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La tensa calma y Oaxaca se Jodió…

“Oaxaca hoy es el síndrome de una terrible enfermedad llamada Ulises Ruíz.”
Inframundo Político 04/10/06


A México lo invade una precoz estabilidad, lo abraza un frágil orden y nuestros políticos se muestran complacidos por la singular calma que se respira. Aparentemente las cosas van caminando, en los hechos, nuestro Presidente ha recuperado un aceptable grado de legitimidad y la gobernabilidad se traduce en acuerdos. El dialogo, la negociación y la política profesional se imponen. El México de hoy es muy distinto al de ayer, cuando nuestro país estuvo a punto del colapso social.

Sin embargo, los asuntos pendientes siguen allí y no se ha hecho nada para resolverlos; la indignación se alimenta y el rencor se prolonga, se controla y espera pacientemente el momento adecuado para volver a estallar. Los focos rojos se han disminuido -que no erradicado- y siguen latentes en un peligroso sueño aguardando la pesadilla. Para muestra un botón: ¿Qué paso con Oaxaca?

Después de casi un año de profundo conflicto social y político, en el Estado las cosas no cambiaron: Se mantuvo el status quo priísta, se encarceló a los rebeldes, se reprimió a los necios y se negoció con los corruptos. Se compraron voluntades y se negociaron apoyos. Todo a cambio de poco. Negociaciones absurdas y humillantes para Oaxaca, para los ciudadanos, para los oaxaqueños de a pie que no obtuvieron nada positivo del conflicto, sino todo lo contrario.

Después de 10 meses de conflicto Oaxaca sigue igual. Con hambre de justicia y sumergida en la desigualdad. Continúa siendo la entidad más pobre del país, con los niveles educativos más bajos; representando un jugoso botín para los poderosos. Oaxaca no cambio y se jodió. El Virrey, Ulises Ruíz, continúa en su trono y campantemente hace de las suyas. Gasta millonarios recursos en Televisa para reposicionar su imagen en el país, alegremente afirma que no pasó nada y que en Oaxaca hoy se respira un ambiente de paz y cordialidad. Nuevamente maneja sus piezas y utiliza a la represión cómo su principal herramienta de unidad. Maneja los recursos discrecionalmente para menguar los ánimos de sus adversarios y gasta su escaso, pero imprescindible, capital político para cerrar frentes.

El arribo de la PFP al Estado y la captura de los dirigentes de la APPO acabaron con el movimiento y, contrariamente a lo afirmado por Carlos Abascal (Secretario de gobernación durante el operativo federal), reposicionó al Gobernador y sirvió de “espaldarazo” para el cacique. Ahora el Gobernador fantasma poco a poco se revitaliza y la posibilidad de su salida es nula. Ulises se quedó y Oaxaca se Jodió. Es así de simple.

El conflicto político ha finalizado, pero el malestar continúa y la enfermedad se agudiza. Los problemas de Oaxaca guardan una lógica social propia y ya hace ocho meses lo afirmaba: “No podemos dejar de advertir que en la punta de la pirámide existe un profundo reclamo social y una lastimera opacidad de todos y cada uno de sus gobernantes”. Después de 26 muertos, violencia extrema, millones de pesos en pérdidas, recomendaciones internacionales y locales señalando innumerables arbitrariedades y violaciones a los derechos humanos, asegurando la actuación de paramilitares en el movimiento, nada se ha hecho, en Oaxaca nada está resuelto. Nuestros políticos, como casi siempre sucede, le han apostado a la desmemoria, en lugar de resolver sólo han pactado, en vez de castigar han ocultado. Se ha inclinado la balanza de un sólo lado; logrando una pronta pero engañosa sumisión; las acciones emprendidas durmieron al gigante; pero sigue allí, amenazante, temible y listo ha despertar.

Brújula Ciudadana

Hace varios meses consideré que la solución en Oaxaca pasaba por tres momentos: Primero, la negociación con la sección 22 del magisterio oaxaqueño y así se hizo; segundo, el combate frontal con la APPO y la desarticulación de su movimiento, también se logró; sin embargo, el tercer momento no ha llegado y allí radica el problema. En aquella columna señalaba: “cualquiera de los dos momentos anteriores, tendrá que pasar irremediablemente por la renuncia o salida del remedo de gobernador que tienen los oaxaqueños. Mal resultado, para Oaxaca y sus habitantes, sería que este lamentable baño de sangre sólo termine con la reinstalación de Ulises Ruiz” y así sucedió, muy mal resultado para Oaxaca y para todos nosotros.

 
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