Yucatán y los mitos electorales
¡Qué alguien me explique! porque yo no entiendo
nada ¿Qué pasó en Yucatán? Todos nos equivocamos, y he de aceptar,
lector y lectora queridos, qué me fui con la finta y me dejé llevar
por la borregada, ¡le hice caso a las encuestas pues!
Y es que nadie previó el resultado electoral del domingo pasado
en Yucatán. Pero aún más importante, de Yucatán se aprende mucho;
y el resultado final arroja por la borda viejos mitos, añejas
historias del comportamiento electoral y por fin se pondera al
ciudadano y se le ubica en el centro de las decisiones político-electorales
del país.
Primer mito caído: Las encuestas no son infalibles. Todas y cada
una de las casas encuestadoras erraron en el resultado, si bien
es cierto que algunas de ellas -las de mayor prestigio- atinaron
en darle una ligera ventaja a Ivonne Ortega, la ahora gobernadora
electa, lo cierto es que ninguna encuesta previó una escenario
tan holgado y una victoria priísta tan contundente. Es más, ninguna
casa encuestadora se atrevió a dar resultados de salida debido
a lo cerrado -según sus cifras- de la contienda electoral. Sólo
Mitofsky de Roy Campos, ya por las ocho de la noche del domingo,
salió a decir que Ortega aventajaba a Xavier Abreu por cuatro
puntos porcentuales.
Al final la priísta logró la victoria con apabullantes 7 puntos
de diferencia y, lo único cierto es que si bien las encuestas
son una buena herramienta electoral para prever escenarios, de
ninguna manera tienen la verdad absoluta. Al final del día, los
electores deciden su voto hasta el último momento o bien, esconden
su verdadera preferencia durante los levantamientos de cuestionarios.
Segundo mito que se va: La campañas negativas desincentivan la
participación de los votantes. Falsísimo señores; Yucatán fue
un réplica de la presidencial pasada, guerra sucia, campaña negativa,
descalificaciones personales, más ataques que ideas, mayor confrontación,
encono y conflicto que debate y propuestas. Finalmente votó el
70% de la gente, cifra histórica para nuestro país. Al votante
mexicano -cada vez más sofisticado- no le importan lo sucio de
las campañas, ya no se traga cualquier publicidad y contrariamente
a lo pensado, lo incentivan, lo animan y lo invitan a participar
para castigar a los candidatos rijosos y mentirosos.
Nuestros políticos deben percatarse de que los electores mexicanos
no somos estúpidos y sabemos distinguir entre los discursos y
las propuestas, independientemente de lo enlodado del terreno.
Bien por los yucatecos que dan muestra de sofisticación y conciencia
ciudadana.
Tercer mito: Elecciones de Estado. En el México moderno puedo
señalar contundentemente que se acabaron los poderes metaconstitucionales
del Presidente, pensar en que el actual Presidente puede con la
mano en la cintura y con unos cuantos acuerdos regalar una plaza
a la oposición o ceder una gubernatura es no pensar claramente,
es negar la democracia y sus avances; mencionar posibles “concertacesiones”
significa burlarse de los electores y suponer ciudadanos incapaces
de pensar, de actuar, de castigar y de premiar a sus políticos.
El Presidente todo poderoso que desde su despacho decidía los
resultados electorales ha desaparecido. Suponer lo contrario significa
no entender la naturaleza de nuestro actual sistema político.
En las democracias las elecciones se ganan con votos, y justamente
esto comienza a suceder en nuestro país: los electores decidimos.
Cuarto Mito: El PRI está destinado a la extinción. Medianamente
correcto; el viejo priísmo jurasico sin duda ya no tiene cabida
en nuestro sistema político, nuestra débil democracia ha dado
signos contundentes de rechazo al viejo corporativismo priísta;
sin embargo, el PRI que ganó en Yucatán es otro, uno muy distinto
(a pesar de los vestigios del antiguo Cerverismo yucateco) por
lo menos en apariencia y en imagen. Una candidata joven, fresca,
con buenas ideas y excelentes tablas políticas. No sólo logró
remontar una ventaja abismal en menos de dos meses, sino que al
final de la jornada aplastó a sus adversarios. Ahora tenemos a
un PRI envalentonado, listo y que parece organizarse bien bajo
la guía de una priísta astuta e inteligente: Beatriz Paredes opera,
construye y cumple el primer objetivo de su presidencia. Bajo
una cuidadosa selección de candidatos, más una correcta definición
ideológica, más una apertura democrática en el interior del partido,
tendremos una poderosa ecuación que podría permitir un nuevo oleaje
del PRI.
Así las cosas mis queridos amigos, Yucatán fue una elección atípica
que dejó muchas lecciones y derribó viejos mitos electorales.
Brújula Ciudadana
Para el PAN Yucatán significó un síntoma más
de su enfermedad: El síndrome del mal alpinista se hizo evidente
y está vez perdieron Yucatán. Los panistas (incluidos Espino y
Calderón) se han perdido en la lucha interna y han olvidado objetivos
comunes. La derrota fue la sumatoria de diferentes factores: Una
ruptura del panismo yucateco, un pésimo candidato, un mal gobierno
local, muy mal estrategia y campaña electoral y, finalmente, una
lucha de élites que los mantiene más cerca del precipicio que
del éxito político. Aunque no desesperen que esta lucha no será
para siempre, está a punto de terminar y, mientras tanto, suman
otra derrota.
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