La Plaza del Angel
.
.
.
.
 
  La Encuesta del Angel
A cuantos salarios mínimos asciendo su ingreso mensual?

menos de 4 veces

menos de 10 veces

mas de 10 veces

 
 
..
.

En el Juego de la Gallina: Calderón ganó

Finalmente el multicitado día “D” llegó. La expectativa que se tenía sobre la toma de protesta de Felipe Calderón Hinojosa era muy grande. Ya nuestros “destacados” legisladores habían puesto calientito el asunto con la toma de la tribuna en el congreso, convirtiendo al recinto legislativo en una arena constituyente; en donde los diputados se trasformaron en gladiadores y la tribuna en espectáculo.

En este momento, la política mexicana quedaba reducida en algo menos que un circo. En un pobre espectáculo circense en el que las diferencias se atendían con los puños. El dialogo y la concertación se hacían de lado, para dar paso a la barbarie y la vulgaridad. Esta es la lectura ciudadana, todos nosotros, la gente común y corriente; los ciudadanos de a pie, debemos sentirnos profundamente avergonzados de tan lamentable reunión legislativa.

Sin embargo, en la lectura política el asunto se tornaba harto complejo y por de más entretenido. Durante dos semanas insistí -a través de mis participaciones en la radio- en que el problema se reducía al divertimento. A un juego en el que dos visiones contrapuestas se enfrentaban y en el cual, no había arreglo posible, ningún otro que no fuera la confrontación. En la teoría de juegos (rama de estudio de la Ciencia Política) se estudian los problemas de acción colectiva. Y precisamente, el “chicken” (o juego de la gallina) ejemplificaba el problema político que debíamos resolver.

En el Juego de la Gallina no había ganadores a menos que uno de los participantes cediera, pero el ceder, el dejar espacios, significaba asumir el papel de la gallina; el del cobarde frente a la opinión pública. Y no era un asunto menor, se trataba de una jugada estratégica y muy racional. En el juego clásico, dos autos, timoneados por sus respetivos conductores, dirigen sus vehículos uno contra otro, ante una probable colisión. Precisamente, el peor de los pagos, pero en el mayor de los casos inevitable, es que los autos se encuentren de frente en su loca carrera y se estrellen uno contra otro. Sí alguno de los conductores desiste en su intento de colisión, entonces ése será el gallina y el otro, el que continuó su camino a pesar de la probabilidad de estrellarse, quedará como el valiente.

En este juego quedaba ejemplificado el problema del Presidente Felipe Calderón, ante un dilema de coordinación y acción colectiva profundo no había mejor estrategia que la confrontación. Para el Presidente Calderón no había otro camino, no era el momento de ceder, no tenía margen de maniobra, cualquier otra acción –cómo cambiar de sede la ceremonia de traslación de poderes- sería tomada, por sus adversarios, por la opinión pública y por los ciudadanos, como un signo de debilidad, cómo una acotación de su limitado poder; cómo el síntoma de una grave enfermedad que se prolongaría durante todo su sexenio. No había lugar para los vacíos, tenía que asistir al congreso, con todos los peligros que ello implicará; al final del día, sus adversarios asumirían los saldos negativos del juego.

Pero Calderón jugó por varias bandas y de manera magistral. La noche del jueves, justo cuando el reloj marcaba el primer minuto de su mandato, en nuevo Presidente actuó y no dio lugar para la incertidumbre, no dio espacios, entendió que cualquier vacío era fundamental. Instaló una ceremonia de cambio de poderes desde los pinos. Y aunque no tenía valor institucional, ya que el congreso no estaba presente, tenía un valor mediático cardinal. El Presidente Felipe Calderón asumía el poder desde el primer minuto del 1ro de Diciembre, y nadie podía evitarlo. La certeza y estabilidad del mensaje logrado con esta ceremonia son indiscutibles. La probabilidad de una posible controversia constitucional para la anulación de su Presidencia, al no tener las condiciones para asistir al congreso, se desvanecían.

Ya con esta certeza, para las 9:30 de la mañana, el congreso legislativo hacia lo propio: La tribuna resguardada por los panistas, y los perredístas desde abajo con silbatos manifestando su cólera e inconformidad; los priístas nadando de “muertito” y ganando bajo cualquier escenario. Finalmente, el Presidente Calderón logró tomar protesta en medio de tumultos e improperios de sus adversarios. La confrontación estuvo presente, era inevitable, pero en el sumario Calderón ganó. Y logró una victoria porque entendió bien que en la política, los espacios dejados siempre son ocupados por tus adversarios. Si hay lugar, entonces caminas; y sí te encuentras un campo, entonces corres, el Presidente Calderón no lo permitió.

Regresar al Índice