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Le pasan las facturas al IFE

Ahora resulta qué en el marco de la discusión para una reforma de Estado, entre ellas una reforma electoral de fondo, los nuevos paladines de la democracia –los priístas- convocan a los diferentes partidos políticos para una renovación total del consejo general del IFE.

Astutamente, los congresistas del PRI llaman a una remoción urgente de los consejeros electorales; y ni tardos ni perezosos, los perredístas se trepan al barco. Los primeros aprovechan el momento para aumentar su margen de negociación y protagonismo; los perredístas simplemente buscan una revancha; intentan un pago de factura. El asunto se dibuja como una reparación de daños para los perdedores de la pasada justa electoral.

Pero el asunto es complejo y altamente delicado. La remoción total del consejo –por incentivos meramente personales, como la venganza política- supone un retroceso institucional. Se trata de un ajuste de cuentas personal que podría dinamitar al IFE. La remoción sentaría un peligroso precedente para las instituciones electorales. No se trata de meros funcionarios públicos por remover, sino de un bombazo directo a la institucionalidad del máximo órgano electoral.

He de aceptar que el desempeño de los consejeros, sobre todo de su presidente, no fue el idóneo en la pasada elección presidencial. De hecho fue mediocre e ineficiente. Sobre todo en lo concerniente a la estrategia de comunicación. El IFE, a través de las declaraciones de Luis Carlos Ugalde (su presidente), dejo espacios para que la incertidumbre y la duda se posaran sobre el proceso electoral. (Todos recordamos las numerosas casillas con inconsistencias que no fueron contadas en el PREP). El Presidente del IFE dio lugar al sospechosísmo electoral, dejando peligrosos vacíos que los competidores políticos fueron ocupando; logrando una escalada de la duda razonable sobre la elección.
A pesar de todo, ninguno de estos errores fue fundamental en el resultado. Finalmente se demostró la inconsistencia de la maquiavélica historia de fraude electoral. En la medida de lo posible el árbitro electoral actuó bien desde su peor escenario –una competencia muy cerrada- acatando los procedimientos y la norma electoral. En este sentido, el llamado a la remoción total del consejo del IFE se antoja exagerado.

Lo que sí se debe discutir, en el marco de una reforma electoral profunda, es una estrategia de fortalecimiento de la Institución a través de la dotación de mayores atribuciones. (Mayor capacidad de fiscalización, menor presupuesto a los partidos, homologación del calendario electoral, regulación de las precampañas, reducción de los tiempos de campaña, regulación de los espacios en los medios, y un largo etc)

Bajo este contexto, el llamado a una remoción del consejo parece surgir más de incentivos vengativos que de una estrategia reformadora. La mala actuación de los actuales consejeros necesariamente nos lleva a una seria evaluación de los mismos y, por lo tanto, a una nueva valoración y definición de las reglas y los procedimientos de la institución electoral. El linchamiento debe quedar de lado.

Brújula Ciudadana

Las altas prerrogativas que gozan los consejeros y, en general, los altos mandos del IFE son ofensivas. El costo de la alta burocracia en México indigna. Tenemos un aparato gubernamental musculoso e ineficiente. Ésta es una historia aparte, no tiene relación alguna con el desempeño de los consejeros y su intento de remoción. Sin embargo, el escándalo abre una sucia cloaca que tiene que ver con los grotescos beneficios de los altos funcionarios del Estado. Aquí es donde debemos reformar y no andar buscándole tres pies al gato en otros asuntos.

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