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Historia De Un Niñito Bueno. Historia De Un Niñito Malo

Mark Twain
Ilustraciones de Ricardo Peláez, traducción de Una Pérez Ruiz, México, FCE, 2005, Clásicos, 42 p.
ISBN 968-16-7348-4
Parece un libro para niños. Es un álbum ilustrado, tiene letra grande, formato y tratamiento de libro para niños. Y, sorprendentemente, no lo es. O no exclusivamente, por lo menos. Mark Twain, cuya afinidad con la infancia y la autoría de novelas como Tom Sawyer o Huckleberry Finn le han valido ser catalogado mayoritariamente como interlocutor de los jóvenes lectores, tiene un sentido de la ironía tan sutil, que es capaz de construir textos con muchos niveles de significado. No sólo sabe observar su realidad y reírse de ella, sino que puede retratarla en toda su condición grotesca. Tal es el caso de este par de cuentos, en los que hace una gran parodia de los libros de catecismo (las “Vidas ejemplares” y demás engendros del tipo) en donde se retratan modelos de conducta, tanto los que son dignos de imitación, como los que deben evitarse si se quiere llevar vida de buen cristiano y, llegado el momento, acceder al cielo. Twain, entonces, ofrece su propia —y realista— versión: el niñito bueno es a tal grado bueno, que todo el mundo se aprovecha de él, y no se contenta con ser buenísimo, sino que es un predicador insoportable: está convencido de que el mundo será mejor con que él logre convencerlo de ello, así que no pierde oportunidad de predicar la conversión y la bondad, ganándose así el odio general y los consecuentes zapes que éste acarrea. El niño malo, en cambio, es de una maldad integral: no respeta ni a su mamacita santa (que ni tan santa), y, por supuesto, medra en la vida hasta hacerse político. No hay necesidad de decir más, sólo agregar que la interpretación gráfica de Ricardo Peláez no sólo hace digno eco a la prosa del estadounidense, sino que hace más hondo el ya de por sí profundo humor contenido en este clásico “infantil”.

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