La Plaza del Angel
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  La Encuesta del Angel
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Todo quedó en ajuste cuentas…

Y la estrepitosa caída libre continúa. El PRD no acaba de entender su papel en el andamiaje político y social del país, o más bien, no quiere entenderlo y se conforma con el pago de facturas en el corto plazo, con las venganzas inútiles y la liquidación de afrentas personales. Una oportunidad tras otra deja ir el más grande partido de izquierda en México. (Y por grande me refiero al más numeroso)

El pasado fin de semana, lo que debió haber sido el primer gran ejercicio de autocrítica perredista se convirtió en un soez ajuste de cuentas; en una vulgar lucha de poder interna entre las diferentes tribus que conforman al partido. Durante su sexta Convención Nacional, el PRD y sus dirigentes dejaron escapar una valiosa y urgente oportunidad para redefinirse cómo partido, cómo oposición y finalmente, cómo una opción política real, moderna y confiable para los mexicanos.

La gran pregunta de la convención era: ¿Qué es, qué quiere y que debe hacer el PRD de cara al actual contexto político mexicano? ¿Cuál es el camino para convertirse en una oposición congruente, lógica y fuerte; y cómo dejar de ser los radicales, los violentos y los recalcitrantes? Sin embargo, el cuestionamiento central fue: ¿Quién me la debe y cómo me la paga? En este sentido, los amlistas-bejaranistas se enfrascaron en un ríspido combate contra los chuchos. Los resultados pueden leerse como un empate:

Dolores Padierna (Esposa de René Bejarano, “el señor de las ligas”) obtiene la secretaria de planeación dentro de la dirigencia Nacional, apoyada por los amlistas y formalizando así su grotesca alianza. Del otro lado, los chuchos (Ortega y Zambrano) logran acotar el periodo de vida de Leonel Cota (cómplice y comparsa de AMLO) para mediados de Agosto próximo y así abonar el camino para una intestina lucha por la dirigencia; en la que ahora sí, muy seguramente los poderosos chuchos alcanzarán la Presidencia del partido.

Finalmente, el “gran pastor” Andrés Manuel –más en un ánimo de revancha y no de sensatez ideológica- revira su posición y decide vetar a Ana Rosa Payán como candidata del partido para la gubernatura de Yucatán. Y al mismo tiempo, ofrece en sacrificio –para calmar los ánimos entre las tribus- a su fanático más leal, “el valuarte democrático” de Gerardo Fernández Noroña; quién ya no será vocero del Partido pero se mantiene como Secretario de Comunicación.

Y todo quedó en eso, en un absurdo pago de agravios. Sólo algunas leves luces de autocrítica razonable, provenientes de Guadalupe Acosta Naranjo (Secretario General del partido) acusando al señor López de haber impuesto, y después echado abajo, la postulación de la ex panista Ana Rosa Payán en Yucatán. Acosta Naranjo afirmó: “Él conocía la decisión, él compartía la decisión, pero para algunos al santo patrono no se le puede decir nada y no lo quieren reconocer"

Justo esto hace falta al interior del partido: valor, congruencia y autocrítica. De lo que se trata es de reflexionar sobre los errores cometidos durante la pasada elección presidencial; cuestionarse cómo un partido perdió una ventaja de más de 15 puntos porcentuales en menos de mes y medio, que falló en la estrategia, cómo un líder tan poderosos se desplomó en la recta final de la competencia; porqué el partido se dejó seducir por este líder y lo acompaño en su loca aventura del fraude electoral; porqué permitieron la dilapidación del enorme capital político que obtuvieron de la contienda presidencial, porqué permitieron que la imagen moderna del PRD –que con tanto esfuerzo habían construido- se esfumara para dar paso a la radicalización.

Finalmente, se trata de ponerle nombres y apellidos a los culpables de la dolorosa jornada del pasado dos de julio. Y aquí no hay vuelta de hoja; el gran culpable –que no el único- de la peligrosa crisis que hoy atraviesa el Partido de la Revolución Democrática se llama Andrés Manuel López Obrador. Hay que decirlo, y dejarlo muy claro. Sólo así el partido podrá nuevamente comenzar a construirse.

Brújula Ciudadana

Está incapacidad para la autocrítica y autoevaluación no es exclusiva del PRD. Más bien se ha convertido en un lugar común al interior de los partidos mexicanos. Ó Dígame, querido lector, sí después de la derrota del dos de julio del año 2000, el PRI se sentó a la mesa para analizar y reflexionar sobre lo sucedido. Una tragedia sin duda para este partido, después de 72 años perdió el poder y, hasta ahora, no ha hecho una seria evaluación de sus errores. El próximo domingo releva su dirigencia, sin embargo, la naturaleza del otrora partidazo se mantiene. Incluso se fortalece.
 
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