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Día del Trabajo: ¿Nueva Etapa?

“Ese formato debe cambiar, queremos que la figura principal de la celebración sea el trabajador y no el Presidente”.
Felipe Calderón Hinojosa


Plausible el anuncio del Presidente Felipe Calderón de ya no encabezar la celebración del día del trabajo, el mismo afirmó: “Ese formato debe cambiar, queremos que la figura principal de la celebración sea el trabajador y no el Presidente”. Pareciera que el Gobierno Federal da un paso adelante hacia la consecución de una nueva relación con los trabajadores, que finalmente se hace a un lado y permite que el día del trabajo recupere su carácter fundacional cómo un momento de reflexión, análisis y oportunidad de exigir cambios y mejoras para las condiciones de los obreros.

Pero yo te pregunto lector, lectora queridos ¿Está acción basta para recuperar el sentido del día del trabajo? ¿Es suficiente para revindicar los derechos del trabajador y vigilancia de los mismos?
El origen de la celebración del día del trabajo se remonta al festejo por la memoria de los “mártires de Chicago”, obreros valientes que murieron ejecutados por exigir el respeto a sus derechos básicos, cómo jornadas de trabajo de ocho horas y condiciones laborales humanas.

En México la celebración se desvirtuó y se convirtió en una especie de homenaje y pleitesía hacia el Presidente, primero en 1913 la Casa del Obrero Mundial organizó la primera gran movilización logrando juntar a más de 20 mil obreros, para exigir mejoras en sus condiciones laborales e instrumentos para defenderse de la desigualdad laboral, es decir, surge precisamente como un movimiento de naturaleza independiente y para defender al obrero; sin embargo, el gusto no duro mucho y poco tiempo después se mexicanizó la conmemoración del trabajo.

Para 1925 el ex Presidente Plutarco Elías Calles es invitado por la CROM como autoridad de honor y a partir de ese momento, el día del trabajo se convirtió en el día del Presidente, en un momento propició para homenajear al “Primer Obrero de la Nación” (cómo fue nombrado el Presidente en turno) y un espacio para rendir sumisión y demostrar lealtad presidencial de parte de los Sindicatos y organizaciones gremiales. Fue la consolidación del corporativismo mexicano.

Últimamente los tiempos cambiaron y aunque los Presidentes habían mantenido el control sobre los líderes sindicales, no sucedió lo mismo sobre sus agremiados y éstos, a partir de los años 80, aprovecharon la hasta entonces ceremonia Presidencial para abuchear, reclamar y exigir al Presidente en turno mejoras laborales. Desde entonces el Ejecutivo plateó un cambio en las formas y modos de la ceremonia; Ernesto Zedillo en 1995 fue el primer Presidente que elaboró una conmemoración del día del trabajo a puerta cerrada, Vicente Fox intentó la continuación del rito presidencial el primer año de su gobierno pero el resultado fueron abrumadores alaridos y abucheos al unísono, un fiasco total; por lo que los años sucesivos se recobraron las ceremonias cerradas en los pinos. Ahora Calderón entiende muy bien los vientos de cambio y con una sola decisión termina con el ofensivo y ridículo rito Presidencial.

Pero esto no basta, todavía están pendientes las mejoras a las condiciones laborales -allí está pasta de Conchos como un vergonzoso ejemplo- es más, no sólo mejorar las condiciones, sino incentivar la creación de empleos, flexibilizar el sistema de acceso y despido de los trabajadores, protecciones sociales, en fin, muchas cosas que requieren irremediablemente un paso formidable: La democratización de los Sindicatos.

Estos aparatos de poder que habían funcionado como un instrumento de cooptación y control para el gobierno, y que ahora funcionan a la inversa, es decir, los Sindicatos tienen capturado y cooptado al gobierno. Ninguna reforma importante en el país pasará sin el visto bueno de los Sindicatos. Entonces señor Presidente, para mejorar las condiciones laborales tenemos que comenzar por abrir la puerta a la democracia en los Sindicatos. De lo que se trata querido lector es de acabar con el sindicalismo comanche, con la opacidad, la discrecionalidad, la corrupción y en general, con el charrísmo Sindical.

Brújula Ciudadana

La Procuraduría General de Justicia de Veracruz cerró la investigación del caso de Ernestina Ascencio y determinó que la mujer indígena murió por causas "fisiológicas y mecánicas" y no a consecuencia de una violación. Sin duda este es el final de una investigación plagada de errores, inconsistencias, contradicciones y mentiras. ¿Y que obtuvimos del proceso?

Simplemente la certeza de que las instituciones en nuestro país no caminan como debieran, y hacen cualquier cosa menos velar por la verdad y la justicia; la convicción de que en esta historia alguien mintió, ocultó y elaboró una perversa historia con fines políticos. Al final del día la confianza y legitimidad de los inmiscuidos quedó severamente dañada; y mi pregunta sigue siendo la misma: querido lector ¿usted tiene la certeza de cómo murió doña Ernestina? Yo tampoco.

 
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