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Oaxaca y la Fuerza Pública, nada está resuelto…

El Gobierno Federal le apostó al dialogo y a la concesión, se arriesgó a los acuerdos y a las prebendas con la sección 22 del magisterio de Oaxaca; alistó su chequera prometiendo una jugosa rezonificación de 41 mil millones de pesos; trivializó a la APPO y espero su desgaste económico y político. Vicente Fox siempre jugó de un solo lado, Ulises Ruiz y su falso gobierno persistentemente fueron primero, ninguna vez los ciudadanos Oaxaqueños estuvieron en el centro de la discusión.

Los maestros entendieron muy tarde que su margen de maniobra se reducía en la medida en que se radicalizaban, cada vez que se fragmentaban; nunca previeron un movimiento ascendente y fuera de control, al final quedaron siendo parte del problema pero no de la solución. Los miembros de la APPO nunca entendieron el arte de negociar, sí el de confrontar, sí el de dividir y extorsionar. Para los appistas ya no hay retorno, no hay final, o se va Ulises o ellos no se van. Finalmente el Presidente no tuvo otra salida, la fuerza pública era indispensable, necesaria, urgente.

Lo bueno de Oaxaca es que la Fuerza Pública entró y puso orden, lo malo es que se hizo a destiempo, de manera tardía y hasta que hubo una víctima internacional; no bastaron los 15 decesos nacionales, no fue suficiente la muerte de maestros y ciudadanos oaxaqueños, tuvo que venir presión exterior para que el gobierno interviniera. Lo bueno de Oaxaca es que el monopolio de la violencia por parte del Estado se hizo presente y con pocos saldos que lamentar; ya la PFP ha retomado el control de la capital -por lo menos del Zócalo-, han levantado las barricadas del centro y se permite el paso en las principales arterias de la ciudad, lo malo es que los miembros de la APPO se han atrincherado dentro de ciudad universitaria, mantienen Radio Universidad y amenazan con replegarse y resistir, es decir, la ciudad no está bajo control. Lo bueno en Oaxaca es que, con el arribo de las fuerzas Federales, el gobierno emprende una estrategia dominante para resolver el conflicto, dibuja una pauta, comienza otro juego, ahora tiene la ventaja y podrá negociar de manera más efectiva, lo malo es que la condición mínima para distensar el problema pasa por la renuncia de Ulises Ruíz, aparentemente el Gobernador se resiste, no quiere irse, por lo tanto, en Oaxaca nada está resuelto todavía.

Una posible solución pasa, necesariamente, por tres momentos: Primero, la negociación con la sección 22 del magisterio oaxaqueño. De lo que se trata es de restarle al movimiento la fuerza magisterial –casi 70 mil maestros-, por lo que el Gobierno tendrá que pactar con ellos. Anteriormente lo ha hecho pero de manera poco efectiva, hoy, con la presión que ejercen las fuerzas federales, el gobierno debe exigir el regreso total a clases. Los maestros lo saben y entienden que esta es su última oportunidad para ganar, y así recuperar las quincenas caídas y su aumento salarial. Enrique Rueda Pacheco –líder de la sección 22- entiende que sí no llega a un acuerdo y muestra poca capacidad de convocatoria será relegado y sustituido, junto con toda su sección.

Segundo, lo miembros de la APPO no son lo que se decía. La entrada de las Fuerzas Federales se hizo de manera efectiva y con poca resistencia; la Fuerza Federal sólo evidenció falta de Fortaleza en el movimiento. Los de la APPO sugieren prudencia, yo más bien leo debilidad. Si los maestros salen del conflicto, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca verdaderamente estará en aprietos. La potencia que dijo tener será restada de manera considerable, y al tener una inequívoca demanda –la salida del gobernador- los appistas estarán limitados para cualquier tipo de negociación. Y tercero, cualquiera de los dos momentos anteriores, tendrá que pasar irremediablemente por la renuncia o salida del remedo de gobernador que tienen los oaxaqueños. Mal resultado, para Oaxaca y sus habitantes, sería que este lamentable baño de sangre sólo termine con la reinstalación de Ulises Ruiz. Claro hay salidas más honrosas que otras.

Oaxaca es la entidad más pobre del país, con los niveles educativos más bajos, es sin duda, un auténtico botín para los poderosos. El caciquismo engendrado durante generaciones en la entidad ha desencadenado una ola de violencia y represión. La desigualdad y la falta de oportunidades son el día a día para los oaxaqueños. Si bien, el conflicto que actualmente vive el Estado guarda su lógica política, no podemos dejar de advertir que en la punta de la pirámide, existe un profundo reclamo social y una lastimera opacidad de todos y cada uno de sus gobernantes.

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