¿Y después de la despenalización
qué?
Media semana señores y la democracia mexicana
avanza. Cuando ustedes lean esto queridos lectores, estará aprobada
la despenalización del aborto en el Distrito Federal, y no sólo
por mayoría simple, sino por una aplastante mayoría calificada.
Por lo menos 42 diputados (de 66) abran ejercido su voto a favor
de los derechos y la libertad de la mujer.
El aborto es un tema muy complejo, con muchas aristas, es un asunto
ético, moral, religioso, científico, de valores, de conciencia,
pero sobre todo es un problema de salud pública; (En el Distrito
Federal se practican alrededor de 25 mil abortos clandestinos
anualmente) es por ello que el Estado debe de intervenir y legislar
al respecto. Enhorabuena por los legisladores que se aventuraron
a debatir y decidir. Se avanzó, nuestro país se moderniza y da
un paso adelante hacia la consolidación.
Se escucharon todas las voces, los diferentes puntos de vista
y ganó la mayoría. Finalmente esto es la democracia, y no se trata
de aplastar a las minorías ni de la dictadura de las mayorías,
sino de utilizar todos los instrumento legales para convencer
a los otros, para librar nuestras diferencias; desenvainar la
espada, debatir y administrar los desacuerdos, esto es democracia.
Por ello no me pareció inapropiada la injerencia de la iglesia
en el debate, cómo toda institución mexicana tenía todo el derecho
de establecer su punto de vista, de intervenir, incluso de cabildear
para que la despenalización no se aprobará; así como los diferentes
organismo no gubernamentales como pro-vida estaban también en
su derecho.
En lo que sí no concuerdo es en la algidez de los argumentos,
en lo ríspido de las ideas, en la intolerancia y la violencia
como instrumento para el dialogo. El azuzamiento, el miedo y la
falsedad de información como herramienta en el debate. La polarización
como consecuencia del intercambio. La Iglesia jugó su papel pero
cayó en la intolerancia. Y aún con amenaza de “excomunión” la
ley avanzó. El Presidente Calderón también hizo lo suyo, y ante
un dilema ético en el que se trasponía su ideología y su papel
como jefe del ejecutivo, decidió mantenerse al margen y respetar
la laicidad del Estado. Y (con excepción de la declaración de
su esposa) se mostró libertario, aún cuando sus principios le
aconsejaban lo contrario.
Pero la prueba para Calderón no termina, ni tampoco el debate
sobre la despenalización del aborto, el camino que seguirá la
ley todavía será trabajoso. Viene la acción de inconstitucionalidad
por parte de la Suprema Corte de Justicia, en donde el Presidente
puede actuar y armar una estrategia para evitar la aprobación
de la ley, a través de la PGR. Otra vez Calderón se enfrentará
a una disyuntiva difícil entre incentivar la acción de controversia
constitucional y buscar parar la despenalización ó, simplemente
aceptar la decisión de un órgano autónomo, independiente y legalmente
facultado para legislar. Lo veremos pronto, de cualquier forma
se antoja muy difícil que la despenalización se atore en la SCJN.
Finalmente la despenalización es una realidad y ahora las preguntas
sobre su factibilidad y aplicación se dibujan de manera evidente:
¿Se dotará a todos los hospitales capitalinos con recursos necesarios
para enfrentar la demanda abortiva? ¿De dónde vendrán esos recursos?
¿Tiene el Gobierno Capitalino la capacidad para enfrentar un aumento
en la demanda del aborto? ¿Se legislará sobre el tipo de médicos
que deben implementar el aborto? Es más ¿Habrá sanción para aquél
médico que se niegue a una acción abortiva o se permitirá la libertad
entre los galenos? ¿El IMSS y la SS federal le van a entrar a
la regulación? ¿Se implementará una campaña feroz sobre educación
sexual en las escuelas? Muchas preguntas que se tendrán que ir
contestando. Hemos dado el primer paso, para correr nos falta
un buen trecho.
Brújula Ciudadana
Lo más valioso del asunto es que en nuestro
país se están ventilando, discutiendo y tomando decisiones sobre
cuestiones de tercera generación. Nuestra democracia avanza en
algunos aspectos y se estanca en otros. La posibilidad del debate
debe de entusiasmarnos y estos peligrosos vestigios de fanatismo
e intolerancia deben de evitarse. La Democracia no debe de ser
solamente un bien socialmente aceptable en lo público y escurridizo
en lo privado. En temas como el aborto se demuestra la calidad
de los ciudadanos que aspiran a un mejor gobierno. Se trata de
saber ganar y también de saber perder; de enfrentar nuestras ideas
y de dirimir legalmente nuestras diferencias. La violencia no
puede aparecer.
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