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Poder ciudadano: La ley de Radio y Televisión

Imagina el Distrito Federal; una ciudad cosmopolita, con avenidas limpias, con industrias que no contaminan, con muy pocos autos y todos ellos ecológicos, una ciudad muy segura, ¡sin tráfico! Una ciudad civilizada e incluyente. ¿Imposible? Bueno, entonces imaginen a políticos honestos, responsables, eficaces, conscientes de su responsabilidad como servidores públicos; piensa en legisladores decentes, decorosos, ¡Virtuosos! ¿Imposible? Sin duda, a menos que hagamos algo. ¿Por qué no imaginar ciudadanos responsables? ¿Por qué no pensar en la masa social como algo más que una masa inerte? ¿Por qué no trasformar la indeferencia ciudadana en acción ciudadana? ¿Por qué no dejar de imaginar para ponernos a trabajar? ¿Imposible? No lo creo.

El pasado 29 de noviembre la cámara de diputados (nuestros legisladores que muy seguramente se han pasado todo el año protegiendo y haciendo leyes en nuestro beneficio) aprobó en "fast track" y por unanimidad, reformas a la ley Federal de Telecomunicaciones y a la Ley federal de Radio y Televisión. La discrecionalidad con la que ha contado el gobierno mexicano en materia de concesiones, ha producido un fenómeno muy particular en nuestro país. -y digo particular por que somos el único país en que se permite esto-: Un atroz Monopolio telefónico y un descarado Duopolio Televisivo.

En este sentido, suena bien hacer algunos cambios a la ley de radio y televisión, más bien suena urgente. Aparentemente nuestros legisladores lo entendieron y en un congreso en el que hacen de todo menos ponerse de acuerdo, se logró “mágicamente” consensar modificaciones a la ley de radio y televisión. ¡Bien! Sin embargo, las cosas cambian cuando se hecha un vistazo más profundo a la aprobación de la ley.

En términos generales, se le asignó el poder de ceder concesiones a la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL) en vez de la Secretaria de comunicaciones y transportes (SCT). Antes la SCT otorgaba las concesiones sin ningún pago de por medio; con está ley la COFETEL será la encargada de derogarlas a través de una subasta pública. Pero haber, permítanme tantito. Una subasta consiste en ofrecer un bien al que mejor pague, es decir, otorgar una concesión –de radio o televisión- al mejor postor; al que tenga más dinero. Pues qué no Televisa y TV Azteca tienen bastantes millones ahorrados. Reflexionando más en esto, (corríjanme si me equivoco) ¿qué no el titular de la COFETEL es nombrado por el Ejecutivo?, en eso no hay mucha autonomía ¿o sí?

Analizando el artículo 28 de la misma ley, las cosas se ponen más feas. Pues de acuerdo a éste, bastará con que el concesionario presente una solicitud a la SCT para ampliar sus servicios. La Secretaría lo autorizará inmediatamente. En la misma lógica, el asunto de la tecnología tampoco me cuadra, por estándares mundiales, la señal análoga debe ser reemplazada por una señal digital de mejor calidad. Para que se den una idea, la señal digital es seis veces más eficiente que la análoga y en el caso de la televisión es posible introducir cuatro programas de televisión digital en el mismo ancho de espectro por el que se transmite un programa con señal analógica. En este sentido, los actuales concesionarios podrían utilizar solo una tercera parte del espacio concesionado. 4 por uno, nada mal. Pues está ley permitirá que los espacios sobrantes al digitalizar la señal sean utilizados por los mismos concesionarios sin que el Estado pueda intervenir para regularlos o ya de menos cobrarles algo.

Bajo está perspectiva la nueva ley de radio y televisión parece un doble blindaje a los actuales concesionarios. Por un lado, garantizan que el próximo gobierno federal no tenga la capacidad de cambiar los términos de las concesiones y, por el otro asegura que sean los grandes consorcios de la industria quienes adquieran las concesiones subastadas por la COFETEL. Por lo pronto, la ley se encuentra en el senado. Ya lo principales actores involucrados se han fijado su postura contraria a la ley. Muy seguramente la minuta tendrá cambios drásticos. No debemos dejar de advertir la presión que ejercieron un reducido grupo de personas (200 firmas) con el apoyo de medios impresos y personas reconocidas, quienes exigieron a los legisladores parar la ley y revisarla. En este sentido, el poder ciudadano ha sido subestimado e inexistente, allí están 200 presionando contra una ley, allí está Germán Dehesa con sus 35 mil firmas haciendo temblar al tranza de Arturo Montiel. Allí están los más de 15 mil poblanos exigiendo la destitución de su precioso gobernador. Aquí estamos todos nosotros para denunciar y exigir resultados a nuestros empleados públicos. Por lo pronto, me cansé de ser un mero espectador, y me uno a todos aquellos que ven a la sociedad como poder de cambio. ¡Ciudadanos despierten!


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