Otro domingo de Dinosaurios…
Esto ya se está convirtiendo en un lugar común,
en una obra mal escrita, en un perverso montaje que continuamente
se reproduce dentro de la “gran familia revolucionaria”; los priístas
no más no entienden y se rehúsan al cambio, es más, ni siquiera
están dispuestos a la crítica y la reflexión seria sobre su porvenir.
Y es que el fin de semana pasado, OTRA VEZ, presenciamos un domingo
de Dinosaurios; una jornada más que al PRI se le va de las manos;
otra oportunidad más que los priístas dejan escapar para autocriticarse
y definirse. La cuarta Asamblea Nacional Extraordinaria del Partido
Revolucionario Institucional, celebrada hace unos días, no ha
servido de nada.
Está reunión no sólo evidenció la terrible crisis de identidad
y la división interna que vive el Partido, sino que, también,
fue un fiel reflejo de la verdadera naturaleza priísta: Hombres
pragmáticos; militantes pequeños, políticos cínicos y poco preocupados
por su definición ideológica, y más avocados al fortalecimiento
de sus poderes regionales.
Esto es el PRI y ha nadie debe sorprender. Constantemente he señalado
la falta de capacidad que el PRI muestra para renovarse, para
cambiar y trasformarse en un verdadero partido; en una institución
democrática, esto es, con reglas y procedimientos claros y aceptados
por la mayoría.
Y mi argumento se fortalece con cada acción de los priístas, a
cada pronunciamiento de sus dirigentes. Se hace evidente cuando
no se logra en quórum para la discusión y el debate sobre su definición
ideológica; el argumento toma sentido cuando sus líderes piensan
más en los mecanismo para conservar su poder que en la trasformación
profunda del partido, la idea de la no renovación se consolida
cuando la principal discusión, en la Asamblea extraordinaria del
partido, es la imposición de candados a la dirigencia nacional,
impidiendo la promoción de candidaturas locales; atando las manos
de la nueva dirigente y dejando el camino libre a los virreyes
estatales.
Pero Beatriz recula y promete llevar al partido a una “cuarta
etapa” con base en los principios de “legalidad, democracia y
transparencia” y también hace un llamado a la unidad y a evitar
la “balcanización del PRI”. Demasiado tarde, el PRI ya está fragmentado
en unidades político-territoriales menores, separadas y hasta
enfrentadas. Parece un llamado a destiempo y el desafió continúa
sin una respuesta contundente.
El PRI ya no está en la encrucijada y éste no es su último llamado,
-de hecho ya no responde a ninguno- y dónde todos los críticos
ven una oportunidad de cambio, de trasformación y reivindicación;
los priístas simplemente abonan el camino para su extinción y,
paradójicamente, la extensión de su dominio territorial y el fortalecimiento
de sus feudos; finalmente aquí se concentra su fortaleza y poder
de los diferentes pris del país. En la conservación e incremento
de sus poderes locales se halla el factor de supervivencia, ¿pero
hasta cuando? Parece ser la principal interrogante.
El PRI quiere regresar al poder pero no sabe cómo hacerlo, la
naturaleza democrática del país no embona con los priístas. El
partido (desde hace 7 años que perdió el poder presidencial) luce
desdibujado y descompuesto, sumergido en una crisis de identidad;
huérfano poderoso y fiel de la balanza, el PRI se muestra dispuesto
ha mantener, precisamente, el camino que lo llevó a convertirse
en la tercera fuerza política del país y contando.
Brújula Ciudadana
Ha nadie debería importarle sí el PRI gira a la izquierda, a la
derecha o ambos lados al mismo tiempo. Ni siquiera sus votantes
duros ubican bien a su partido en el espectro ideológico (ver encuesta
del lunes en el Universal). Los priístas entienden que la definición
ideológica aporta poco a sus fines últimos. Los líderes entienden
que en México la ideología es abstracta y define muy poco, más bien,
la identificación partidista es la que define a la ideología. En
México lo que más aporta son los posicionamientos sobre temas específicos.
|