico: Al tener dos rondas de
votación, el electorado atiende su primera preferencia en la primera
de las rondas, porque entiende que para la segunda ronda –sí su
candidato preferido no resulta en los dos últimos contendientes-
entonces votará por la preferencia que le resulte más rentable;
en otras palabras, y pongámoslo en el contexto mexicano de la
elección presidencial pasada como un ejemplo; muchos electores
preferían a Patricia Mercado como candidata pero se abstuvieron
de votar por ella debido a que un candidato que no deseaban tenía
posibilidades reales de ganar, entonces, votaron por su segunda
mejor opción, es decir, votaron sofisticadamente. Con la implementación
de la segunda vuelta, los mismos votantes hubieran optado por
Mercado en la primera y luego en la segunda por los dos punteros,
que no necesariamente hubieran sido Felipe o AMLO.
En este sentido, el partido de Patricia Mercado hubiera pasado
más fácilmente el umbral de votación requerido y obtenido su registro.
He aquí la primera perversión, la segunda vuelta incentiva la
creación de nuevos partidos y, al tener las elecciones legislativas
de manera simultánea, entonces se reducen las posibilidades de
que el partido del Presidente alcance la mayoría requerida para
trabajar. De esta manera, se experimenta un cambio significativo
al interior del congreso, es decir, más partidos, mayor fragmentación,
por lo tanto mayores posibilidades de gobierno dividido e ingobernabilidad.
Es así como este método desanima la consolidación del sistema
de partidos, por el contrario, anima su fragmentación. También,
ha mayor fragmentación menor capacidad para la rendición de cuentas
debido a que los responsables son menos identificables en el legislativo.
La legitimidad aparente que se alcanza con la segunda ronda es
también un mito. Una segunda vuelta sólo crea una mayoría manufacturada
y poco estable. Al estar dotados de un poder artificial los presidentes
electos bajo esta fórmula, comúnmente tienen mayores problemas
de gobernabilidad ya que la supuesta mayoría que los eligió no
tiene fuerza en el Legislativo y son incapaces de armar coaliciones
ganadoras. Finalmente, la segunda ronda es un método de selección
que no sabe sumar, es decir, no necesariamente lleva al gobierno
a aquel candidato que tiene más apoyo, además de que tiende a
premiar a los perdedores. En la teoría de juegos a este fenómeno
se le conoce como perdedor condorcet.
Los argumentos aquí expuestos sólo son una aproximación de los
efectos que produce la segunda vuelta. Lo único que se intenta
es hacer énfasis en que cualquier posible reforma electoral o
política, debe ser bien analizadas desde diferentes ángulos. Personalmente
creo que el asunto de legitimidad gubernamental debe buscar otra
salida, no es cuestión del método de selección sino de credibilidad
en las instituciones.
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