Los Cárteles de la Democracia
La semana pasada asistí a un ciclo de conferencias
en la UNAM titulado Spots, ¿Logro o Fracaso del modelo electoral
mexicano? organizado por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias
en Ciencias y Humanidades de dicha universidad. De lo que se trataba
era de analizar el impacto de los spots televisivos en el electorado
y su relación con la calidad de nuestra joven democracia.
Las conclusiones fueron contundentes: Los spots influyen de manera
determinante en la conformación de las preferencias de los votantes,
tan es así, que los partidos y los políticos destinan millonarios
recursos PÚBLICOS para fabricar, promocionar y lanzar el más ingenioso
mensaje, a través de los medios electrónicos, en forma de spots.
Entonces, lector lectora queridos, la pregunta siguiente sería
¿Es valido gastar recursos millonarios en esta herramienta electoral?
Por supuesto que no; sobre todo cuando aquellos dineros provienen
de tú bolsa y de la mía, es dinero de todos los mexicanos, de
cada uno de los ciudadanos que con nuestros impuestos pagamos
al gobierno. Es más, ni siquiera para los partidos, mucho menos
para nuestra democracia; sería eficiente -por ya no decir honesto-
que se pagarán millones de pesos (aunque sean recursos privados)
para producir spots en los medios electrónicos y enviar un mensaje
de campaña. Aquí los únicos que ganan son los medios.
La calidad de una democracia no está directamente relacionada
con la cantidad de spots publicitarios en los medios, y sí acaso,
esta relación existe; es negativa. Porqué no mejor aplicamos la
experiencia Inglesa o francesa, pocos spots, más ideas, más propuestas
y debate. No digo que nos olvidemos de los medios como herramienta
electoral, pero sí que eliminemos está perversa ecuación que tanto
ha dañado a nuestra débil democracia: Dinero público, partidos
políticos cooptados y medios rapaces sólo han incentivado la construcción
de poderosos cárteles privados en beneficio de unos cuantos.
Bien lo señala mi queridísima maestra y amiga Denise Dresser:
“Partidos que son cárteles de la política y operan como tales.
Deciden quién participa en ella y quién no; deciden cuánto dinero
les toca y cómo reportarlo; deciden las reglas del juego...” (Reforma
21/05/07) Los partidos de la mano de las televisoras, constituyen
dos novedosos, perversos, y flagelantes cárteles de la democracia
mexicana. Cárteles económicos y políticos que, a través de un
convenio de facto, han impedido la competencia para resguardar
sus personalísimos intereses. Poderosas maquinarias que han fijado
“precios comunes” para repartirse la clientela electoral. Partidos
y medios: Una asociación monopolística cuyo objetivo es ganar
cuotas electorales, a través del control del acceso al poder y
a la publicidad. Un matrimonio peligroso que amenaza la consolidación
de nuestro sistema político.
Y el IFE alimenta el argumento. En la pasada elección Presidencial
los Partidos Políticos se gastaron más de 3 mil 500 millones de
pesos, el 80% de estos recursos -de nuestro dinero- fue destinado
a los medios electrónicos; el Instituto Federal Electoral fiscalizó
757 mil 545 spots publicitarios de los cuales 281 mil 26 no fueron
documentados. ¿Qué quiere decir esto? Nada más y nada menos que
el 37% de los spots que se utilizaron en la campaña presidencial
no tienen fundamento, es decir, que no se sabe quién los pago
y porqué se hicieron, de dónde viene ese dinero y porqué no se
reportaron, y muchas otras preguntas: ¿Por qué las televisoras
incluyeron propaganda gratis de los candidatos? ¿Sí así lo hicieron
a cambio de qué? ¿Hubo algún tipo de negociación con los partidos,
cómo la aprobación de la Ley Televisa?
Lo único cierto es que el IFE, a pesar de su exhaustiva búsqueda
y método de fiscalización (tiene más de dos millones de horas
de grabación), no ha sido capaz de asignar culpas, y lo único
que ha hecho es prometer que investigará el caso. Finalmente no
es culpa del instituto ya que no tiene dientes tan fuertes para
lanzar la mordida. Los que si tienen grandes colmillos son los
jugadores, Partidos y Medios tienen “la sartén por el mango”.
Sí los partidos entendieran su papel, se percatarían de que ganan
más fiscalizando y restando poder a las televisoras que solapando
y trabajando para los medios.
Por lo tanto, la gran lección de este lamentable episodio electoral
debiera ser que, en México, una democracia costosa y maniatada
a poderosos cárteles no es viable. Se debe de terminar con el
dispendio público y modificar las reglas electorales para dar
espacio a los tiempos oficiales y otorgar la facultad al IFE de
asignar tiempo y espacios publicitarios en los medios, sin millonarios
recursos de por medio. La única salida es el combate frontal a
los cárteles de la democracia.
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