En política exterior, hay que
ser claros…
“No opinar es justificar las cosas con el agotado
principio de ‘no intervención’ y subordinar así a los auténticos
demócratas —como Calderón—, a los derechos humanos y a la democracia”
Jorge Castañeda
En los menesteres diplomáticos se debe ser franco y transparente.
La nueva dinámica internacional y las relaciones entre los diferentes
países así lo exigen; aunque no podemos soslayar que las formas
y los modos continúan siendo importantes. Buscar un equilibrio
entre la franqueza y las formas internacionales es el desafío.
El Presidente Calderón parece entenderlo. Todo esto a propósito
de las declaraciones de su homologo Hugo Chávez, que ni tardo
ni perezoso, le acomodó bien el chaleco y se sintió ofendido por
las declaraciones del Presidente Mexicano.
Chávez volvió a sacar las garras y arremetió contra Calderón:
"Señor presidente de México: si usted quiere que lo respeten,
¡respete! ¿Escuchó, camarita?...", remató diciendo: "Este
caballerito va por el mismo camino" de su antecesor.
El foro económico mundial de Davos, en Suiza, fue el lugar del
desencuentro. Una síntesis de lo sucedido puede quedar así: Calderón
fijo su postura de gobierno en materia económica mencionando a
Venezuela como un ejemplo de lo que no se debe hacer, El presidente
de Brasil -Lula Da Silva- defendió al Presidente Venezolano y
finalmente Hugo Chávez despotricó contra Calderón a su muy peculiar
estilo. La respuesta del Presidente Mexicano fue meramente institucional,
descartando las descalificaciones personales.
La prensa mexicana ha hecho de dichas declaraciones tema de la
agenda pública. Y entre las más severas críticas a lo sucedido
se encuentran tres, las cuáles me gustaría revirar:
Primero, para algunos analistas Calderón se tropezó con la misma
piedra que Vicente Fox y también cayó. De hecho sí tropezó con
la misma piedra, pero en definitiva Calderón actuó mejor que su
antecesor. Para Calderón han sido importantes los modos y las
formas diplomáticas, muestra de ello es la respuesta institucional
que le dio ha Chávez. No se dejó atrapar por la pasión del momento
y no permitió una respuesta equivocada, justo como nuestro pasado
Presidente lo hubiera hecho. Una diferencia significativa.
Segundo, con mucha pena he leído a buenos analistas afirmar que
el pleito que “compró” Calderón fue innecesario, ¿pero qué necesidad
de pelearse con Venezuela? ingenuamente afirman. El presidente
fue a Davos para atraer inversionistas extranjeros, fue a una
gira internacional para posicionar a México en el mundo, se trataba
de mandar un certero sobre un México seguro, confiable y atractivo
para las fortunas internacionales. En este sentido, la única manera
de lograrlo –ahora que la incertidumbre y las nacionalizaciones
frecuentan América Latina- fue a través de la diferenciación.
Decir lo que no somos (En definitiva no somos Venezuela) y afirmar
lo que sí podemos ofrecer. Por lo tanto, la confrontación con
países que son justamente son eso que no queremos ser, era inevitable,
incluso necesaria para marcar la diferencia entre México y los
otros países (Venezuela, Bolivia, Nicaragua) y así, atraer las
inversiones. Este era el objetivo del Presidente al hacer la gira,
sí no fue simplemente de paseo señores.
La última crítica dice que Calderón violó el principio diplomático
de “no intervención” entre las naciones, además de qué no tiene
una agenda definida en materia diplomática. Grosso error. Sí algo
tiene bien claro el Presidente Mexicano es su agenda internacional;
todas sus declaraciones van en un sentido: Hacer de México el
país para invertir, su discurso y acciones sobre seguridad pública,
respeto al estado de derecho, al libre mercado y la conformación
de una reforma fiscal completa dan muestra de ello. Sus giras
internacionales iniciaron en Sudamérica, lo cuál indica su intención
de posicionar a México cómo líder en está región. Por lo tanto,
el pleito con Chávez va más allá de las dichos, se están peleando
por el liderazgo en América Latina, ni más ni menos.
Concurro con la tesis de Jorge Castañeda: “México no puede ser
amigo de todo mundo”, y precisamente el Presidente está siendo
selectivo. El presidente Venezolano se radicaliza cada día más,
valiéndose de la democracia para instaurar su neoautoritarismo.
En definitiva, es un gobierno del que debemos diferenciarnos y
por lo tanto alejarnos.
Por último, la “no intervención” es un viejo mito de la diplomacia.
Ningún país debe hacerse el ciego y quedarse callado ante las
barbaries que suceden en el mundo. Si Hugo Chávez está llevando
a Venezuela a un autoritarismo desmedido, extendiendo sus poderes
por encima de la democracia y violando libertades y derechos fundamentales,
México no se puede quedar sólo mirando.
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