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Importantes lecciones desde EUA

El pasado 7 de noviembre los norteamericanos acudieron a las urnas para elegir a sus representantes del poder legislativo y a gobernadores de 36 Estados. Se renovó la cámara de representantes en su totalidad y 1/3 del Senado. El resultado es ya un lugar común: El huracán demócrata arrasó, o mejor dicho, la tormenta anti-Bush causó grandes estragos.

El Partido Republicano sufrió una de las peores derrotas electorales de su historia y, por lo tanto, el Partido Demócrata logró la mayoría en ambas cámaras, así como el triunfo en 20 de las 36 gubernaturas en disputa. El nuevo balance de poder entre demócratas y republicanos se perfila como un enorme choque de fuerzas en esta poderosa nación. Cómo un gran desafío, y por supuesto, retos nuevos y posibilidades distintas –que no por ello mejores- en lo referente a la relación con nuestro país. Pero más allá de los retos bilaterales, vale la pena hacer énfasis en tres profundas lecciones que deja a nuestro país dicha competencia electoral.

El martes pasado los republicanos y su Presidente perdieron estrepitosamente, sin embargo, no necesariamente significó –de facto- un triunfo del Partido Demócrata. Más bien, el éxito de éstos y la derrota de los republicanos puede leerse como un castigo del electorado hacia la política emprendida desde la casa blanca; es decir, una especie de referéndum al que fue sometido George Bush. En otras palabras, los ciudadanos norteamericanos, harto cansados de la ineficacia, la incompetencia, y en general, de los grandes costos de las decisiones de su Presidente –sobre todo en lo referente a la guerra con Irak-, salieron a las urnas y castigaron su desempeño. En este sentido, castigaron a los republicanos dando su voto a los demócratas.

Ésta es la primera lección de los comicios intermitentes en Estados Unidos: La verdadera avalancha electoral castigó al Presidente, pero no necesariamente implicó un desbordamiento de las preferencias de los ciudadanos hacia el partido demócrata. En este sentido, de cara a las elecciones Presidenciales del 2008, los demócratas deben trabajar duro. Cómo oposición están exigidos a entregar resultados, cooperar con el Presidente cuando se debe y defender cuando sea necesario, oponerse de manera estratégica pero nunca servir de candado. Sólo así tendrán verdaderas posibilidades de aspirar a un triunfo Presidencial.

La oposición mexicana, específicamente el PRD y su líder Andrés Manuel, deberían entender que, precisamente, esa es su tarea después del dos de julio. Si bien no ganaron la Presidencia, sí lograron una fuerza histórica dentro de las cámaras que les permitirá negociar y definir en pro de su propio proyecto. Sin embargo, parecen no atender el llamado de los electores y se empeñan en dilapidar su capital político en aras de una loca aventura comandada por un solo hombre.

La segunda lección tiene que ver con la rendición de cuentas. Los ciudadanos americanos entienden al voto como una herramienta racional de castigo. Los pasados comicios fueron un saldo de cuentas. Los electores castigaron con su voto al Presidente, y lo están obligando a replantear su política pública con la intención de recuperar al apoyo perdido. Muestra de ello fue la renuncia de su secretario de guerra horas después del resultado electoral. El Presidente Bush juzgó que el castigo sería más severo si no daba muestras de entender el mensaje. Irak, se transformó así en la punta de lanza contra la política republicana. Lo extraordinario del asunto es que los ciudadanos, a través del ejercicio democrático de su voto, están cambiando las decisiones de sus políticos, finalmente sólo son sus empleados públicos. Así, queda muy clara la cercana relación entre gobernante y gobernado en aquel país. Sí los ciudadanos no aprueban las acciones de sus autoridades entonces castigan, e inmediatamente después, éstos últimos corrigen.

Por último, la civilidad con que se llevó a cabo la elección es para resaltarse. Aquí la tercera lección: La amplia credibilidad y confianza en el método de selección empleado. Después de la derrota, el mismo Presidente salió ha conferencia de prensa para felicitar a sus adversarios y reconocer su derrota. En democracias modernas, sin importar lo sucio de las campañas, el resultado es aceptado por todos. No hay impugnaciones graves, ni dudas razonables, mucho menos descalificaciones, o plantones y marchas. Se respeta a las instituciones y se busca dialogar y trabajar, esperando el próximo ajuste de cuentas en las urnas. Los políticos exitosos entienden que, en la democracia, las derrotas y los triunfos no son para siempre. En México todavía tenemos un largo camino por recorrer.

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