Marcelo: ¿De carnal a Presidente?
Marcelo Ebrard da muestras contundentes de querer
gobernar la ciudad y marca diferencias sustantivas con su predecesor;
con su padre político y principal mentor: Andrés Manuel López
Obrador.
Marcelo afina la espada y abona el camino de la diferencia, preparando
la consumación de un sofisticado parricidio político. Ebrard no
cae en trampas y define una contundente estrategia para llegar
a los pinos; una estrategia en dos bandas que lo va autodefiniendo
y marca su muy personal estilo de gobernar. Un estilo de zanahoria
y de garrote. Con una mano tiende puentes, convence, abre espacios
y mantiene entretenidos a sus ciudadano; y con la otra muestra
músculo, confronta, intimida, sanciona y golpea sobre la mesa.
Desde el comienzo de su gestión ha ido dibujando un camino con
un objetivo estricto: Crear el contexto adecuado para aspirar
a la Presidencia en 2012.
Primero se dejo sentir con una lucha brutal contra el crimen organizado
en el corazón de Tepito, atacó – ni más ni menos- la vena del
narcomenudeo urbano, expropiando predios como la Fortaleza del
barrio “bravo”. Con estas acción se hecho encima a un buen porcentaje
de la base electoral en zonas marginadas de la ciudad. El garrote
evidenció una política fuerte y contundente contra el crimen;
pero muy poco tardó en remendar los costos, vinieron las playas
públicas justo para esa clase social a la que había ofendido y
perjudicado con las expropiaciones. Llegó la calma.
Después su rígido e inoperante reglamento de transito vehicular.
Otra vez la mano firme que en ocasiones se tornaba dura para poner
orden y enviar el mensaje de que la casa estaba habitada y con
luces encendidas. Molestando a un mayor número de electores, a
la clase media; pero pronto llegó la zanahoria, la promoción de
las ciclopistas y de una cultura por uso de vehículos alternativos,
la estrategia ambientalista con todo y plebiscito, y el fin de
semana pasado arribaron los bólidos de la formula uno, para deleitar
a los ciudadanos al tiempo que olvidaban el reglamento. Llegó
la calma.
Y las expropiaciones continuaban, pero los apoyos y las prebendas
también, las becas para estudiantes destacados, los apoyos para
las familias con hijos discapacitados, dinero para estudiantes,
el subsidio de los adultos mayores; una nueva forma de clientelismo,
más novedosa, más ingeniosa, más popular, justamente de esto se
trata, de un extraño neopopulismo de izquierda que comienza a
cautivar a los habitantes del Distrito Federal. De una estrategia
doble, de pan y circo para olvidar los malos estragos del momento,
la mano dura del gobierno. Pistas de hielo y seguro de desempleo
para entretener, para divertir y para dejar de advertir en verdadero
motivo. Llegó la calma.
Marcelo Ebrard hace a un lado la popularidad y se declara listo
para la guerra; se hace sentir, se hace notar y quiere recuperar
su territorio. Ha emprendido una batalla crucial, la liberalización
del centro histórico puede ser su plataforma o su Apocalipsis,
todo dependerá de su estrategia y capacidad de negociación.
Hasta este momento la fortuna ha estado de su lado. Una buena
pero precaria e inestable negociación ha logrado la limpia total
de los ambulantes del primer cuadro de la ciudad de México. Prometió
sacar de las calles a los ambulantes y lo ha cumplido. Esta vez
sin mano dura, pero todo parece indicar que sí el equilibrio se
rompe no dudará en endurecer su perfil. Fuerza y garrote primero
que ya vendrán las zanahorias después. Por el momento este político
profesional ha logrado contener a los ambulantes ¿Llegará la calma?
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