Acción Nacional: Ente la lucha
y el precipicio
Para nadie resulta un secreto que dentro del
PAN se desarrolla una lucha intestina por el control del partido
y por el acceso al poder, y no es raro que resulté así, en toda
institución política existen grupos que pelean por mejores condiciones
para obtener cuotas de poder; sin embargo, lo peligroso del asunto
es que se ha ventilado públicamente esta lucha y además, pareciera
que los panistas se están perdiendo en la beligerancia y descuidando
frentes más importantes.
Desde Yucatán y la abrupta salida de Ana Rosa Payán hasta el activismo
desenfrenado de Vicente Fox, pasando por las torpezas y declaraciones
de Manuel Espino encontramos rasgos distintivos del enfrentamiento.
Un fenómeno común que ha desencadenado otro más peligroso: El
síndrome del mal alpinista lo he nombrado, y se refiere a la incapacidad
de las elites políticas –en este caso los lideres de Acción Nacional-
de mantener el control y la cordura cuando se accede a la cima,
en lugar de una detentación responsable y prudente del poder se
manifiesta una ambición desmedida y falta de inteligencia para
administrar los nuevos recursos.
En el interior del Partido de gesta una feroz lucha interna por
el control de la institución, dos grandes grupos se enfrentan
en una lucha por el poder. Dos Presidentes -el del país y el del
partido- se han enfrascado, con toda su infantería, en un peligroso
duelo que amenaza con el rompimiento.
La operación partido está en marcha, panistas doctrinarios (Felipe
Calderón) y yunquistas (Manuel Espino) emplean sus baterías a
fondo de cara a la renovación de los consejeros, quieren controlar
el Consejo Nacional y de paso al partido. En la primera etapa
de la selección de consejeros Calderón arrasó por proporción de
3 a 1, pero luego, cuando llegó el turno de los Estados más conservadores,
Espino repuntó en la batalla.
El balance es un empate y todavía nadie puede declararse victorioso;
la lucha es crucial porque lo que se juega es muy valioso, nada
más y nada menos la postulación del próximo dirigente de Acción
Nacional y por lo tanto, la posibilidad de dirigir al Partido
a una sana cercanía con el Presidente o continuar por la línea
de golpeo que mantiene Manuel Espino.
Ya con sus cuentas hechas y al percatarse de que todavía podía
ganar la batalla, Espino reconfiguró la contraofensiva y desde
Europa lanzó duros golpes al Presidente. Utilizando a Vicente
Fox de infantería se aferra por el control del consejo nacional.
Y entonces, Fox motando a caballo se autonombra el nuevo “paladín
de la democracia” en América Latina; despotrica contra Hugo Chávez
y su gobierno “autoritario, demagogo y dictatorial” y desequilibra
los intentos para restablecer las relaciones diplomáticas con
Venezuela.
Manuel Espino ha encontrado en Vicente Fox una suerte de caricaturesco
Quijote, que en su afán por alcanzar la presidencia de la Internacional
Demócrata Cristiana, se ha convertido en un útil y obediente soldado
que arremete contra Felipe Calderón cuando su titiritero lo ordena.
Cada vez más en el partido aparecen signos de esta batalla. Las
fibras éticas de sus integrantes se han debilitado. El poder los
ha convertido en mediocres escaladores promedio. Vestigios de
corrupción y crimen aparecen en medio del campo de batalla, pero
lo más importante del asunto es que están dejando de lado otras
cruzadas importantes.
Se les fue el tema del aborto, issue importante para el panismo
tradicional, porque no supieron organizar una estrategia efectiva
para evitar su despenalización; y en 20 días se define Yucatán,
Estado en el que el PAN debió ganar por amplio margen, y ahora
el PRI está a sólo dos puntos porcentuales y, aunque finalmente
el PAN se alce con la victoria habrá perdido un importante segmento
de su voto. Sí los panistas se mantienen en la línea de confrontación
estará más cerca del precipicio que de la victoria.
Brújula Ciudadana
Hoy (3 de Mayo) se celebra el día internacional
de la libertad de expresión, algo así como el día del periodista,
pero no hay mucho que festejar: 150 periodistas fueron asesinados
en todo el planeta durante 2006, 17 de ellos en América Latina,
siete en México. Y los asesinatos continúan. Qué alguien le diga
al crimen organizado que la libertad de expresión es real, o por
lo menos, debiera serlo.
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