La pornografía del poder…
Cuando la periodista Lydia Cacho escribió su
libro “Los demonios del Edén”, sabía que estaba destapando una
cloaca perversa y sucia; se estaba metiendo con gente poderosa
que la perseguiría sin miramiento alguno, que la hostigaría y
buscaría por todos lo medios hacerle daño. Ella lo entendía y
aún así continuo en su aventurero afán por denunciar las redes
de poder que protegen a la pornografía infantil y al abuso sexual
contra menores. Los poderosos demonios andan sueltos, enojados
y listos. Por tal valentía, Lydia Cacho merece mi admiración y
profundo respeto.
La denuncia pública ha sido la única protección que ha mantenido
ha Lydia en la batalla. Hace uno días, el periódico La Jornada
publicó una serie de conversaciones telefónicas entre el “Rey
de la Mezclilla” (Kamel Nacíf) –quien demandó a Cacho por calumnia
y difamación, a raíz de lo publicado en su libro- y el gobernador
de Puebla (Mario Marín). En dichas conversaciones queda clara
la influencia que ha ejercido el gobierno poblano sobre el caso
judicial de la periodista. Y no sólo muestra el poder ejercido
por parte del gobernador para encarcelar ha Cacho, sino la brutal
persecución de la que ha sido objeto.
El 16 de diciembre la periodista fue literalmente secuestrada
en Cancún por cinco agentes judiciales del estado de Puebla –quienes
nunca se identificaron-. Fue trasladada ha esa ciudad, en dos
vehículos por más de 20 horas, en donde se le había acusado por
el delito de difamación y calumnia. Durante el trayecto fue presa
de hostigamiento psicológico y físico. Por órdenes del gobernador
poblano, Cacho fue declarada formalmente presa el 23 de diciembre
del año pasado, afortunadamente pudo salir bajo fianza (104 mil
pesos). Sin embargo, las acusaciones y el hostigamiento continuaron.
Las grabaciones telefónicas evidencian la manera en que el ejecutivo
estatal ha estado interviniendo en el caso de la periodista. José
Kamel Nacif Borge, quien produce mezclilla y controla 7 maquiladoras
en Tehuacan, habla con el gobernador Mario Marín, para saber como
va el caso de Cacho, a lo que el Gobernador le comunica, con singular
folklor, "Ya ayer le acabé de dar un pinche coscorrón a esta
vieja cabrona... Ya le mandé un mensaje. A ver cómo nos contesta".
El empresario le contesta:"... Y yo para darte las gracias
te tengo aquí una botella bellísima de un coñac...". Como
el gobernador dice que se la va a echar, Nacif le responde: "¿Te
la vas a echar? Pues entonces te voy a mandar dos, no una".
En otra conversación, se dice que Lydia Cacho ya está bien recomendad
para cuando esté en la cárcel, “Ya le fue a decir al director.
No te preocupes, aquí locas y tortilleras. Que vuelva a enseñar
a escribir esta hija de su rechingada madre". Lo que hace
suponer, que se buscaba agredir a la periodista mientras estuviera
presa.
En el marcó jurídico de otras naciones, sería inimaginable una
situación en donde las autoridades ejercen el poder del Estado
para perseguir y encarcelar injustamente a un periodista; que
con base en una investigación profunda, con testimonios, entrevistas
y documentos pone en evidencia la redes que protegen la prostitución
infantil y el abuso sexual de menores en nuestro país. En otros
países las grabaciones telefónicas serían un hecho contundente
para retirar del cargo a las autoridades implicadas. Desgraciadamente,
en México no sucede así. En nuestro país, el Estado de derecho
parece inexistente, el gobernador se jacta ante los medios de
su impunidad, empequeñeciendo el suceso: No es su voz la de las
grabaciones, “ya pasaron los tiempos de los reyes magos”, en alusión
de aquellos que “se atrevieron” a pedir su renuncia. En México
no pasa nada, no se mueve nada, nunca se ofrece nada. En México
la justicia es pronta y expedita; pero sólo si algún gobernador
da la orden. En nuestro país la libertad de expresión se permite;
hasta que los poderosos así lo quieren. En nuestro país todo está
bien, nada marcha mal, somos un país justo, honesto y valioso;
pero sólo para aquellos que tienen acceso al poder. El caso de
Lydia me entristece y me llena de rabia. Amigos lectores, que
el valor de Lydia Cacho sea la punta de lanza de un movimiento
mas profundo y trascendente para exigir a nuestros gobernantes
ecuanimidad, parcialidad, justicia; que sea el comienzo para despojar
a la sociedad de su mordaza y gritar que estamos cansados de ¡tanta
pinché tranza! |