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PRD: Entre la indefinición y la ruptura

Una oportunidad tras otra ha dejado ir el Partido de la Revolución Democrática, momentos fundamentales que se le escapan de las manos; instantes preciados y poco duraderos; tiempos de reflexión, de análisis y de autocrítica que se escabullen y se pierden bajo el poderío del Mesías, que se eclipsan frente a la supervisión del “todo poderoso”. El perredismo atrapado en el caudillaje, sumergido en una severa crisis y a punto de la ruptura.

Después del Décimo Congreso Nacional Extraordinario las cosas no cambiaron mucho. El Status Quo perredista se mantuvo casi inalterable, solamente se lograron pequeñas modificaciones que en el largo plazo podrían abonar al cambio de controles en el partido; cambios finos y enmiendas sutiles que sin duda cambiarán la configuración del poder al interior del PRD; pero en el agregado, poco se hizo para combatir la crisis que atraviesa el perredismo.

Dos cuestiones fundamentales se deberían discutir en este Congreso: ¿A qué tipo de oposición aspira convertirse el PRD? y ¿Qué demonios hacer con Andrés Manuel López Obrador?

Ambas interrogantes implicaban el planteamiento de cuestionamientos serios y profundos sobre el papel que a jugado el más grande partido de izquierda en México, desde el momento mismo de su derrota del año pasado. Se trataba de preguntarse y reflexionar sobre la actuación del perredismo y su inminente responsabilidad como segunda fuerza política del país. De sacudirse el mito del fraude electoral, de autocriticarse y analizar las causas que lo llevaron a la derrota; de abrirse a la cooperación y dar pie al entendimiento; de salir de las sombras y olvidarse del aislamiento.

En última instancia, lo que se debió buscar era la reorientación del PRD como un partido de izquierda moderna, plural y conciliadora; como una alternativa real de poder, que sabe sentarse a la mesa, dialogar y llegar a acuerdos; un partido que respeta las instituciones y se muestra dispuesto a atender el tablero y jugarlo. Que se crítica, se responsabiliza y actúa como un cuerpo colegiado y democrático.

Al final del día nada de esto sucedió y el PRD se quedó en la orilla, atrapado a los designios de su mesiánico líder y falso guía. Complaciente, poco valiente y falto de crítica. Sin capacidad para mirarse al espejo y reflexionar, el Partido se hunde en su crisis; cabizbajo y ensimismado, camina al son que el caudillo le marca y da pasos gustosos en el camino de la debacle electoral. Nueve elecciones ha tenido nuestro país desde el supuesto “fraude electoral” y ninguna ha sido para el PRD.

El Congreso perredista simplemente aplazó el cobró de facturas. Nueva izquierda ganó en la práctica y con su maquinaria logró cerrar la elección para la próxima renovación de su nuevo dirigente; precisamente este era el principal objetivo de los Chuchos: construir las reglas para luego hacerse del partido. Para lograrlo tuvieron que ceder y conciliar con los radicales, con la minoría.

AMLO y su equipo recibieron gustosos las prebendas, no sólo lograron la anulación del debate sobre su actuación y decisiones en la pasada contienda presidencial (Adios a la autocrítica), sino que lograron un posicionamiento político congruente a lo que venían haciendo: “Cero negociación”, no al dialogo con el Presidente y no a la Reforma Fiscal. Además, censuraron las alianzas como una posibilidad electoral, lograron olvidarse y relegar a la dinastía Cárdenas y, finalmente, consiguieron un mayor control sobre los gobernantes y legisladores del Partido.

En la balanza los Chuchos se adjudicaron una victoria parcial que en el largo plazo les permitirá tomar el control del partido; para ello convinieron ceder y negociaron con Andrés Manuel y su gente. En la práctica el equilibrio se mantuvo, pero un equilibrio poco estable y precario que amenaza con estallar y convertirse en la punta de lanza de una nueva fuerza política encabezada por el Sr. López y su cargada.

Probablemente un nuevo partido que busque el tiro de gracia para el PRD; y mantenga a Andrés Manuel atrapado en su laberinto y luchando contra su soledad.

Brújula Ciudadana

¿Y al final el PRD en la encrucijada, ante un peligroso vacío ideológico que contradice su naturaleza fundacional; un partido musculoso en la teoría pero débil en la práctica, una institución poco institucional que camina en la contradicción y apostando a la desmemoria.
 
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