Dos Hombres con lugares comunes…
Ninguno cómo ellos. Nadie más ha dado tanto material
para comentar cómo estos dos personajes. Estos dos hombres, siempre
protagonistas y perennemente presentes. Durante los últimos seis
años, este par de políticos guiaron al país y a su capital de
acuerdo a sus voluntades y a sus ideas; conforme su visión del
mundo.
Distantes uno del otro -tan lejos que parece un abismo-. Los hacedores
de la política mexicana contemporánea se presentan como adversarios.
Enemigos profundos y rivales audaces. Vicente Fox y Andrés Manuel
López Obrador son irreconciliables uno del otro. Durante un sexenio
lucharon constantemente cada uno a su manera, con su bando, desde
su tribuna y con el apoyo de sus seguidores; de sus fanáticos,
con sus frenéticos hinchas siempre listos y dispuestos al antagonismo.
Hombres altamente apasionados; individuos concientes de su influencia
y permanencia en el entramado político mexicano. El Vicente Fox
del cambio y el Andrés Manuel de los pobres; siempre entregados,
consistentemente confrontados y permanentemente disidentes. Hoy
pareciera que sus diferencias son irreconciliables, y muy seguramente
así sea, sin embargo, si nos detenemos por un momento y pensamos
mejor en estos dos políticos, encontraras más similitudes que
diferencias.
El acceso al poder: Aunque uno gobernó al país un sexenio y el
otro se quedó a milésimas de hacerlo, ambos personajes, encierran
similitudes en su manera o método de persuasión. Vicente Fox y
AMLO son profundamente carismáticos, hondamente seductores. Cada
uno a su modo tuvo la capacidad de convocar, de convencer, y de
esperanzar a miles y miles de votantes. Vicente y su discurso
del cambio, sabía que su victoria se centraba en el alto nivel
de resentimiento hacia al PRI, por lo tanto, ideó una excelente
campaña prometiendo un recóndito cambio en la manera de hacer
política en México. También Andrés Manuel se posicionó sobre un
tema vertebral. El primero los pobres ha sido la bandera que le
ganó miles de seguidores. Ambos, cada uno en su momento, despertaron
esperanza, hicieron creer a sus seguidores qué verdaderamente
las cosas cambiarán. Las expectativas para ambos fueron altas.
Al final, todo quedó en una insondable decepción.
Su travesía en el poder: Ambos fueron electos para comandar una
tarea específica el dos de julio del 2000. Uno para dirigir al
país, el otro para administrar la ciudad más importante del mismo
país. Los primeros tres años de ambos gobernantes fueron medianamente
buenos, sin embargo, después de este punto de quiebre, ambos dedicaron
su tiempo a la misma labor: Desde los pinos y de la jefatura de
gobierno, sólo se dedicaron a buscar el poder. Fox se obsesionó
con la sucesión, primero su esposa Martha fue la elegida, pero
cuando no funcionó buscó a un emergente, Santiago Creel resultó
buena propuesta. A pesar de sus esfuerzos poco le sirvió, porque
un desobediente buscó también la silla presidencial. AMLO desde
su tribuna hizo lo mismo, poco se preocupo por gobernar, más bien
se ocupó en protagonizar y en convertir la tribuna del Distrito
Federal en una gran escalera para acceder a los pinos. Sus grandes
obras –ahora se sabe- sólo sirvieron como plataforma. Ninguno
de los dos hicieron aquello para lo que fueron electos, es decir,
gobernar, servir, procurar y cuidar el bienestar de sus gobernados.
Errores fatales. Ambos son extravagantes, populacheros, con buenas
intenciones pero con ambiciones peligrosas. Finalmente, Vicente
y AMLO solos buscaron su derrota. El primero termina su sexenio
de pésima manera, el segundo se vio en los pinos antes de haber
arrancado la carrera. Los dos son consecuencia de fatales errores,
de fallas inimaginables. Fox y su desafuero, buscando eliminar
a su adversario. AMLO y su prepotencia pensando que su casa ya
estaba en chapultepec. Poco serenos, siempre arrebatados e impulsivos,
Fox y AMLO son el resultado de sus malas decisiones.
Desde esta perspectiva ambos parecen más iguales, más similares,
casi análogos. Finalmente ambos quedaron igual. Con poca credibilidad,
bajos índices de apoyo, presos a las feroces críticas, vulnerables
frente a sus enemigos y sus posibles venganzas. Desamparados,
con poco margen de maniobra y negociación. Al final del camino
fueron los mismos: Hombres ambiciosos que al encontrarse con el
poder se perdieron, he aquí su rasgo característico.
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