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Escrituras De Frida Kahlo


Selección, proemio y notas de Raquel Tibol
Prólogo de Antonio Alatorre, México, Plaza y Janés, 2004, 474 p.
ISBN 970-05-1695-4

 

La escritura tiene el enorme don, y la enorme responsabilidad, de la permanencia. Otra cosa serían nuestros recados telefónicos y notas informales si supiéramos que detrás de nosotros viene un biógrafo oficioso que va a guardar hasta el trazo en servilleta más inocuo para darlo a conocer al mundo una vez que ya no nos contemos entre sus habitantes. Los volúmenes que reúnen correspondencia suelen ser, más que compendios de la sabiduría doméstica de los “grandes”, una oportunidad para lanzarse de clavado al cajón de ropa sucia de alguien más. Tal es el caso de esta antología, realizada cuidadosamente por la crítica de arte Raquel Tibol, que recoge hasta las notas de la tintorería de la pintora Frida Kahlo. Si bien entre su vasta obra pictórica existen ejemplos rescatables, y aún enormemente memorables, Frida ha sido aprovechada como estandarte de diversos “movimientos”: los que defienden “lo mexicano”, las feministas, los surrealistas (aunque, como se describe dentro de este libro, en una carta que escribió desde París, los odiaba), los minusválidos y cuanto grupo minoritario se quiera acumular esta semana. Sin embargo, como lo describe don Antonio Alatorre en un prólogo excelente en el que empieza por enfrentar el problema de si lo escrito por Frida es literatura o no, y para ello se cuestiona qué es la literatura y borda al respecto, lo valioso de estas escrituras (que consisten, básicamente, en cartas, apuntes y recados) es el uso que del lenguaje hizo la pintora, con toda su carga coloquial y aún vulgar, pues hace gala de muy variados registros lingüísticos para comunicarse con sus seres más queridos, para expresar su amor y, en más de una ocasión, su encono temible. Frida, pobrecita, no era muy simpática que digamos; sus razones tuvo; no obstante, su expresión escrita ayudará para hacérnosla muchísimo más amable.

 

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