Andy Watson, Contador De Historias
Marcial Fernández
Prólogo de José de la Colina, México, Ficticia, 2005, Biblioteca
de Cuento “Anís del Mono” 22, 141 p.
ISBN 968-5382-38-7
Las piezas que conforman este volumen, pertenecientes
a ese género difícil y, sin embargo, tan de moda llamado minificción,
tienen dos características fundamentales: por un lado, se trata
de textos que, por su naturaleza misma, tienen como condición
primera la economía verbal y, por el otro, retoma elementos de
la tradición literaria y fantástica para reinventarles origen
y destino. Cuando se construye una historia en unas cuantas líneas,
es necesario ser hombre (o mujer, o quimera) de pocas palabras,
y eso lo único que tiene de común es el lugar. En un país en el
que el deporte nacional es el cantinfleo —esto es, decir poco
pero a la larga—, es admirable que existan plumas como la de Marcial
Fernández, comandante en jefe de una editorial y varios talleres
de cuento, y crítico taurino bajo el seudónimo de Pepe Malasombra,
que en unas cuantas decenas de palabras construye universos cuyo
principio y fin termina de dibujar el lector gracias a unos pocos
trazos que el narrador deja apenas sugeridos. Para habitar sus
historias, Fernández escoge personajes como Dante, Penélope, Dios
o los ángeles, que ya vienen con su cuento a medio contar, para
aprovechar lo que el lector conoce y espera de ellos y, como buen
fabulador e inventor de mundos, llevarlos por caminos totalmente
distintos, sorpresivos e irreverentes. Para muestra, esta prosaica
y certera “Sabiduría real”: “Al calzarle la zapatilla a la doncella,
el príncipe, lleno de gozo por su descubrimiento, llama a la guardia
real y la noticia se extiende por todo el reino: cae ladrona de
calabazas.” |