El síndrome del mal Alpinista…
Mis muy queridos lectores, ¿ustedes han escuchado
sobre el síndrome del mal alpinista? Sí no lo saben sigan
leyendo, porque aquí lo vamos a aclarar.
Para todo buen deportista de alturas, es decir, aquel que dedica
buena parte de su vida a prepararse arduamente para llegar a lo
más alto de una montaña; es una satisfacción total alcanzar la
cima. Antes de lograrlo, se prepara intensamente, se entrena por
largos años, escala montes antes de montañas, alcanza pequeños
picos antes de escalar el Everest; y una vez que se ha entrenado
lo suficiente y se siente listo, entonces intenta la escalada
compleja, va por la subida final, alcanzar la cúspide es el objetivo.
Finalmente pocos llegan a la cima, aquellos que se prepararon
conscientemente lo logran, los otros, la mayoría, se van rezagando
y se conforman con alcanzar puntos intermedios. Pero la verdadera
lucha apenas comienza. En la cresta del Everest, es en donde se
miden las capacidades de estos hombres. Una vez en la cima, es
cuando comienza el reto. La diferencia entre el gran alpinista
y el escalador promedio, justamente, se dirime en la cúspide.
Aquellos hombres que llegando al pico de la gran montaña, contemplan
su belleza, admiran su poder, se hacen de él y al mismo tiempo
lo ejercen con cordura, éstos son los “grandes”, los que realmente
estaban listos, los que trabajaron duro y una vez en la cima comprendieron
que mantenerse allí sería duro; la caída estrepitosa era sencilla,
pero el conservarse suponía un reto mayúsculo.
Los otros -los escaladores promedio-, sí la benévola fortuna les
concedió la gracia de alcanzar la cima, una vez allí; se pierden;
admirados de su belleza y poderío, allí se quedan, en la contemplación
eterna, seducidos por el espectáculo; los malos alpinistas, atrapados
en su autocomplacencia no se percatan de que el reto va comenzando.
Sobrecogidos, ensimismados, el poder los envuelve, los trasforma,
los corrompe. Y esta es la génesis del síndrome: para el mal alpinista
la cima lo era todo, después de ella no queda nada, y entonces,
ferozmente se trasforma y se dispone a seguir luchando, pero no
para el ejercicio responsable del poder legítimo que ahora ostentan,
sino por el contrario, para la extensión arbitraria de sus dominios.
La cima ha dejado de ser una utopía, ahora lo es todo, y está
dispuesto ha hacerse de más poder por sobre cualquier cosa. Paradójicamente,
los escaladores promedio toda su vida se la pasan trepando, subiendo,
entrenándose para las alturas y en contra de ellas, pero una vez
que están arriba, la cima los pervierte y entonces se marean.
Precisamente esto le está sucediendo al Partido Acción Nacional.
El Síndrome del mal alpinista se está apoderando de los
panistas. En el interior del Partido de gesta una feroz lucha
interna por el control de la institución, dos grandes grupos se
enfrentan en una lucha por el poder. Dos Presidentes -el del país
y el del partido- se han enfrascado, con toda su infantería, en
un peligroso duelo que amenaza con el rompimiento.
Cada vez más en el partido aparecen signos de esta batalla. Las
fibras éticas de sus integrantes se han debilitado. El poder los
ha convertido en mediocres escaladores promedio. En 1939, el PAN
nació cómo una herramienta democratizadora para el país. Así,
se posicionó como el Partido democrático por excelencia, no fue
hasta 1989 (50 años después, y luego de arduo trabajo) cuando
el PAN alcanzó su primera gubernatura; Baja California se convirtió
en la punta de lanza de un proceso democratizador, a partir, de
ese momento, al panismo sólo le esperarían triunfos.
Es ahora cuando el PAN, una vez que llegó a la cima del poder,
luce descompuesto y corrompido. El acceso a grandes recursos públicos,
así cómo la llegada de neopanistas (priístas vestidos de azul)
han facilitado la perversión de está institución. Para muestra
algunos botones: Ana Rosa Pa_an, ex candidata a la Gubernatura
de Yucatán y panista de cepa, renunció la semana pasada a su partido,
después de 23 años de militancia, acusando a su partido de intimidación,
amenaza y compra de votos a favor de Xavier Abreu (el otro candidato).
Un rompimiento costoso para el panismo tradicional y democrático.
De la misma manera, en Aguascalientes, el gobernador panista Luis
Armando Reynoso, ha sido desconocido por su mismo partido acusado
de falta de transparencia al contraer una deuda de 2 mil millones
de pesos. Y las pugnas siguen: En el distrito Federal, en donde
compite por la dirigencia la prima de la primera dama Margarita
Zavala, la lucha está al rojo vivo, y también, la renovación de
la dirigencia en Hidalgo ha tenido sus fracturas.
Los focos rojos en el Partido son evidentes. Finalmente al PAN
no le queda otro camino que la recomposición; el poder lo alcanzo
y no han sabido administrarlo. Cómo la misma Ana Rosa Payán afirma:
"está en un punto de quiebre (El PAN) y debe rectificar y
corregir ese tipo de prácticas".
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