A 100 días de la crisis…
Casi 100 días han transcurrido desde la controvertida
toma de protesta del Presidente Felipe Calderón Hinojosa; cada
vez más, con el transcurso del tiempo y las acciones gubernamentales,
se erosiona la nebulosa tiniebla que enmarcó el inicio de su gobierno;
la incertidumbre se aleja, las pasiones se controlan y la denuncia
desaparece. Después de tres meses, resulta claro quién está al
mando del Ejecutivo. Y, aunque la percepción ciudadana respecto
al nuevo gobierno ha mejorado, el optimismo exacerbado y los buenos
resultados parecen aún muy lejanos.
Felipe Calderón recibió un país confrontado y ofendido; con un
buen porcentaje de mexicanos que no creían en su triunfo, que
no confiaban en él. El Presidente, a diferencia de su predecesor,
no gozó del “bono democrático” tan necesario en la difícil tarea
de gobernar. A partir del primero de diciembre el nuevo mandatario
enfrentaba dos retos descomunales: la búsqueda de la legitimidad
y de la gobernabilidad serían prioritarios.
Calderón dio signos de entender pronto la situación y emprendió
una serie de acciones para aminorar el enfado y el desánimo colectivo.
La columna vertebral de su estrategia se concentró en el combate
a la inseguridad; lo que se intentaba era enviar un mensaje de
fortaleza a los ciudadanos, mostrar que México realmente contaba
con un Presidente, con un jefe del ejecutivo, y no con un “pelele”
en el gobierno.
Se trataba de hacerse sentir, de hacerse notar; de hablar con
los ciudadanos a través de las acciones. La política pública como
un instrumento para lograr legitimidad y alcanzar gobernabilidad
en el país. Y el único método eficaz fue una declaratoria de guerra
contra el narcotráfico y la delincuencia organizada. Una batalla
terrible y costosa que el nuevo gobierno estuvo dispuesto a enfrentar.
Y hoy, a 91 días del inicio de su mandato no se puede hacer análisis
sobre los resultados, sí sobre las percepciones y opiniones de
los ciudadanos, en dónde, aparentemente, Calderón va ganando.
Pero el Presidente no sólo llegó con mano firme al gobierno, sino
con mayor control y disciplina sobre su gabinete marcando diferencias
sustantivas con su predecesor. Parecía que la política de la improvisación
era eliminada para dar paso al buen arte de gobernar. Calderón
tampoco olvidó a las clases marginadas (aquellas que apostaron
por AMLO y seguían creyendo en un fraude electoral) y puso en
marcha programas sociales como el de guardería y de servicios
médicos de salud, el seguro popular para una nueva generación
y el programa del primer empleo.
Programas seriamente vulnerables a la crítica especializada, pero
que encontraron buen eco dentro del grueso de la población; justo
lo que Felipe Calderón necesitaba. Además, toda la estrategia
de inicio del gobierno fue de la mano de una gigantesca campaña
publicitaria. Sí de lo que se trataba era de convencer a la población
y tener contacto directo con los ciudadanos, qué mejor instrumento
que la radio y la televisión. Cada spot representaban oxigeno
puro para el nuevo gobierno.
Es ahora cuando Calderón obtiene buenos dividendos. Según la encuesta
de evaluación de Grupo Reforma, el Presidente ha logrado buenos
márgenes de aprobación ciudadana (58%) y una calificación aprobatoria
de 6.6. Para la gente, su mayor acierto ha sido el combate al
narcotráfico (26%). También, la mayoría opina que se ha desempeñado
bien en salud (60%) y Educación (55%); aunque en los rubros de
pobreza y empleo (principales promesas de campaña) el 27% y el
32% respectivamente, opinan que ha mostrado mal desempeño.
Finalmente, en la pregunta que sintetiza el objetivo de sus primeras
acciones, Calderón logra su objetivo: El 54% de los entrevistados
opinó que la elección del dos de julio fue legítima. Más de la
mitad confía ya en los pasados comicios electorales, aunque todavía
un 34% mantiene la idea del fraude.
Es aquí donde el Presidente ha resultado exitoso y, más allá de
los resultados de sus acciones, con la política pública implementada
ha logrado construir una aprobación mayoritaria e influir positivamente
en la percepción ciudadana, abonando certeza y confianza en la
población. El objetivo de los primeros tres meses de gobierno
se ha cumplido. Con la silla presidencial estable, lo que le corresponde
ahora al Presidente es alistarse para las grandes batallas, para
la lucha contra los poderes fácticos; el verdadero desafío apenas
comienza, estamos en espera de resultados.
Brújula Ciudadana
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) falló en favor
de los militares con sida, señalando que “ningún militar podrá causar
baja forzosa del Ejército sólo por el hecho de ser portador del
VIH”. Bien por los ocho magistrados que consideran esta posición
como discriminatoria, pues califica de “inútiles” a personas que
pueden pasar años sin desarrollar la enfermedad; el falló sienta
un precedente contra la discriminación y genera jurisprudencia positiva.
Mal por los otros tres magistrados que férreamente se opusieron
al tema.
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