De La Izquierda y Cosas Peores…
¡En la víspera del pasado 2 de julio del año
2006, en que sólo faltaban unas horas para que los mexicanos asistiéramos
a las urnas para la renovación de nuestro poder ejecutivo, las
cosas para Andrés Manuel López Obrador, su gente y el PRD –que
siempre fueron células distintas- marcaban un paso muy distinto
al de ahora.
El aire de unidad penetraba en los más profundos cimientos del
perredismo; los deseos de victoria se ensalzaban y los anhelos
de poder se dibujaban con esperanza. Los pinos eran una realidad
y estaban muy cerca gracias a una suerte de amalgama compleja
construida con base en carisma, popularidad, liderazgo y su pisca
de institucionalidad.
La madrugada de aquél ahora lejano dos de julio debió ser amarga
para los lopezobradoristas; aquél gélido despertar desquició sus
mentes y nubló sus ideas y como una espiral de división fue creciendo
hasta derramarse. Hoy, en las filas del perredismo no hay lugar
para todos.
Esa pisca de institucionalidad hoy demanda coherencia; ese doble
y mañoso discurso de las instituciones llegó a su punto final,
está doble moral de AMLO y sus seguidores ya no tiene espacios
ni voces institucionales, justamente ese es el dilema: Las calles
o las instituciones, el movimiento o el partido, el mesías o el
dirigente, el pueblo o los ciudadanos. Disyuntivas todas que podrían
complementarse, pero que las circunstancias actuales del más grande
partido de izquierda se mantiene como antagonismos irreconciliables.
El punto de quiebre ha llegado, sí el PRD quiere recuperar credibilidad
y confianza frente a la ciudadanía no debe de dar espacios a medias
tintas: O se está con las instituciones o se vive fuera de ellas,
con todo lo que ello implica. No debe de haber lugar a indecisiones
o desvaríos, el mesianismo tropical debe ser erradicado y el “al
diablo con las instituciones” enterrado en un baúl de doble cadena
como recuerdo de lo que nunca debió ser.
Jesús Ortega lo sabe y de mano de su Nueva Izquierda están decididos
a recuperar el terreno perdido; a hacerse de aquel espacio ciudadano,
de aquel apoyo electoral que Andrés Manuel y su gente dilapido
innecesariamente, por decir lo menos. Pero en el camino parece
que Ortega no tienen todas consigo, no pasa un solo día en que
la prensa se testigo incómodo de la gresca que mantiene los lopezobradoristas
y los de nueva izquierda; día con día amenazando con explotar
a la izquierda mexicana (o lo que queda de ella), intimidando
con el abandono partidista, un éxodo lento pero constante, pero
sobre todo mostrando músculo.
Andrés Manuel envía a sus soldados a hacer el trabajo sucio: Dicen
tener más de dos millones de seguidores registrados en el movimiento
de AMLO. Cierto o no, la amenaza es creíble y sus enemigos tiemblan
por los posibles efectos de su salida. Procuran el dialogo en
vez del rompimiento, la salida pactada en vez del azote de la
puerta. Porque no entienden que esa posición los llevó a donde
ahora se encuentran: en el más bajo nivel de aceptación desde
la génesis del perredismo. La zanahoria no ha funcionado, el dialogo
se dispersa y el perredismo se escapa de la historia. Es el momento
de tomar una decisión o se está o no se está, una vez decidido,
a recorrer un largo camino de reconstrucción y credibilidad con
miras al 2012; no se pierdan, el 2009 se fue sin haber estado
para la izquierda mexicana.
COSAS PEORES…
Lector y lectora queridos, no están para saberlo ni yo para contarlo
pero como es un asunto de nosotros les comentó que por trabajo
profesional y académico tengo una cercanía y afecto especial con
el ejército mexicano. Entiendo muy bien el desafío directo que
ha significado para nuestras Fuerzas Armadas la decapitación de
ocho de sus elementos el pasado fin de semana en Chilpancingo
Guerrero. Ya lo señalábamos en este mismo espacio hace 15 días,
“La lucha que hoy encaramos no fue una elección sino la única
alternativa; ante un Estado acorralado la única posibilidad es
una contraofensiva como vía para la recuperación del orden y la
seguridad interior”, es lo que nuestras fuerzas armadas están
liderando, pero no olvidemos que esta guerra es un asunto de todos.
Ya la respuesta ante la inminente narcoviolencia vino desde el
jefe supremo de las fuerzas armadas, el Presidente Felipe Calderón
anunció: “sabemos bien que estos cobardes asesinatos pretenden
amedrentar al Estado y la sociedad. Pretenden paralizar y detener
la acción del Estado mexicano en contra de la criminalidad (…)
consecuencias de la contundencia de los golpes que las Fuerzas
Armadas han dado a las organizaciones criminales… a la violencia
del crimen responderemos con toda la fuerza del Estado.” Ya sé,
suena a cliché, pero tiene razón: ¡Ni un paso atrás! !
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