Lo que el año se llevó…
El año se termina y los saldos son cuantiosos.
Un año firme en lo económico, con los indicadores cotidianos,
con la inflación apenas por encima de lo esperado y sin subidas
drásticas para los bolsillos de los ciudadanos, “estabilidad”
es la palabra que define a la economía mexicana en el último año.
Sin embargo, en lo político la historia es muy distinta. Inédito,
es la palabra que define al 2006 en la arena política, aunque
también podría encontrar otras definiciones, dependiendo del lente
con que lo mires: extraordinario, interesante, a veces cansado
o fastidioso, tal vez sorprendente y hasta divertido. El país
vivió el proceso electoral más competido de su historia; nuestra
joven democracia fue puesta a prueba, nuestras débiles instituciones
se enfrentaron a un enorme reto: de lo que se trataba era de consolidar
al régimen. Desafortunadamente no se logró, por diferentes motivos,
algunos incluso advirtieron un retroceso.
Desgraciadamente para el 2006, en lo político, predominan sólo
dos historias. Dos versiones de lo acontecido. Contrapuestas una
de otra. Están aquellos que se creyeron la historia del maquiavélico
fraude electoral; hombres y mujeres que apostaron; que siguieron,
y que creyeron ciegamente en un hombre. En su Mesías tropical.
Para Andrés Manuel y su gente, el 2006 fue un robo, un agandallamiento;
fueron víctimas de un perverso fraude electoral, orquestado por
los grandes empresarios del país, por la ultraderecha mexicana,
-el opus dai y el yunque incluidos-, acechados por malignos hombres
de poder, que se rehusaban a que la izquierda mexicana alcanzará
la silla presidencial.
Los lopezobradoristas, en las elcciones, sólo vieron a un Presidente
ocupando el aparato gubernamental para frenar a López Obrador.
Para estos ciudadanos, sí “acaso”, AMLO perdió, fue a causa de
las perversas estrategias de sus enemigos.
Y también están lo otros; los que vieron en el pasado dos de julio,
aquel proceso electoral ejemplar, civilizado y limpio. En el que
se compitió de manera igualitaria, en donde ningún elemento externo
(véase Consejo Coordinador Empresarial, Vicente Fox y su fallido
desafuero, la Maestra Elba Esther y sus votos, a través de su
Sindicato, guerra de spots publicitarios y un largo, etc.) Influyó
en el resultado final. Para estos ciudadanos, Calderón ganó limpiamente
y es, sin lugar a sospechosísmos, el Presidente de todos los mexicanos.
Los otros, los necios, los rebeldes, los bárbaros que piensan
en un posible fraude, no importan, son los menos, y por lo tanto,
no hay de que preocuparse.
He aquí las dos lecturas radicales del proceso electoral del 2006.
Pero haber, Vámonos despacio, denme chance de contar mi historia.
Personalmente, después de un intenso análisis de los hechos, no
encontré por ningún lugar evidencia de fraude electoral. Desde
mi perspectiva, el dos de julio se manifestó la voluntad popular.
Una voluntad probablemente mal informada, o influenciada, pero,
la mayoría de los electores, con libertad. Es muy evidente también
que AMLO, por lo menos en parte, tenía razón: Hay evidencia contundente
de que muchas fuerzas políticas y económicas, dirigieron una estratégica
para evitar su triunfo en el proceso electoral, allí está el desafuero
y los anuncios del consejo coordinador empresarial para corroborarlo.
Sin embargo, ninguna de estas medidas estuvo prohibida. Las reglas
del juego no fueron violadas. He aquí el asunto. Todos los competidores,
sabían las reglas, conocían el terreno en el que competían. Por
lo tanto, debían respetar el resultado, sobre todo, cuando no
existió ninguna evidencia contundente de fraude.
Finalmente, así es la democracia, esto es la política; no es más
que la lucha por el poder. La democracia lo único que hace, a
través de sus instituciones, es limitar las ambiciones de nuestro
políticos. En este sentido, nuestras instituciones salieron avantes.
Se recorrieron todos los caminos institucionales. Desde IFE hasta
el TRIFE y, aún con la notable incapacidad de sus Presidentes
(ojo: Carlitos Ugalde qué con sus acciones y declaraciones sólo
complicó el panorama); nuestras instituciones ganaron, aún cuando
su credibilidad disminuyó, tanto el instituto Federal como el
Tribunal Electoral cumplieron su chamba. Por lo demás, son patadas
de ahogado, simbolismos, estrategias para sobrevivir. (Léase bloqueo
en reforma, convención nacional democrática, al diablo con sus
instituciones y peje Presidente)
Así pues, el año 2006 se va y nos deja muchas lecciones. Sin lugar
a dudas, la más grande apunta a un cambio profundo en las reglas
del juego. Al mayor fortalecimiento de las instituciones. A la
reglamentación de las campañas, de las precampañas mismas, de
los tiempos en publicidad y de sus contenidos. Está es mi historia.
Una más moderada, aquella que me parece más apegada a la realidad.
Ustedes juzguen. ¿Cómo ven?
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