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PRD: Entre el poder y la falta de institucionalidad

“Así como el partido no puede ser secuestrado por corriente alguna, tampoco puede ser el partido de un sólo hombre”
Guadalupe Acosta Naranjo (Secretario General del PRD)

18 años han trascurrido desde la fundación del Partido de la Revolución Democrática; instituto político que nació de una inmensa aglutinación de diferentes fuerzas y organizaciones políticas después del fraude del 88. De la mano de Cuahutemoc Cárdenas y a lo largo de estos años, el partido ha ido labrando un complicado camino para la democratización del país; sin duda, sin la valiosa aportación del PRD no se podría entender el estado actual del sistema mexicano. Un actor joven y protagonista en el entramado institucional de nuestro país.

Pareciera entonces que el más grande partido de la izquierda mexicana alcanza la madurez, deja atrás la adolescencia y festeja su entrada a la edad adulta. Una mirada superficial puede corroborar el argumento. Sin embargo -en los hechos y en la práctica- el Partido de la Revolución Democrática atraviesa una severa crisis de identidad; y aunque ha logrado triunfos importantes que se traducen en mejores espacios de poder real y mayor nivel de influencia en la política; el Partido transita por el camino de la contradicción y se muestra preso a los vaivenes de líderes anti-democráticos que contrarrestan su esencia fundacional.

El Perredismo de hoy es muy distinto al de ayer. Esta institución política nació con el apoyo de un gran impulso reformador, cómo una maquinaria democrática que buscaba promover el cambio en nuestro país; después de un monumental fraude electoral, las distintas fuerzas de izquierda en México, se decidieron por la vía institucional para la consecución del poder político y se olvidaron de las calles y de la violencia. Hoy, a 18 años de distancia, el PRD muestra una cara distinta, menos democrática y más autoritaria. No ha podido deshacerse de sus vestigios priístas y, contrario a sus orígenes, se muestra fuerte en lo electoral y muy débil en lo institucional. El PRD: un partido de cuerpo musculoso pero de cabeza vacía.

El perredismo encierra una paradoja, gobierna en seis entidades del país, es la segunda fuerza en la cámara de diputados y la tercera en el Senado; posee cientos de diputaciones locales y Ayuntamientos; pero el la práctica ha sido relegado de los acuerdos. La segunda fuerza política del país paradójicamente no sabe conciliar, negociar ni accede a ningún acuerdo. El PRD transita sobre la contradicción: entre las calles y las instituciones; con un mañoso discurso, con una doble moral que lo mantiene en el filo institucional; más cerca del precipicio que del éxito político.

Y todo a causa de su izquierda caudillista, está imperante necesidad de seguir al “iluminado”, este síntoma del “Gran Hermano”, estos vacíos institucionales que cubren los Big Brtothers; está estúpida incapacidad de autocrítica, de reflexión, análisis y de cambio. Primero Cárdenas y sus tres fallidas candidaturas presidenciales, luego el Sr. López y sus maquiavélicos complots; y muy seguramente vendrán otros, distintos Mesías, singulares líderes carismáticos que construyen su fuerza con base en la popularidad y que utilizan al partido cómo un mal necesario para acceder al poder. Falsos guías que encuentran en el PRD y en el perredismo un campo fértil para el oportunismo. Llegarán, seguro llegarán.

Y mientras tanto el PRD se pierde en su lucha interna y, aunque hay ecos mediáticos de unidad, la verdad es muy distinta: Corrientes, grupos, élites de poder que se apoderan del partido, que apuestan por lo electoral y se olvidan de lo institucional. Poderes qué esperan el momento adecuado para el rompimiento, para culminar un sofisticado parricidio político. Y en el camino se pervierte al Partido de la Revolución Democrática.

¿Revolución y democracia? Yo no las encuentro en el PRD de hoy. Sólo observo fachosos pincelazos de un pragmatismo puro y llano. Desde Yucatán hasta Michoacán los amarres y las alianzas más inverosímiles son ahora posibles. Y al final: el PRD en la encrucijada, ante un peligroso vacío ideológico que contradice su naturaleza fundacional; un partido musculoso en la teoría pero débil en la práctica; una institución poco institucional que camina en la contradicción cerrando y apostando a las desmemoria.

Brújula Ciudadana

El empresario Carlos Ahumada Kurtz salió de prisión, ninguno de los cinco delitos por los que se le detuvo fueron comprobados. Después de 3 años en cautiverio no tenemos certeza alguna de lo que realmente sucedió; sin duda, los hechos apuntan a que Ahumada jugó la suerte de un chivo expiatoria más que de un delincuente en potencia; presos políticos se les nombra. Mientras que son peras o son manzanas, lo único cierto es la dudosa actuación de la justicia durante el mandato de AMLO. Y otra vez, Marcelo se desmarca.

 
 
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