George W. Bush: Too late my friend…
Lejos han quedado aquellos años mozos en que
Geroge W. Bush gozaba de popularidad y poder descomunal. Lejos,
también, aquellos momentos tersos en que se fraguaba una estrecha
relación de cordialidad y “amistad sincera” entre los mandatarios
de México y Estados Unidos. Luna de miel que comenzó en el rancho
de San Cristóbal Guanajuato, cuando Vicente Fox y Bush se fundían
en la familiaridad, se entrelazaban en el respeto y se encontraban
cómo dos buenos rancheros de distintas latitudes, pero al fin
y al cabo, dos buenos rancheros.
Casi siete años después la situación es muy distinta. Primero
vinieron los ataques terroristas y el 11 negro, acompañados de
la tardía, torpe y contradictoria respuesta del gobierno Foxista,
paralizando la supuesta relación amigable entre ambos mandatarios;
luego México se opuso férreamente ante Estados Unidos y su postura
bélica frente a Irak, Vicente Fox –atinadamente- se pronunció
en contra de la guerra. Del voto en contra devino la indiferencia.
La luna de miel se terminaba más pronto de lo esperado y la “enchilada
completa” en materia migratoria se quedaría en buenos deseos.
Luego vino la debacle de Bush a través de sus electores. En las
elecciones de noviembre pasado, el partido Republicano perdió
la mayoría en ambas cámaras y sólo ganó 16 de las 36 gubernaturas
en disputa. Los demócratas se alzaron con la victoria y se beneficiaron
de la baja popularidad del Presidente Norteamericano. Los electores
sometieron a una especie de referéndum a Bush y éste no paso la
prueba. Hoy, a siete años de distancia, Bush no es amigo de México
y luce cada vez más descompuesto.
Bush es un “pato lisiado” (lame Duck); un Presidente acotado y
con menor poder real que en el pasado. Atrapado en una espiral
de impopularidad debido a su torpeza e ignorancia con respecto
a la guerra en Irak y con su país sumido en el déficit público
más grande de su historia (480 mil millones de dólares). Hoy Geroge
W. Bush está en México y muy tarde voltea la cara hacia América
Latina en un intento desesperado por rescatar algo de su terrible
resaca.
¿Y para que viene Bush a México? La respuesta es simple y llana,
no viene a nada. Un Bush desgastado y que se encuentra en el final
de su mandato no sirve de mucho a los mexicanos. Por supuesto
que es importante que el Presidente del país más poderoso del
mundo nos visite, pero por el contexto en que lo hace pocas cosas
positivas dejara a nuestro país. Más allá del oneroso gasto en
que incurrirá el gobierno mexicano para atender a tan digno mandatario,
y de las fotos, los tours, las visitas, las comidas y el despliegue
mediático, la visita no rendirá frutos. ¿Sí es así, entonces que
tiene en mente el Presidente Bush?
Bush ahora atiende y entiende a América Latina cómo un salvavidas.
En Washington las cosas están al rojo vivo, cada vez más, se tiene
la percepción generalizada de que el actual Presidente Norteamericano
ha sido el peor de la historia de aquel país. Inmerso en una severa
crisis de credibilidad Bush –torpemente- considera que voltear
al hemisferio, que durante sus dos periodos al frente del gobierno
había desdeñado, le significará una oportunidad para repuntar
y elevar su nivel de posicionamiento frente a los electores de
su país, de cara al próximo relevo Presidencial. También, sí ya
pasará a la historia cómo el peor Presidente de la nación más
poderosa, entonces no quiere también que la historia lo juzgue
cómo aquel mandatario que permitió e incluso incentivo el nacimiento
y consolidación de un temible cacique latinoamericano: Bush quiere
restarle liderazgo a la imagen que ha construido Hugo Chávez en
el continente.
Pero mal y de malas emprende Bush su estrategia de reconciliación
con América Latina. Todos los estudios de opinión señalan la baja
popularidad del presidente en el hemisferio. De poco le servirá
la gira para incentivar a sus electores y, contrariamente a lo
planeado, Hugo Chávez y su eje de izquierda radical se verán fortalecidos.
Tarde, muy tarde, Bush decide dar la pelea en países Sudamericanos,
a cuenta gotas brinda apoyos de caricatura, que palidecen frente
a la petrochequera de Chávez. Hoy Bush, el mandatario fantasma,
visita nuestro país.
Brújula Ciudadana
Calderón tiene poco que ganar, pero sí hay algo. Nuestro Presidente
debe definirse frente a un torpe mandatario de un imperio en problemas.
Sin muchas expectativas, Felipe Calderón parece listo al encuentro.
Establecer prioridades, así cómo el tipo de relación bilateral frente
a Estados Unidos debe ser su principal objetivo. La posibilidad
de un acuerdo migratorio tendrá que esperar, los actores con los
que se discutirá dicha propuesta están por venir. El 2008 será un
mejor año para la materia.
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