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Reforma Electoral: ¿Y los ciudadanos?

Las semanas pasan y el ensordecedor barullo se impregna en las memorias con un fuerte golpe martillero que inquiere el desconcierto. Los días se agotan y con ellos la incertidumbre se robustece, la desconfianza se alimenta y la sed de venganza instaura su reinado. Estamos frente a una lucha de poder descomunal, en medio de una guerra de elites en la que los ciudadanos poco o nada tenemos por hacer.

Casi dos semanas de argumentos y contraposiciones que enredan, confunden y hacen compleja la realidad. Más de tres meses de negociaciones, de estira y afloje y de cabildeo constante por parte de los principales líderes de los Partidos Políticos. Un camino largo que termina su primera etapa y una primera batalla en la que la mayoría de los actores obtuvieron un beneficio, todos, a excepción de nosotros los ciudadanos.

Y al final del día se logró lo que parecía imposible: Un acuerdo conjunto entre PRI, PAN y PRD para aprobar la Reforma Electoral. Los partidos concertaron el final del imperio de los medios y su influencia en el poder y el ejercicio del mismo. Carlos Navarrete, Santiago Creel y Manlio Fabio Beltrones fueron los protagonistas de esta cruzada por la vuelta del control político y electoral en manos del Estado, específicamente, el retorno del poder electoral al seno de los partidos; y el colapso de los medios masivos de comunicación (Radio y Televisión) como hacedores de campañas y gobernantes.

Pero arriba de todos y de todo, sin lugar a dudas, se encuentra la aprobación y posible beneplácito del Presidente Felipe Calderón y de su antítesis Andrés Manuel López Obrador, sin el visto bueno de estos dos actores políticos la Reforma no hubiera sido posible. Cada uno desde su trinchera, entendió que la clase política en su conjunto ganaba más restándole poder a los medios que manteniendo la subordinación y obediencia a los caprichosos designios de “los grandes barones de la comunicación”.

Naturalmente la respuesta de los medios fue contundente; no escatimaron esfuerzos y lanzaron una contraofensiva mediática y de poder brutal contra los senadores y diputados que finalmente aprobaron la Reforma. El jueves de la semana pasada, fuimos testigos de un despliegue impresionante de fortaleza e intimidación por parte de concesionarios de televisión y radio. Entonces pudimos observar codo a codo a Joaquín López Doriga y Javier Alatorre argumentando contra la perversidad del congreso y su Reforma. Comunicadores haciendo de pequeños soldaditos que reciben órdenes para enfrentarse, con malos argumentos, a los usurpadores del poder.

Y es que esto es, justamente, lo que nos han venido contando. Dos historias diametralmente opuestas una de otra, dos versiones de lo ocurrido: Primero los Partidos autoproclamados como nuevos paladines de la democracia y grandes defensores de la república, que por fin se percataron del maquiavélico poder de los medios de comunicación y entonces decidieron unir fuerzas para devolverle el poder al pueblo y hacer más fuerte nuestra democracia. Segundo, los medios unidos contra lo que consideraban un atropello y una censura a la libertad de expresión, comunicadores pendientes y preocupados por la autonomía del IFE, por la posible erosión de nuestras instituciones y por un grave retroceso democrático que fraguaron los perversos políticos que sólo buscan su beneficio.

Sin embargo, lector y lectora queridos, la verdad es otra y una muy distinta. Lo que estamos viendo es simplemente una lucha burda por el dinero de las campañas, por el poder y el grado de influencia que significan poder transmitir mensajes políticos por televisión y radio. Es un batalla de los arriba, de los grandes empresarios contra la clase política, medios de comunicación abrumados y preocupados por el negocio multimillonario que están perdiendo; políticos desvergonzados que le quitan el poder a los medios pero no lo devuelven a los ciudadanos, sino que se lo reparten y lo aumentan para fortalecer su monopolio de acceso al poder.

Partidocracia vs Mediocracia en medio de una lucha intestina en la que lo único que importa son sus beneficios. Medios mentirosos tergiversando la información, ocultado y confundiendo sobre la reforma y sus alcances; partidos y políticos fachosos, cómplices, mentirosos y poco éticos amañando la Reforma y moldeando leyes a su antojo. Una guerra de y por el poder a la que no fuimos convocados y en la que poco importa la democracia.

Y en última instancia el ciudadano, está ficha de cambio siempre dispuesta a soportar y tolerar los agandalles de los de arriba, porque mientras sigamos pasivos, ausentes, perdidos y conformes tendremos a los políticos y a los medios que merecemos.

 
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