Marcelo en la encrucijada…
Los menesteres políticos siempre son harto complicados,
más cuando posiciones importantes se encuentran en disputa. Las
elecciones democráticas -acompañadas siempre del sufragio universal-
sólo son un instrumento de administración del poder; es decir,
los ciudadanos asisten periódicamente a las urnas para elegir,
renovar, premiar o castigar a sus gobernantes. Sin embargo, una
vez electos, los políticos tienen un amplio margen de maniobra
dentro del gobierno y son libres de hacer lo que mejor les parezca.
Marcelo Ebrard Casaubon ha sido proclamado gobernante electo del
Distrito Federal para los próximos seis años. Ganó las elecciones
del dos de julio con una margen aplastante, 2 millones 215 mil
147 votos, lo que equivale al 46.37% del electorado. Lo trascendente
del análisis en Marcelo no es como llegó al poder, sino qué es
lo que hará de ahora en adelante como Jefe de Gobierno.
Marcelo siempre ha trabajado en las sombras. Continuamente como
el segundo de abordo, nunca tuvo la posibilidad de ser el protagonista.
Siempre bajo la tutela de otro, de un político superior. Sólo
aprendiendo y aguantando, consistentemente asintiendo y obedeciendo.
Hasta ahora le llegó el momento. Por fin Ebrard asciende a la
cúspide de la pirámide política y se convierte en depredador y
ya no más en presa. Hoy Marcelo saborea las mieles del poder,
su posición es privilegiada, pues durante el próximo sexenio gobernará
la ciudad más importante del país, económicamente bondadosa y
políticamente estratégica, apenas la segunda posición política
por debajo de la Presidencia. El “carnal” Marcelo se encuentra
en la antesala del máximo poder, y entiende que los “pinos” están
más cerca que nunca.
Sin embargo, el siguiente jefe de gobierno aún tiene cadenas pesadas
que cargar, una enorme loza que desquebrajar, una autonomía que
ganar y lealtades que romper. Su proyecto no fue del todo exitoso.
En el camino su partido y sus “amigos” se fueron quedando, sólo
él alcanzó el poder institucional. Los otros, sus hasta ahora
jefes, pretenden conservar su predominio en las calles, alimentar
su movimiento desde el despacho del Distrito Federal; colgarse,
sostenerse, devorar a Marcelo sí es preciso. Es lo sabe, lo entiende
bien y espera el momento adecuado para desmarcarse.
Hoy Marcelo Ebrard aparece como una marioneta; cómo el verdadero
“pelele”del “legítimo”. Es un peón más en el tablero de súbditos
que dirige Andrés Manuel López Obrador. Parece dispuesto ha servir
de puente, de interlocución, pero no con los ciudadanos, sino
con el dinero y con las arcar públicas, con el poder que significa
el DF y la posibilidad de mantener un movimiento, legitimo en
su fondo pero vulgar en su forma.
Hoy Marcelo recibe órdenes, el subsidio a la leche -ordenado por
AMLO en su pasado ritual de toma de posesión- da cuenta de ello.
Es un empleado más, eclipsado por el brillo natural de Andrés
Manuel. Un gobernante, democráticamente electo, que mantiene un
bajo perfil, más por comodidad y estrategia que por voluntad propia.
Un jefe de gobierno atado a los intereses de su verdadero patrón.
Obligado a la lealtad, forzado a obedecer y nunca disentir. Pero,
¿hasta cuando? ¿Cuánto más resistirá Marcelo? ¿Hasta cuando continuar
como “pelele”? ¿Cuándo dejar de ser el títere, dejar de ser el
de atrás, el de la sombra para convertirse en el de enfrente,
en el líder, en el aspirante, en protagonista? ¿Cuánto tiempo
más para dejar caer el velo y comenzar la felonía?
Inevitablemente la traición vendrá. El parricidio se consumará
pronto. Es impostergable. Necesariamente Ebrard habrá de romper.
No hay vuelta de hoja, AMLO hizo lo mismo con su padre político
Cuahutemoc Cardenas, hoy, Marcelo Ebrard simplemente seguirá su
ejemplo. La lealtad es un extraño valor en la política, ésta sólo
existe en la medida en que las posibilidades reales de poder son
mínimas. Cuando el deseo de poder se cruza entre aliados, no hay
más que esperar fuego cruzado. Los hasta entonces amigos se vuelven
enemigos. Y no existe otro camino más que el rompimiento.
Hombre bien educado del Colegio de México, técnico brillante del
Salinato, aprendiz prodigio de Camacho Solís, político experto
y con experiencia. Subordinado incómodo de AMLO. Éste es Marcelo
Ebrard Casaubon, el nuevo Jefe de Gobierno del Distrito Federal.
El hombre en perenne espera, el cauteloso “carnal”, el precavido
y siempre listo Marcelo. Ebrard el nuevo protagonista del circo
político mexicano dispuesto a romper, alerta para enfrentar. Marcelo
Ebrard en la encrucijada por el poder.
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