En Zongolica, huele a gato encerrado…
La muerte de una mujer indígena en la Sierra
de Zongolica del Estado de Veracruz se ha convertido en guerra
de declaraciones contradictorias, erróneas y confusas. La delgada
línea entre la justicia y la impunidad parece desvanecerse; la
mentira y la confusión se convierten en el día a día de las autoridades
encargadas de esclarecer dicho crimen.
Un espiral político crece y pervierte la verdad de los hechos;
una presunta violación tumultuaría llevada a cabo por elementos
del Ejercito mexicano parece encubrirse. Muchas autoridades están
inmiscuidas en el asunto, pues lo qué se juega no es menor, nada
más y nada menos que la credibilidad de aquella institución que
ha servido de apoyo y fortaleza a Felipe Calderón.
El pasado 26 de febrero falleció la señora Ernestina Ascensión
Rosario –indígena de 73 años que vivía en la Sierra de Zongolica-
el primer reporte de las autoridades, de la Procuraduría de Justicia
Veracruzana, señaló una presunta violación tumultuaria por parte
de militares. Argumentó que semanas después fue desmentido por
la CNDH que dirige José Luis Soberanes, al declarar que la señora
Ernestina Ascensión murió a causa de una gastritis severa.
Lo cierto del asunto es que existen dos versiones abismalmente
distintas y contradictorias, sobre lo sucedido. La primera que
señala directamente a miembros de la milicia como los responsables
del atroz crimen perpetrado contra doña Ernestina y a decir de
los testigos, ente ellos la hija de la fallecida, María, declaró
que su madre le contó antes de morir que “los soldados se le habían
echado encima”. De acuerdo con el examen externo realizado la
mañana del 26 de febrero, la procuraduría estatal estableció que
la cabeza tenía un moretón en la región frontal derecha, el cuello
fractura de cervicales, en la región genital se encontró líquido
seminal en abundancia, lesión roja en la piel y desgarre, mientras
en el recto había sangre con múltiples desgarres.
Si embargo, la segunda versión de lo acontecido, la contada por
la CNDH, absuelve de total culpabilidad al ejército. Dicho organismo
aclaró que aun cuando la cabeza presentó equimosis en la región
frontal derecha, los huesos de la bóveda y la base del cráneo
no sufrieron fracturas o traumas, y en genitales y recto no había
las alteraciones referidas. En pocas palabras, que no hallaron
restos de líquido seminal en el cuerpo de la fallecida.
Declaración que contrasta fuertemente con dos comunicados enviados
por la SEDENA en los días anteriores a la muerte; el primero,
el 019 del 6 de marzo (que luego sufrió alteraciones en su contenido)
anuncia que especialistas llevaron acabo un dictamen pericial
que “consiste en comparar el líquido seminal recogido de la hoy
occisa”; entonces ¿hubo o no hubo restos de líquido seminal en
el cuerpo de la mujer? El segundo comunicado, el 020, fechado
al día siguiente, señala que se tomaron muestras “hemáticas” a
todo el personal de la región militar que opera en la Sierra de
Zongolica, “junto con la muestra de semen obtenida del cuerpo”
para su análisis en la ciudad de México.
Y otra vez, entonces ¿hubo o no hubo violación? Según lo estudiado
por la Comisión Nacional de Derechos Humanos no; pero los anteriores
comunicados señalan que la misma SEDENA obtuvo líquido seminal
del cuerpo de la señora Ernestina para ser estudiado y compararlo
con el semen de sus soldados.
Y las contradicciones no terminan allí, 3 días antes (13 de marzo)
de que la opinión pública estuviera enterada de los resultados
de la CNDH, el Presidente Felipe Calderón declaró al diario la
Jornada que la señora murió a causa de una ulcera gástrica, es
decir, una gastritis mal tratada. Ya para el 16 de Marzo, José
Luis Soberanes afirma que el deceso se debió a causas naturales.
Sin embargo, el 28 de marzo, Fidel Herrera gobernador de Veracruz,
afirma que la causa de muerte “fue atribuida a una violación presuntamente
cometida por un grupo de soldados”, un día después, el coronel
José Soberanes informa, extraoficialmente, al gobernador Herrera
que, desde el 28 de febrero, había acuartelado a los presuntos
responsables de la supuesta agresión a la indígena.
¡Otra vez! ¿hubo o no hubo violación? Sí no fue así, ¿entonces
cómo es que había líquido seminal en el cuerpo de la mujer? Y
sí la hubo, ¿Por qué se está protegiendo a los soldados implicados?
¿Por qué el Presidente sabía de los resultados de la pesquisa
de la CNDH antes que se dieran a conocer a la opinión pública?
¿A quién se está protegiendo? En Zongolica huele a gato encerrado.
Brújula Ciudadana
La contradicción, la mentira y la impunidad
con que se ha manejado la muerte de la señora Ernestina Ascensión
deben de preocuparnos a todos. Todo gobierno que se dice democrático,
tiene la obligación de velar por la verdad y la impartición de
justicia. En un México en donde el Ejercito se ha convertido en
el brazo de poder y estabilidad del Ejecutivo, cualquier daño
a su honorabilidad sería dañino. Sin embargo, menos honorable
y más brutal resulta, para todos los mexicanos, que se encubra
una presunta violación de una anciana que pastoreaba sus ovejas.
Por la credibilidad de las instituciones inmiscuidas en el asunto,
y el deseo de verdad y justicia el crimen debe de ser aclarado.
¿Qué paso con doña Ernestina?
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