¿Mano firme o Mano dura?
13 días han pasado desde que el Presidente Felipe
Calderón asumió el poder. Finalmente, logró superar la etapa post-electoral
y protestar como Presidente de México, aunque eso sí; lo hizo
en una mini-ceremonia en donde el mayor protagonista fue el desencuentro.
El nuevo Presidente recibe un país polarizado, confrontado y ofendido.
Por esto, Calderón debe ser cuidadoso y caminar con pies de plomo.
El presidente Calderón es un tipo listo, pragmático y en ocasiones
audaz. El sello de firmeza lo ha llevado toda su carrera. Ahora
como Presidente, quiere mantener la línea y marcar su estilo propio
de gobernar; de ser en el poder. Felipe Calderón entiende la precaria
situación del inicio de su gobierno, y por ello, ha optado por
un perfil firme; el respeto irrestricto a la ley será su talante;
el orden y la gobernabilidad por sobre cualquier cosa. Pero debe
tener cuidado, ya que trota por terrenos peligrosos. Sólo hay
una delgada línea entre la firmeza y la dureza, entre el respeto
a la ley y el inicio de la represión. Cuando la búsqueda de la
estabilidad se vuelca por encima de la democracia, la libertad
se pone en peligro. El equivocarse en está arena puede ser lamentable
y de consecuencias severas.
La transmisión del primero de diciembre es un buen ejemplo. Bien
por Calderón que cumplió la ley, asistiendo a la ceremonia de
toma de protesta, fue una señal positiva. Sin embargo, un intentó
sutil de veto o de encubrimiento de la información ensombreció
su estrategia. La señal oficial fue impuesta en los medios, justo
en el momento en que Calderón salía de su casa para asistir al
congreso; desde ese momento, una narración oficial se apoderó
de las frecuencias y, con conductores bien adiestrados, se contaba
una historia irreal del acontecimiento.
Las imágenes provenientes del canal del congreso, no embonaban
con lo que la señal oficial trasmitía y contaba; con tomas cerradas,
que impedían observar a todos los legisladores, especialmente
a los perredístas, intentaron engañar a la opinión pública, o
por lo menos, trasmitir la idea de que todo transcurrió en calma.
Afortunadamente, el asunto no paso a mucho, ya que algunas cadenas
-especialmente la radio- decidieron saltarse la transmisión oficial
y narrar lo que en realidad sucedía.
Otro mensaje que hay que tomar con reserva, es la conformación
de su gabinete de seguridad y política. Para muestra un botón:
En la SEGOB eligió a un político duro –por decir lo menos-, a
un ex gobernador acostumbrado a utilizar la fuerza; habituado
al uso de la violencia para salvaguardar al Estado; el nuevo Secretario
de gobernación deja asuntos pendientes en Jalisco y recomendaciones
sobre derechos humanos sin acatar. Ramírez Acuña, es sólo la punta
de lanza de la política que, en materia de seguridad, intentará
el nuevo Presidente. Una política de frente, una política de reglas
y de leyes. Nadie por encima del Estado, nadie por delante del
derecho. Y hasta aquí todo bien. Pero insisto, (y debo de hacerlo)
la fuerza y la violencia como instrumento de la política es peligroso.
Este gabinete duro (o de guerra como algunos lo han llamado) es
una apuesta por la legalidad, por la búsqueda de la seguridad
y el acercamiento a la gobernabilidad. Pero el dialogo, y no la
fuerza, deberá ser el principal instrumento.
Y el Presidente sigue enviando mensajes. Aprehendió al principal
líder de la APPO. Y está bien; Flavio Sosa es un delincuente y
no un preso político. Sosa cometió graves delitos en Oaxaca y
debe pagar por ellos, sin embargo, no podemos dejar de lado el
fondo del problema. No se trata sólo de una bola de revoltosos;
el movimiento es más profundo que eso. Calderón no puede inclinar
la balanza de un solo lado, es urgente que Ulises Ruiz también
pague, y se atiendan las demandas sociales de Oaxaca. Sí no lo
hace, estará enviando un peligroso mensaje: El nuevo gobierno
como ejecutor de movimientos sociales. Y estaría, justamente,
abonando al rompimiento del dialogo. El presidente Calderón debe
ser precavido, y no permitir la gestación de la represión en harás
de la legalidad. Nunca la instauración del orden público por encima
de las garantías y los derechos.
Finalmente, es muy temprano para hacer juicios. Me parece conveniente
que el Presidente Calderón intente apoderarse nuevamente del monopolio
legítimo al uso de la fuerza, que parecía inexistente en el gobierno
de Fox. Pero tengamos cuidado, que la política del garrote es
peligrosa. Calderón no puede jugar con dados cargados, tiene que
ser imparcial y aplicar la fuerza de manera estratégica y cuando
la ley lo permita.
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